Una de las paradojas de las recientes exploraciones en la superficie marciana es que cuanto más observamos el planeta, más parecido resulta a la Tierra, a pesar de una gran diferencia: las formas de vida complejas han existido durante miles de millones de años en la Tierra, mientras que Marte nunca vio una vida mayor que la de un microbio, si es que la tuvo.

Cuanto más exploramos Marte, más se parece a la Tierra. Crédito de la imagen: NASA

“La colinas redondeadas, los canales serpenteantes, deltas y abanicos aluviales son sorprendentemente familiares”, dice William E. Dietrich, profesor de Ciencias Planetarias y Terrestres en la Universidad de California, Berkeley. “Ésto provoca que nos preguntemos: ¿Podemos decir sólo desde la topología, y en ausencia de la obvia influencia humana, que la vida domina la Tierra? ¿Lo hace la materia viva?”.

En un artículo publicado en el ejemplar del 26 de Enero en la revista Nature, Dietrich y el estudiante licenciado J. Taylor Perron informaron, para su sorpresa, que no hay firmas distintivas de la vida en las características de la superficie de la Tierra.

“A pesar de la profunda influencia de la biota en los procesos de erosión y evolución del paisaje, sorprendentemente,…no hay características del terreno que puedan existir solo en presencia de vida y, por tanto, una Tierra abiótica probablemente presentaría unos paisajes bastante familiares”, dice Dietrich.

En cambio, Dietrich y Perron propusieron que la vida – cualquiera desde las plantas más pequeñas a los mayores animales – crean un sutil efecto sobre el terreno que no es obvio al observador ocasional: más de las “preciosas, colinas redondeadas” típicas de las áreas con vegetación de la Tierra, y menos afilados riscos rocosos.

“Las colinas redondeadas son la expresión más pura de la influencia de la vida en al geomorfología”, dice Dietrich. “Si pudiésemos andar por una Tierra en la que la vida fuese eliminada, seguiríamos viendo colinas redondeadas, empinadas montañas, serpenteantes ríos, etc., pero su frecuencia relativa sería diferente”.

Cuando un científico de NASA reconoció a Dietrich hace unos años que no había visto nada en el paisaje marciano que no tuviese un paralelismo en la Tierra, Dietrich comenzó a pensar sobre qué efectos tendría la vida en las características del terreno y si hay alguna distinción en la topografía de los planetas con vida, frente a los que no tienen.

“Una de las cosas menos conocidas de nuestro planeta es cómo la atmósfera, la litosfera y los océanos interactúan con la vida para crear las características del terreno”, dice Dietrich, un geomorfólogo que durante más de 33 años ha estudiado los procesos erosivos de la Tierra. “Una revisión de las recientes investigaciones en la historia de la Tierra nos llevan a sugerir que la vida puede haber contribuido fuertemente al desarrollo de las grandes ciclos glaciales, e incluso influenciar la evolución de las placas tectónicas”.

Uno de los principales efectos de la vida en el paisaje es la erosión, apunta Dietrich. La vegetación tiende a proteger a las colinas de la erosión: los corrimientos de tierra mayormente ocurren en las primeras lluvias posteriores a un incendio. Pero la vegetación también acelera la erosión rompiendo la roca en trozos más pequeños.

“Allí donde mires, la actividad biótica está provocando que los sedimentos caigan por la colina, y la mayor parte de estos sedimentos están creados por la vida”. “Las raíces de los árboles, los topos y los wombats cavan en la tierra y la levantan, rompiendo el lecho de roca subyacente y haciéndolo escombros que caen colina abajo”.

Dado que la forma del terreno en muchas localizaciones está en equilibrio entre erosión por ríos, la cual tiende a cortar bruscamente el lecho en pendientes, y la dispersión de tierra dirigida bióticamente, la cual tiende a redondear las afiladas aristas, Dietrich y Perron pensaron que las colinas redondeadas serían una firma de la vida. Esto se probó que era falso, sin embargo, tal y como sus colegas Ron Amundson y el estudiante licenciado Justine Owen, ambos del Departamento de Ciencia Medioambiental, Política y Gestión del campus, descubrieron en el Desierto de Atacama en Chile, el cual carece de vida, donde las colinas redondeadas cubiertas de arena están producidas por el desgaste de la sal del cercano océano.

“Hay otras cosas en Marte, tales como la actividad del deshielo, que pueden romper las rocas” para crear las colinas redondeadas que se ven en las fotos tomadas por los rovers de la NASA, dice Perron.

Esto también puede verse en los meandros de los ríos, que en la Tierra están influenciados por la vegetación de las orillas. Pero Marte muestra meandros también, y los estudios de la Tierra han demostrado que los ríos creados en el lecho rocoso o suelo helado pueden crear idénticos meandros a los creados por la vegetación.

Los escarpamientos de los cursos de un río pueden ser también una firma, piensan: Los sedimentos de grano más grueso, menos desgastados, se erosionarían en los ríos, provocando que el río se haga más escarpado y las crestas más elevadas. Pero esto también lo vemos en las montañas de la Tierra.

“No es difícil argumento que la vegetación afecta a los patrones de precipitaciones y, recientemente, se ha demostrado que los patrones de precipitaciones afectan a la altura, anchura y simetría de las montañas, pero esto no produciría una característica única”, dice Dietrich. “Sin vida, aún tendríamos montañas asimétricas”.

Su conclusión, que la frecuencia relativa de características redondeadas contra las angulares cambiarían dependiendo de la presencia de vida, no será comprobable hasta que estén disponibles mapas de elevación de la superficie de otros planetas a resoluciones de metros o menos. “Algunas de las diferencias más importantes entre los paisajes con y sin vida están causados por procesos que operan a escalas pequeñas”, dice Perron.

Dietrich apuntó que pequeñas áreas de la superficie de Marte se han cartografiado a una resolución de dos metros, lo cual es mejor que muchos de los mapas de la Tierra. Él es uno de los líderes de la Fundación Nacional de Ciencia (NSF) – que apoya un proyecto para cartografiar la superficie de la Tierra en alta resolución usando la tecnología LIDAR (LIght Detection And Ranging). Dietrich co-fundó el Centro Nacional de Cartografía Laser Airborne (NCALM), un proyecto conjunto entre la UC Berkeley y la Universidad de Florida para llevar a los mapas de LIDAR a mostrar no solo la superficie de vegetación, sino también el suelo desnudo como si no tuviese vegetación. La investigación de Dietrich y Perron fue patrocinada por el Centro Nacional para la Dinámica de la superficie de la Tierra de la NFS, el Programa de Asociación para la Investigación de Licenciados y el Instituto de Astrobiología de NASA.


Fecha Original: 26 de enero de 2006

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