Cultura en el cosmos

Tal y como pensaron los científicos de SETI para su primer contacto con otros mundos, ¿quién mejor para consultar que a un antropólogo, quien se especializa en encuentros con culturas exóticas? Y por tanto, durante los últimos años el Instituto SETI ha reunido repetidamente a antropólogos y estudiantes de otras disciplinas, en un intento de salvar el vacío entre humanos y extraterrestres.

La tarea de estos eruditos, cuya reunión más reciente fue en San José, California, es doble: intentar descubrir aspectos universales de la cultura, y más tarde aplicar estos descubrimientos para construir un mensaje que pudiese ser inteligible para una civilización evolucionada independientemente. “Aunque es imposible predecir la naturaleza de la inteligencia extraterrestre”, admitió el Jefe de Historia de NASA, Steven Dick, “la única certeza es que, si existen habrá pasado por una evolución cultural”.

Para los investigadores de SETI, la vertiginosa variedad de sociedades que podría evolucionar en otros mundos se convierte en algo manejable por una simple razón: si los extraterrestres pueden construir una radiotransmisor o una baliza láser de alta potencia, ellos y nosotros ya tendríamos algo vital en común. De hecho, puede haber formas de inteligencia similares a los delfines en los océanos de otros planetas, pero a menos que puedan erigir transmisores para enviar señales a través del espacio interestelar, nunca sabremos de su existencia. Y para construir la tecnología que haga posible tal contacto, como a menudo se ha argumentado, los extraterrestres ciertamente necesitarían conocer algo de las matemáticas que nosotros usamos. Los extraterrestres podrían no comprender el inglés, el chino o el Swahili, pero ciertamente tendrían familiaridad con el álgebra y la geometría.

¿La tendrían?

Varios participantes de la reunión de San José aconsejaron tener cuidado en suponer que las formas de comprensión del Universo de los humanos se verán necesariamente reflejadas en otros planetas. “La confianza en las matemáticas como un principal medio de comunicación con inteligencias extraterrestres podría estar fuera de lugar”, advierte la historiadora Shirley Woolf. En contraste de que las matemáticas son un reflejo directo de la estructura del Universo, lo cual sería necesario conocer por parte de los científicos de otros mundos, Woolf enfatiza una visión propugnada por algunos prominentes científicos cognitivos, de que “las matemáticas son un artefacto derivado de la estructura específica de la personificación humana”.

Lo que hay que tener en cuenta

El ejemplo más simple podría ser el enlace entre la forma en que los humanos cuentan y el número de dígitos que usamos para contar: puede no ser una coincidencia que los humanos tengamos diez dedos y que nos encontremos tan cómodos usando un sistema numérico de base diez, donde hay diez dígitos que pueden sumarse, restarse, y manipularse de otras formas. Para extraterrestres con brazos o tentáculos terminados en un distinto número de dedos podrían ser igualmente naturales otros sistemas numéricos.

Si sólo variase el sistema numérico entre civilizaciones, las matemáticas aún podrían servir como la Piedra de Roseta cósmica. Después de todo, los humanos somos bastante capaces de convertir los números cotidianos a formatos binarios o un conjunto infinito de variaciones, y los sistemas numéricos de base 10 no son universales de ninguna forma incluso en la Tierra.

Pero, ¿qué pasaría si las diferencias fuesen más profundas, y nuestras matemáticas reflejaran no sólo las vicisitudes de las manos que usamos para asir objetos, sino unas características más fundamentales sobre nuestra forma de relacionarnos con el mundo, tales como los sentidos que nos permiten recopilar información sobre nuestros entornos?

Como criaturas que dependen en gran parte de sus sentidos de la visión y el oído, somos capaces de localizar objetos con precisión en un espacio tridimensional. Además, nuestros sentidos nos permiten demarcar con claridad los objetos en el tiempo: los eventos suceden en el presente, el pasado, o el futuro. Algo puede estar pasando ahora (presente), ya ha terminado (pasado) o aún no ha sucedido (futuro).

Pero, ¿qué pasaría si confiásemos principalmente en el sentido del olfato para relacionarnos con el mundo, con objetos que dejan trazas de su presencia en persistentes olores incluso largo tiempo después de haberse marchado? ¿Podría nuestro sentido del pasado, presente y futuro difuminase en parte, fundiéndose suavemente un momento con otro?

¿Qué pasaría si no tuviésemos el sentido de la presencia de un objeto en las estrictas categorías de “aquí” o “no aquí”, sino en términos de “probablemente aquí” o “probablemente no aquí”? ¿Podrían nuestras matemáticas reflejar nuestros encuentros cotidianos con el mundo, sin la afirmación precisa de “1 + 1 = 2″, sino con unas matemáticas más intuitivas podrían estar basadas en la observación de que “aproximadamente 1 + aproximadamente 1 = aproximadamente 2″? ¿Podrían las nociones de precisión y borrosidad variar entre civilizaciones, haciendo más difícil comprender a criaturas cuyas experiencias del mundo sean tan diferentes?

Comprendiéndonos a nosotros mismos

“La Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre es, por una parte, un esfuerzo experimental sencillo – astrónomos buscando en nuestra galaxia señales de origen artificial”, dijo la antropóloga Kathryn Denning. “Sin embargo, al crear la posibilidad de un contacto con seres alienígenas, SETI también ha creado un espacio para abundante especulación sobre la naturaleza de otras sociedades en otros mundos”.

Y efectivamente, la esperanza de SETI es que algún día tendremos pruebas incontestables de que existen las civilizaciones extraterrestres. Pero mientras tanto, recordemos el impacto que la búsqueda puede tener en nuestro mundo, ahora mismo, si detectamos o no alguna vez una señal de otra estrella. “Un encuentro real entre seres humanos e inteligencias alienígenas tendría un sustancial impacto global”, nos recuerda Denning. “Sin embargo, incluso considerando tales posibilidades en términos estrictamente hipotéticos podría afectar a la forma en que nos vemos nosotros y nuestro futuro en la Tierra”.


Autor: Doug Vakoch
Fecha Original: 3 de mayo de 2007
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Comment (1)

  1. Atanasio

    Tal vez… Tal vez… ¿Pero dónde termina la especulación científica y comienza la fantasía literaria? Deberíamos apelar a la Teoría de la evolución por selección natural como línea de referencia para no divagar tanto en medio de las posibles posibilidades de lo posible, por lo menos mientras no sepamos más de lo que por el momento sabemos, ¿no creen? En ese caso, deberíamos apostarle a la noción de adaptación como principio evolutivo. En esta noción aparece recurrentemente el fenómeno de “convergencia funcional” (ojo del pulpo semejante a ojo humano, etc.). Konrad Lorenz hace poco más de treinta años (en “La otra cara del espejo”) quería mostrar cómo en cierto sentido la “realidad externa” determina la configuración del desarrollo sensorial y cognitivo. En cierto sentido, “la luz crea el ojo”. De manera que a no ser que nos pongamos en condiciones extremadamente disitintas a las de la Tierra (por ejemplo, habitando al borde de un pulsar), lo más probable sería encontrar en el universo adaptaciones no muy distintas de las que vemos en el reino animal. Tal vez las inteligencias en la forma de “bípedos implumes” no sean tan improbables en el cosmos, después de todo.

    Por cierto: los neandertales también ocuparon el nicho de la inteligencia cultural, aun cuando se extinguieron antes de avanzar mucho por ahí, ¿no les parece? Y con ellos todo el género Homo. Así, no es la especie humana la única que le ha apuntado al “nicho de la inteligencia cultural”. En fin… E.T. no me parece tan descabellado.

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