El principio que unifica casi todas las medicinas alternativas es que algún elan vital es el responsable de infundir en los organismos las propiedades de la vida. Actualmente, esta fuerza vital es llamada campo bioenergéticos y se asocia de forma poco clara a los campos electromagnéticos clásicos por una parte, y a funciones de ondas cuánticas por otro.

La creencia en la existencia de fuerzas vivientes es algo primordial y que permanece extendido. Llamado prana por los hindús, ch’i por los chinos, y ki por los japoneses, esta es la fuente de la vida que a veces se asocia con el alma, espíritu, y mente. En los tiempos remotos el alma estaba identificada con la respiración, lo que los hebreos llamaban ruach, los griegos psyche o pneuma (la respiración de los dioses), y los romanos spiritus. Obviamente, el origen de palabras como “psíquico” y “espíritu” residen en lo que sabemos que es una sustancia completamente material – la mezcla de N2, O2, y otros gases a los que llamamos aire. Pero los campos bioenergéticos son mucho más finos que el aire, tan finos, de hecho, que no pueden distinguirse de la nada.

Hace unos pocos siglos, la cristiandad adoptó la noción dualista de que el alma, espíritu o mente (asumían que era lo mismo) es una entidad separada y distinta del mundo material. Sin embargo, la “escisión cartesiana” no se completó nunca. Espíritu y cuerpo se esperaba que interactuasen en algún punto. Descartes pensaba que el lugar de esta interacción era la glándula pineal en el cerebro.

Como en la ciencia moderna desarrollada en Occidente, los científicos buscaron pruebas para la sustancia del espíritu. Después de que Newton hubiese publicado sus leyes de la mecánica, óptica y gravedad, pasó muchos años buscando infructuosamente la fuerza viviente en los experimentos de alquimia.

A finales del Siglo XIX, prominentes físicos como William Crookes y Oliver Lodge buscaron lo que habían dado en llamar la “fuerza psíquica” responsable de los misteriosos poderes de la mente que eran exhibidos por mediums y otros espiritualistas ambulantes del momento. Pensaron que podría estar conectado con las “ondas de éter” electromagnéticas que habían sido recién descubiertas y se les asignaban usos sorprendentes. Si la telegrafía sin cables era posible, ¿por qué no la telepatía sin cables? Aunque la telegrafía sin cables prosperó, la telepatía sin cables no hizo ningún progreso en todo el siglo siguiente. Pero incluso antes de que el Siglo XX viese su primer día, se encontró que no existía el éter. En 1905, se observó que las señales electromagnéticas eran portadas por partículas materiales que ahora conocemos como fotones.

La ciencia de la Biología desarrolló un modelo totalmente materialista en el cual todo podía comprenderse en términos las mismas partículas materiales y fuerzas que encontrábamos en la materia inanimada. Por todo lo que sabemos de física, química, y biología, las células vivas están hechas de los mismos quarks y electrones que las rocas. Interactúan unas con otras intercambiando algunos fotones y gluones. Sin un cuidadoso control, los experimentos han producido siempre datos que requieren que postulemos componentes adicionales para la materia orgánica, material o espiritual, viviente o no viviente. Los campos de bioenergía holística son productos de la imaginación.

A pesar del completo rechazo científico, el concepto de un campo biológico especial dentro de los seres vivos permanece profundamente arraigado en el pensamiento humano. Este tema está entrando ahora en los sistemas de asistencia sanitaria, como terapias alternativas no científicas que se hacen más y más populares. Desde la acupuntura a la homeopatía y el toque terapéutico, la afirmación que se hace es que la curación puede llevarse a cabo con el ajuste adecuado de los “campos bioenergéticos” de las personas o animales. Este engaño se ha convertido en algo tan ubicuo que está apareciendo en libros y revistas que reclaman practicar los estándares científicos.

Por ejemplo, Elissa Patterson ha publicado un largo artículo titulado “La filosofía y la física de la asistencia sanitaria holística: Curación espiritual como una interpretación factible”, en el British Journal of Advanced Nursing (Revista Británica de Enfermería Avanzada 1998, 27, 287-293). Ella relaciona la curación espiritual con la creencia de que “somos parte de la energía armoniosa natural del Universo”. Dentro de esta energía universal está un campo de energía humano “que está íntimamente ligado a la vida humana, a veces llamado ‘aura’”.

Las pruebas para esta aura son reclamadas en la fotografía de Kirlian. La autora, obviamente, no es filósofo ni físico. Ella demuestra no tener el nivel de física de instituto requerido para comprender que este simple fenómeno es una simple corona de descarga, observado desde 1777 y comprendido completamente desde hace casi un siglo.

De acuerdo con Patterson, la física moderna se supone que “requiere la aceptación del concepto de interconexión de energía”, energía moviéndose continuamente desde las partículas subatómicas a la biosfera, incluyendo el planeta Tierra, formando un “todo”. La física descrita por Patterson parece haber sido deducida de la literatura New Age. Ella se refiere a Fritjof Capra y Ken Wilber como autoridades, no a ningún libro de texto común. Parlotea todas las ideas equivocadas comunes, sobre la naturaleza de la relatividad, la mecánica cuántica y el papel de Einstein en cada uno, que uno puede leer en la escritura New Age.

Incluso la medicina veterinaria no ha podido escapar a las incursiones de la bioenergética holística y su falsa base de física cuántica. En “Introducción a la Medicina Bioenergética“, capítulo dieciséis de Medicina Complementaria y Alternativa: Principios y Práctica (Allen M. Schoen y Susan G. Wynn, eds. Mosby-Year Book, 1997), Joanne Stefanatos dice: “Los principios de medicina de energía se originan en la física cuántica. La medicina bioenergética es el estudio de los cuerpos animales y humanos como un campo electromagnético dinámico dentro de un entorno electromagnético existente. Basado en las teorías de Einstein sobre la mecánica cuántica, estos conceptos de energía están siendo integrados en la medicina para una aproximación exhaustiva al diagnóstico, tratamiento y prevención de enfermedades”.

Stefanatos y Patterson son felízmente incoscientes de que Einstein estaba profundamente en desacuerdo con la interpretación de la mecánica cuántica que ellas le atribuyen y dependen de esto para apoyar sus ilusiones sobre un universo holístico. Fue Einstein quien destruyó el holismo demostrando que toda noción de acción simultánea a lo largo del espacio, el concepto preciso de “ahora” absoluto, no tiene sentido. Él ridiculizó las afirmaciones de que el campo cuántico actúa de forma instantánea a lo largo del espacio como “espeluznante acción en la distancia”. Además, Einstein se oponía a la tendencia indeterminada de la física cuántica. Deseaba un retorno a algo como el marco de la física de la mecánica Newtoniana que estos autores desprecian.

Pero la ignorancia sobre física de Patterson y Stefanatos se hace incluso aún mayor. Ellas, como otras muchas terapeutas alternativas, parecen igualar campo bioenergético con campo electromagnético. Esta idea suena muy parecida al “magnetismo animal” de Friedrich Anton Mesmer, quien murió en 1815. Hemos recorrido un largo camino en los últimos 183 años (Artículo original de 1998), pero no lo parecería si leemos artículos como los de Patterson y Stefanatos.


Autor: Victor J. Stenger
Fecha Original: junio de 2998
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No Hay Respuestas a “Los campos energéticos de la vida”
  1. Zero dice:

    Me parece muy osado por parte del autor dar por sentado la inexistencia de dichas fuerzas, aun sabemos muy poco al respecto y nuestras tecnologias aun no han podido confirmar o negar la existencia de particulas como los neutrinos y los taquiones. habra que esperar un poco mas.

  2. Kanijo dice:

    Los neutrinos están confirmados por varios experimentos. El hecho de que existan partículas hipotéticas como los taquiones o el bosón de Higgs no tiene ninguna relación con que alguien suelte una teoría sobre “campos místicos” y haya que tragar con ella “porque no lo sabemos todo”. Es lo que se conoce como falacia “ad ignorantiam”, el hecho de que no lo sepamos todo sobre algo no implica que se pueda poner al mismo nivel a todas las posibles respuestas. No sabemos exactamente cómo se generan los rayos, pero puedo asegurarle que no es Zeus el que los manda desde el Monte Olimpo.

    El artículo analiza varias propuestas para estos campos bioenergéticos y detalla por qué no tienen sentido, si tiene usted alguna propuesta hágala.

    Un saludo

  3.  
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