No inspires profundamente, el oxígeno puro es malo para tu cerebro

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Estudio de UCLA revela por qué hay problemas en el cerebro al inhalar oxígeno puro

Es una escena de “Anatomía de Grey”— un paramédico o un doctor coloca una máscara sobre la cara de una persona con problemas de respiración y comienza a dispensar oxígeno puro.

Los avances en la investigación sugieren que inhalar oxígeno directamente puede, en realidad, dañar el cerebro. Por primera vez, una estudio de fotografía cerebral de UCLA revela el porqué. Publicado en la edición del 22 de mayo de la revista Public Library of Science (PLoS) Medicine, los hallazgos se oponen a las guías nacionales de práctica médica y recomiendan una nueva aproximación que añade dióxido de carbono a la mezcla para mantener la función cerebral en los pacientes.

“Durante décadas, la comunidad médica mundial ha defendido el 100 por cien de oxígeno como la llave maestra de la reanimación. Pero nadie ha informado de lo que sucede dentro de nuestro cerebro cuando inhalas oxígeno puro”, dijo Ronald Harper, distinguido profesor de neurobiología en la Escuela de Medicina David Geffen en UCLA. “Lo que hemos descubierto se añade a un convincente cuerpo de pruebas para modificar una práctica estándar en la sanidad de los Estados Unidos”.

El equipo de Harper usó una Cámara de Resonancia Magnética Funcional (IRMf) para tomar imágenes detalladas de lo que sucede en el interior del cerebro humano durante dos escenarios distintos de respiración. La técnica detecta pequeños incrementos en el flujo sanguíneo disparados por la activación de distintas partes del cerebro, provocando que estas regiones brillen o se enciendan en el escáner de color.

Los investigadores escanearon los cerebros de 14 niños sanos, de edades entre 8 y 15 años, y monitorizaron su respiración y pulso cuando inhalaban un 100 % de oxígeno a través de una boquilla durante dos minutos. Tras esperar ocho minutos para que la respiración de los más jóvenes volviese a la normalidad, el equipo añadió un 5 por ciento de dióxido de carbono a la mezcla y repitieron el escáner.

La comparación de ambos escaneos reveló diferencias drásticas.

“Cuando los niños inhalaron oxígeno puro, su respiración se aceleró, dando como resultado una exhalación rápida de dióxido de carbono de sus cuerpos”, dijo el coautor del estudio Paul Macey, investigador asociado de UCLA en neurobiología. “La caída en el dióxido de carbono estrechó los vasos sanguíneos, evitando que el oxígeno alcanzara el tejido cerebral y el corazón”.

Aquí es cuando sucedió algo sorprendente en el escáner IRM. Tres estructuras cerebrales se encendieron de pronto: el hipocampo, que ayuda a controlar la presión sanguínea; el córtex cingular, que regula la percepción del dolor y la presión sanguínea; y la ínsula, que monitoriza la tensión física y emocional.

Toda esta actividad despertó al hipotálamo, que regula el pulso del corazón y el flujo hormonal. La activación del hipotálamo disparó una cascada de reacciones dañinas y la liberación de productos químicos que pueden dañar al cerebro y el corazón.

“Algunas áreas del cerebro respondieron al 100 por cien de oxígeno poniendo al hipotálamo a toda marcha”, explicó Harper. “El hipotálamo reaccionó vertiendo una cantidad masiva de hormonas y neurotransmisores en el torrente sanguíneo. Estos compuestos químicos interfieren con la capacidad del corazón para bombear y entregar oxígeno — el efecto opuesto cuando estás intentando reanimar a alguien”.

Cuando los niños inhalaban dióxido de carbono mezclado con el oxígeno, la actividad hipotálamo se desvanecía del escáner IRM.

“Añadir dióxido de carbono al oxígeno relajó los vasos sanguíneos, permitiendo al oxígeno alcanzar el corazón y el cerebro, calmando el hipotálamo y ralentizando la liberación de compuestos químicos peligrosos”, dijo Macey.

“El oxígeno puro prende la mecha que dispara un incendio de daños en el cuerpo”, dijo Harper. “Pero un poco de dióxido de carbono hace que desaparezca”.

Basándose en sus hallazgos, los investigadores animan con firmeza a los proveedores de cuidados sanitarios a añadir dióxido de carbono en la dispensación de oxígeno, especialmente cuando se reanima a niños o se administra oxígeno durante más de unos pocos minutos. La nueva dirección podría tener implicaciones particulares para los pacientes de accidentes, ataques al corazón, envenenamiento por monóxido de carbono y la terapias de oxígeno de largo plazo.

“Cuando hay dudas en un caso, la aproximación médica actual es incrementar los niveles de oxígeno y esperar a ver si el paciente mejora”, explicó Harper. “Pero nadie ha escaneado nunca el cerebro de un paciente para examinar cómo responde a la terapia de oxígeno”.

Los primeros datos sobre los efectos dañinos del oxígeno en concentraciones altas ya han dado como resultado el cambio de política al otro lado del océano. En lugar de usar oxígeno directo, muchos hospitales europeos ahora reaniman pacientes en salas de aire, que contienen una mezcla de nitrógeno, oxígeno y dióxido de carbono, o con una combinación de oxígeno y dióxido de carbono.

Mary Woo, profesor de la Escuela de Enfermería de UCLA, fue la coautora del estudio, patrocinado por el Instituto Nacional de Salud y Desarrollo Infantil.


Autor: Elaine Schmidt
Fecha Original: 21 de mayo de 2007
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