Cogiendo la onda gravitatoria

Durante casi un siglo, los científicos intentaron descubrir los temblores de Einstein creyendo que eran producidos por ondas en el tejido del espacio y el tiempo.

Al principio, Albert Einstein creía que las ondas gravitatorias existían, grandes y pequeñas ondulaciones del espacio y el tiempo. Pero cambió repetidamente su idea, al principio dudando de su existencia, luego creyendo, y volviendo de nuevo a la diea original.

Viajando a la velocidad del pensamiento

Al final, tras décadas de debate, los científicos confirmaron cada punto principal de la primera teoría de Einstein de las ondas gravitatorias. En su nuevo libro, Traveling at the Speed of Thought: Einstein and the Quest for Gravitational Waves (Viajando a la Velocidad del Pensamiento: Einstein y la Búsqueda de las Ondas Gravitatorias), publicado por Princeton University Press, el profesor visitante Daniel Kennefick rastrea la historia de una teoría que los investigadores creen que ayudará algún día a comprender mejor algunos de los mayores misterios del universo.

La historia de la enojada respuesta de Einstein cuando un colega anónimo intentó corregirlo forma la parte central del libro. Al final, Einstein admitió que las ondas gravitatorias podrían existir después de todo de la forma que predijo en sus inicios.

La idea de las ondas gravitatorias tiene sólo 100 años de antigüedad, pero desde el día en que se propuso por primera vez, la teoría levantó una gran controversia entre algunos de los científicos más notables del siglo, incluyendo a John Wheeler, Richard Feynman y Hermann Bondi.

“En el amplio universo estas ondas pueden desempeñar un papel en el desarrollo final de los sistemas estelares”, dijo Kennefick. “Es posible que cuando los púlsar, cuya estrella gira muy rápido después de crearse a partir del colapso de una estrella normal, pierden gran cantidad de giro con el tiempo, la razón sea que están perdiendo energía en las ondas gravitatorias que emiten. Comprender estas ondas podría llevarnos a una gran cantidad de conocimiento sobre la naturaleza de estas estrellas moribundas”.

Más importante, dijo Kennefick, es que los investigadores podrían revelar el misterio de los agujeros negros que se piensa que existen en el centro de las galaxias. Cuando la Tierra orbita alrededor del Sol, produce pequeñas ondas gravitatorias, completamente imperceptibles, de forma análoga a las diminutas ondas que se forman cuando se arroja un guijarro a un estanque. Pero un agujero negro masivo puede contener millones o miles de millones de soles, difícil de ver con telescopios corrientes, y cada vez que uno se traga una estrella, las ondas gravitatorias creadas son más fuertes aún, como lanzar una piedra pesada en un estanque.

“Los astrónomos han visto estrellas de neutrones binarias emitiendo ondas gravitatorias que portan energía con ellas cuando se apagan”, dijo Kennefick. “Cuando las estrellas binarias pierden energía y decaen, podemos ver que sus periodos orbitales decrecen debido a que las dos estrellas están acercándose una a la otra. Cada órbita necesita cada vez menos tiempo, y cuando medimos tal cambio, vemos que encaja con precisión con los cálculos de Einstein de 1918″.

El libro debería ser de interés para cualquiera que quiera leer más sobre la historia de la ciencia, así como para los profesores en sus aulas. Un capítulo ya ha sido traducido al japonés, y Princeton University Press planea traducir el libro completo.

Kennefick dejó el Instituto Tecnológico de California para volver a la Universidad de Arkansas en 2004.


Autor: Lynn Fisher
Fecha Original: 17 de julio de 2007
Enlace Original

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