Investigando el misterio de Sirio

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¿Seres anfibios de la estrella Sirio visitaron la Tierra hace más de 5000 años y dejaron conocimientos astronómicos avanzados que aún posee una remota tribu africana llamada Dogon?.

Este asombroso alegato se llevó a cabo en 1976 por Robert Temple en su libro de “antiguos astronautas”, ”El Misterio de Sirio”. Un astrónomo, familiarizado con el sistema de Sirio, diría no, ya que la teoría astronómica descarta virtualmente la posibilidad de que Sirio sea una estrella padre adecuada para la vida o que pudiera tener planetas habitables. Pero la mayoría de los lectores de Robert Temple no conocen suficiente astronomía para juzgar el tema por sí mismos. Ninguno de ellos encontraría la pertinente información astronómica en el libro de Temple, la mayoría de la cual consiste en divagantes excursiones en la Egiptología. (Isaac Asimov ha sido citado por Temple diciendo que no encontró errores en el libro; pero Temple no conoce la razón de esto, de acuerdo con Asimov, ¡fue que había encontrado el libro demasiado incomprensible para leerlo!). Incluso la investigación Horizon de BBC-TV sobre antiguos astronautas (emitida como parte de las series de PBS “Nova” en los Estados Unidos), en la cual hicieron un excelente trabajo de demolición de las fantasías más radicales de Erich von Däniken, dejó el problema de Sirio sin problema debido a su extrema complejidad. Aún se necesita una respuesta, ya que las leyendas Dogon sobre una compañera de Sirio se afirman que tienen origen antes que ningún astrónomo terrestre pudiese tener constancia de la existencia de Sirio B, mucho menos su órbita de 50 años o su naturaleza de una diminuta y condensada estrella enana blanca, todo lo cual se alega que conocían los Dogon. ¿Por lo que, cuál es la verdad sobre los Dogon y Sirio?. ¿La información astronómica y antropológica omitida por Temple nos ayuda a resolver el más desconcertante de los casos de antiguos astronautas?.

Primero, permíteme recapitular la historia de Temple. En el centro del misterio están los Dogon gente que vive cerca de Bandiagara, unos 300 kilómetros al sur de Tombuctú, Mali, en el África Occidental. El conocimiento de sus costumbres y creencias proviene de los antropólogos franceses Marcel Griaule y Germaine Dieterlen, que trabajaron entre los Dogon desde 1931 a 1952. Entre 1946 y 1950 los jefes de la tribu Dogon revelaron a Griaule y Dieterlen los secretos más profundos de sus conocimientos de astronomía. Gran parte de esta tradición popular secreta es compleja y oscura, como suele suceder con las antiguas leyendas, pero destacan ciertos hechos específicos, particularmente lo que conciernen a la estrella Sirio, con la que su religión y cultura está profundamente entrelazada. En la información otorgada a los antropólogos franceses, los Dogon hicieron referencia a una pequeña y superdensa compañera de Sirio, hecha de una materia más pesada que ninguna otra de la Tierra, y moviéndose en una órbita elíptica de 50 años alrededor de su estrella padre. La enana blanca compañera de Sirio cuya resolución para su descripción no se llevó a cabo hasta 1862, cuando el óptico americano Alvan Graham Clark la apuntó mientras probaba un nuevo telescopio; la naturaleza superdensa de las enanas blancas no se descubrió hasta los años 20. Pero las tradiciones de Sirio de los Dogon tenían al menos siglos de antigüedad. ¿Cómo podemos encajar las extraordinarias concordancias entre las antiguas leyendas Dogon y los modernos hechos astronómicos?.

La respuesta de Temple, como expuso Erich von Däniken (¡por supuesto!), es que esto fue contado a los Dogon por visitantes extraterrestres. Una leyenda Dogon, similar a otros muchos cuentos de gente primitiva sobre visitantes del cielo, habla de una “arca” descendiendo al suelo entre un gran viento. Robert Temple interpreta esto como el aterrizaje de una nave propulsada por cohetes que traía seres de la estrella Sirio. De acuerdo con la leyenda Dogon, el descenso del arca trajo a la Tierra un ser anfibio, o un grupo de seres, conocidos como los Nommo. “Nommo es el nombre colectivo para el gran héroe de la cultura y fundador de la civilización que vino del sistema de Sirio para asentar una sociedad en la Tierra”, explica Temple en su libro. Los Nommo eran anfibios, presume, ya que el agua los mantendría fríos y absorberían la radiación de onda corta de la cálida estrella Sirio.

La mayor parte del libro de Temple es fiel al establecer que los Dogon comparten raíces comunes con la gente Mediterránea. Esto explica el lugar central ocupado por Sirio en las creencias Dogon, ya que los antiguos egipcios, en particular, estaban muy preocupados por Sirio, basando su calendario en su movimiento anual. ¿Pero existe alguna explicación para la aparente creencia de los Dogon sobre vida en el sistema de Sirio?.

Primero veamos lo que un astrónomo conoce sobre Sirio para ver si al menos teóricamente es plausible que una vida avanzada hubiese llegado a nuestra vecindad. Sirio A, la estrella más brillante del cielo nocturno vista desde la Tierra, tiene una masa de 2,35 veces la masa del Sol. Su compañera la enana blanca, Sirio B, tiene una masa de 0,99 soles. La teoría de la evolución estelar nos dice que la estrella más masiva se consume más rápidamente, por tanto la original Sirio B debe haber sido la más masiva de las dos, antes de consumirse y convertirse en una enana blanca. Probablemente Sirio B derramó algo de su gas sobre Sirio A durante su proceso de envejecimiento, por lo que las masa originales de las dos estrellas serían aproximadamente el inverso de lo que vemos hoy día.

Una estrella con una masa del doble de la del Sol, como probablemente tenía Sirio B, puede vivir durante no más de 1000 millones de años antes de hincharse formando una gigante roja; esto no parece suficiente para desarrollar vida avanzada. Pero tenía vida evolucionada, que habría desaparecido durante la fase de gigante roja de Sirio B, cuando cualquier planeta cercano habría sido chamuscado por el incremento en la salida de energía de la estrella, seguido de un temporal estelar de al menos 100 000 años con chorros de gas de Sirio B a Sirio A. Durante esta transferencia de masa las dos estrellas se habría separado, desestabilizando por lo tanto las órbitas de los planetas del sistema. De acuerdo con las observaciones de Sirio B analizadas por H. L. Shipman de la Universidad de Delaware, Sirio B ha sido una enana blanca que se ha ido enfriando durante al menos 30 millones de años. Sirio B ahora emite débiles rayos X, por lo que la vida en la región de Sirio no sería muy agradable hoy. Pero en cualquier caso, Robert S. Harrington de Observatorio Naval de los Estados Unidos ha mostrado recientemente que las órbitas planetarias en la zona “habitable” alrededor de Sirio, definida como la región en la que el agua podría ser líquida, es inestable. Por tanto es improbable tener hoy seres anfibios viviendo en otros planetas del sistema de Sirio, si en efecto alguno de esos seres vivió alguna vez allí.

Temple ofrece una predicción que permite una comprobación de su teoría. En su libro dice: “¿Qué pasaría si esto se comprueba mediante detección en nuestros radiotelescopios de comunicaciones de radio locales?”. Para ayudarme en mi investigación sobre el misterio de Sirio, pedí a los radioastrónomos Paul Feldman en el observatorio de radio de Algonquin, Canadá, y Robert S. Dixon del observatorio de radio de la Universidad de Ohio State, que están llevando a cabo búsquedas de señales extraterrestres, que escuchasen a Sirio. Normalmente no le habrían prestado atención a la estrella, debido a la extremadamente escasa posibilidad de contener vida. En abril de 1977 ambos radioastrónomos escucharon a Sirio en diferentes longitudes de onda, sin detectar ninguna señal artificial.

Con esta información en mente, vamos a echar un vistazo más escéptico a la leyenda de los Dogon. Inmediatamente encontramos una sorpresa: los Dogon mantienen que Sirio tiene dos compañeras, no una. Estas compañeras tienen atributos masculinos y femeninos, respectivamente. Parece que no se interpretan literalmente como estrellas, sino como símbolos de fertilidad. En ningún lugar se muestra esto mejor que en un diagrama de arena Dogon del sistema completo de Sirio, mostrada en la imagen de este artículo tomada de un artículo de Griaule y Dieterlen. Su descripción, dada en el pie de foto a partir de información de Griaule y Dieterlen, es claramente simbólica; Temple escoge interpretarla literalmente. En las páginas 23 y 25 de su libro da su propia versión modificada de este diagrama, conservando el símbolo de Sirio, una de las posiciones de Sirio B, y el óvalo que lo rodea; todo lo demás es omitido. Entonces interpreta que el óvalo de alrededor viene a representar “el huevo del mundo”, como la órbita elíptica de Sirio B alrededor de Sirio A, incluso aunque el símbolo equiparado con Sirio B está dibujado comos en el interior del óvalo, no sobre él. Esta es la base de Temple para decir que los Dogon “conocían” la órbita elíptica de Sirio B sobre Sirio A.

También se suponía que los Dogon conocían que Sirio B orbitaba cada 50 años. ¿Pero qué decían en realidad?. Griaule y Dieterlen lo expresan de la forma siguiente: “El periodo de la órbita se cuenta el doble, esto es, cien años, ya que los Siguis se unen en pares de “gemelos”, para insistir en el principio básico de la duplicidad”. La ceremonia Sigui se refiere a su ceremonia de la renovación del mundo que se celebra cada 60 años (no 50). Y la “duplicidad” se refiere aquí al importante concepto Dogon que explica por qué creen que Sirio debe tener dos compañeros.

¿Hay alguna prueba astronómica de que Sirio tenga más de una estrella compañera? Algunos astrónomos en los años 20 y 30 pensaron que habían vislumbrado un tercer miembro del sistema de Sirio, pero nuevas y más precisas observaciones realizadas en 1973 por Irving W. Lindenblad del Observatorio Naval de los Estados Unidos en Washington, D.C., demostraron que no había evidencias de una compañera cercana a Sirio A o Sirio B.

Toda la leyenda Dogon de Sirio y sus compañeras está plagada de ambigüedades, contradicciones y descarados errores, al menos su intentamos interpretarlos literalmente. Pero, ¿podemos hacer la afirmación de los Dogon de que Sirio B es la estrella más pesada y pequeña, formada por un pesado material conocido como sagala?. Sirio B era ciertamente la estrella más pequeña y pesada conocida en los años 20, cuando la naturaleza superdensa de las enanas blancas comenzaba a entenderse; el material del que están hechas las enanas blancas está en efecto comprimido más densamente que el metal. Ahora, sin embargo, se conocen cientos de enanas blancas, sin mencionar las estrellas de neutrones, que son mucho más pequeñas y densas. Cualquier hombre del espacio que nos visitara ciertamente habría conocidos estas, así como los agujeros negros.

Dibujo de arena de los Dogon del sistema de Sirio completo, tras Marcel Griaule y Germaine Dieterlen. A, Sirio; B, po tolo, el objeto equiparado con Sirio B, mostrado en dos posiciones; C, emme ya, el sol de la mujer, equiparado con Sirio C; D, los Nommo; E, el Yourougou, una figura mítica masculina destinada a perseguir a su gemelo femenino; F, la estrella de la mujer, un satélite de emma ya; G, el signo de la mujer; H, el sexo de la mujer, representado por una forma de matriz. Todo el sistema está encerrado por un óvalo, que representa el huevo del mundo.

Quizá se perdonaría a Temple su creencia de que los Dogon habían sido visitados por hombres de Sirio si su leyenda lo afirmase específicamente. ¡Pero no lo hace!. En ningún lugar de las 290 páginas de su libro Temple ofrece una afirmación específica de los Dogon para sostener su alegato de los antiguos astronautas. Lo mejor lo hace en la página 217, donde informa que los Dogon dicen: “Po tolo [Sirio B] y Sirio estaba en una ocasión donde el Sol está ahora“. De esta ambigua afirmación, Temple comenta: “Esta parece una buena forma de describir como llegaron a nuestro Sistema Solar del sistema de Sirio, y dejaron aquellas estrellas por nuestra estrella, el Sol”. Pero esto no puede conciliar el hecho de que todo el “misterio” de Sirio está basado en la propia hipótesis injustificada de Temple.

Las partes del conocimiento Dogon a pesar de que son antiguos y profundos, especialmente la historia de Nommo y el concepto de “gemelismo”, son las partes que guardan menos relación que con los hechos reales sobre Sirio. Las partes que tienen al menos un parecido superficial con los hechos astronómicos son en su mayor parte adornos añadidos durante este siglo. De hecho, en vista de la fijación de los Dogon con Sirio seguramente sería más sorprendente si no hubiesen injertado en sus leyendas algunos nuevos conceptos astronómicos obtenidos de los europeos, tomando lo que encajaba e ignorando el resto.

Carl Sagan ha subrayado lo fácilmente que la información obtenida de los Occidentales puede ser absorbida en la cultura nativa. Cuenta el caso real del físico Carleton Gajdusek en Nueva Guinea, donde lo llevó un colega científico que había encontrado que algunos nativos locales creían que cierta enfermedad se transmitía en la forma de un espíritu invisible que entraba por la piel del paciente. El informador nativo había esbozado con un palo en la arena un círculo fuera el cual, explicó, estaba la oscuridad, y que dentro del mismo estaba la luz. Dentro del círculo el informador dibujó una especie de garabato para representar la apariencia de este espíritu malévolo invisible. ¿Cómo tenían los nativos este sorprendente conocimiento de la transmisión de enfermedades por microbios?. Años antes, Gajdusek mismo había mostrado a los nativos la apariencia de un germen causante de enfermedades a través de su microscopio, y el dibujo de la arena era simplemente el recuerdo de los nativos de los rasgos más destacados.

Es demasiado fácil para los Occidentales pensar que las tribus africanas están aisladas, incultas e ignorantes. Pero los Dogon no están aislados. Viven cerca de una ruta comercial terrestre, y también cerca de las orillas del Río Níger, un importante canal de comercio. Un número de viajeros podría haber llegado entre ellos, o los hombres de la tribu Dogon podrían haber viajado por la costa, donde habrían encontrado marineros informados astronómicamente. Los Dogon han tenido contactos con los europeos desde al menos finales del siglo XIX.

No son incultos ni ignorantes. Peter y Roland Pesch del Observatorio Warner y Swasey en Ohio han apuntado que ha habido escuelas francesas en el área de los Dogon desde 1907. Los hombres de la tribu Dogon que deseaban educarse han sido capaces de hacerlo en ciudades cercanas. Allí había misioneros que naturalmente estarían interesados en las leyendas de los nativos. Misioneros de White Fathers contactaron con los Dogon en los años 20. Es tentador especular que ciertos detalles de los más específicos sobre Sirio B fueron añadidos en la ya existente leyenda de Sirio durante esta época, debido a que fue en los años 20 cuando los astrónomos descubrieron la verdadera naturaleza de Sirio B como una estrella diminuta y superdensa, y las enanas blancas estaban teniendo el mismo tipo de publicidad que los agujeros negros tienen hoy. Desgraciadamente, no existe mención alguna en los resúmenes de los informes de las actividades de los misioneros de que discutieran sobre Sirio con los Dogon; si se publicasen más notas, podríamos arrojar más luz sobre los orígenes y antigüedad de los mitos Dogon.

El caso es que hay una serie de canales a través de los que los Dogon podrían haber recibido conocimiento de Occidente mucho antes de la visita de Griaule y Dieterlen. Tal vez nunca seamos capaces de reconstruir la ruta exacta por la que los Dogon recibieron su conocimiento actual, pero más allá de la confusión una cosa está clara: no se lo contaron seres de la estrella Sirio.


Nota del Editor: Ver el ensayo de Asimov, “La Compañera Oscura”, en su Quasar, Quasar Burning Bright (Doubleday, 1978), en el cual dice que está avergonzado por su estupidez al no especificar que su comentario fue hecho solo “para deshacerme del él [Temple] y ser educado”, no para ser citado. “Te aseguro que no me pillarán otra vez de esta forma”. – K.F.

Referencias

· Harrington, R. S. 1977. Astronomical Journal, 82: 753.

· Lindenblad, I. W. 1973. Astronomical Journal, 78: 205.

· Pesch, P. and R. Pesch 1977. The Observatory, 97: 26.

· Ridpath, Ian 1978. Messages from the Stars. New York: Harper & Row.

· Shipman, H. L. 1976. Astrophysical Journal, 206: L67.

Autor: Ian Ridpath

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