GLAST: El reto de demasiados datos

La comunidad astrofísica espera con entusiasmo el inminente lanzamiento del Telescopio de Rayos-gamma Espacial de Gran Área (GLAST), el último y más potente telescopio de rayos-gamma. Pero interpretar la enorme cantidad de nuevos datos que recopilará GLAST puede ser una prueba difícil.

Hasta ahora los instrumentos existentes han permitido a los astrofísicos detectar unas 300 posibles fuentes de rayos-gamma en el universo, y los científicos han tenido que analizar y clasificar estas fuentes una por una. La sensibilidad mejorada de GLAST, de 30 a 100 veces mayor que sus predecesores, permitirá, potencialmente, al telescopio detectar miles de nuevas fuentes de rayos gamma.

“Tendremos una situación difícil para identificarlos”, dice el Físico de Stanford Olaf Reimer. “No podemos aplicar la aproximación individual a miles de fuentes de ninguna forma. A los investigadores les llevó 20 años identificar a Geminga, el pulsar de rayos-gamma que no emite ondas de radio, pero no podemos pasar de nuevo 20 años con una sola fuente”.

Para tratar los retos científicos que surgirán con GLAST, Reimer y varios colegas organizaron una conferencia llamada “La Aproximación Multimensajera a las Fuentes de Rayos Gamma de Alta Energía”, que tuvo lugar el pasado julio en Barcelona. Esta conferencia fue la tercera de una serie de charlas dedicadas exclusivamente al problema de la identificación de las fuentes de rayos gamma. En un libro que se publicará este junio, basado en la conferencia, Reimer sugiere combinar la técnica de identificación establecida con una aproximación estadística basada en la población.

“La idea es establecer las características de las poblaciones ocultas en los pozos de nuevos datos”, dice Reimer. Entonces, los investigadores podrían proceder a escoger los candidatos más apropiados a nuevas fuentes de rayos gamma entre estas poblaciones.

El problema de identificar las nuevas poblaciones de rayos gamma es que los astrofísicos no conocen el comportamiento de las fuentes. “Sabemos que los núcleos galácticos activos brillan ocasionalmente, los pulsos de un púlsar, las binarias tienen órbitas características… estas son firmas claras”, dice Reimer. “Pero para este nuevo fenómeno galáctico no tenemos ese conocimiento”.

Reimer admite que este nuevo problema científico es duro. “Pero tenemos que abordarlo, porque sólo se puede hacer ciencia si sabes con lo que estás tratando en el cielo”, dice.


Autor: María José Viñas
Fecha: 21 de mayo de 2007
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