Una propuesta para crear constelaciones especiales que la naturaleza nunca produciría.

Este mes he propuesto seriamente que comenzaremos el proceso de reposicionar el Sol y otras estrellas cercanas para enviar señales a los alienígenas, y que comencemos la búsqueda de señales alienígenas que podrían hacer lo mismo por nosotros.

Tal vez debería hacer un prefacio de esta idea que suena a locura con una explicación. La ciencia para mí es una experiencia emocional, a veces incluso más emotiva que el arte. La razón, creo, refleja tanto nuestra actual comprensión del lugar de la humanidad en el universo como los eventos de mi niñez. La astronomía nos ha enseñado que la Tierra es un mero punto en una inabarcable vastedad. Casi todo en el cielo nocturno está tan lejano que hay pocas esperanzas de tener un contacto con vida exterior — incluso si tal vida existe. Peor que la posibilidad de que estemos solos es el sentimiento de que no podemos hacer nada incluso si no lo estamos. Mi niñez amplificó este sentimiento de soledad: Mi madre murió cuando era un niño, y por un tiempo el resto de la especie humana me pareció tan distante como la profundidad del universo.

Sospecho que una emoción similar está oculta en el pasado de mucha gente que se interesó en la ciencia, especialmente en física y astronomía. Es el motor secreto dentro del arquetipo de empollón, el chico apartado de los juegos sociales pero absorto por el mayor juego de intentar unir la realidad de una forma fundamental.

Probablemente no hay nada más concreto, nada mayor en el intento de buscar un contacto que una al universo que la búsqueda de vida extraterrestre. Los esfuerzos más prominentes, conocidos como SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), lo hacen escuchando señales: podríamos ser afortunados y captar alguna transmisión alienígena de radio, por ejemplo.

La suerte es importante para estos esfuerzos debido a que estamos confinados a investigar un sector del espacio y del tiempo tan diminuto dentro de un universo enorme. Supongamos que configuramos una emisión para que la escuchen los alienígenas y supongamos que podríamos mantener el transmisor en marcha durante 100 000 años — mucho más de lo que las civilizaciones han existido, casi el tiempo que tienen los humanos modernos. Incluso tal duración probablemente sería demasiado corta para que se escuchase la emisión.

La razón es que el advenimiento de los humanos podría ser fácilmente acelerada o retrasada cientos de millones de años por algo tan banal como un impacto de asteroide. Si el asteroide que aparentemente llevó a la extinción de los dinosaurios hubiese fallado, tal vez un dinosaurio inteligente habría aparecido 50 millones de años antes de lo que lo hizo la gente. O talvez un mamífero inteligente habría aparecido, pero 200 millones de años más tarde de lo que lo hicieron. Dado que la evolución en otros mundos presumiblemente sería sensible a los eventos aleatorios, es increíblemente improbable que alienígenas inteligentes estén escuchando durante una ventana concreta de 100 000 años cuando nuestras emisiones de radio llegue a su localización concreta.

Por lo que buscamos mejores formas de hacer el contacto, alguna forma de sortear el problema de la diminuta apertura temporal. Una aproximación es enviar el equivalente a un mensaje en una botella, y efectivamente las dos sondas Voyager se lanzaron hacia las estrellas portando discos de oro grabados con información rudimentaria sobre los humanos y la Tierra. La nave podría durar mucho tiempo, pero tiene un hándicap: Son físicamente pequeñas, por lo que probablemente tendrán que pasar muy cerca de una civilización alienígena para ser detectadas.

¿Existe otro método de llegar al resto del universo que cubra una gran cantidad de espacio y tiempo? La pista de una solución surge del actual pensamiento sobre cómo asegurarnos de que no vamos a seguir el camino de los dinosaurios. Si un asteroide se dirige hacia nosotros, preferiríamos evitar que nos golpee. Una forma prometedora de hacerlo es con un tractor gravitatorio, una nave enviada a volar junto al peligroso asteroide. A lo largo de un periodo de tiempo suficiente — varios años, tal vez — el ligero tirón gravitatorio de la nave desviaría al asteroide a un nuevo y seguro curso.

Supongamos que este principio del tractor gravitatorio podría escalarse usando lo que yo llamo un “fondo de imprevistos gravitatorio”. Enviamos un número significativo de naves tractoras a lo largo de muchos años. Finalmente una flota se reuniría en el Sistema Solar exterior. Las naves son autónomos, capaces de operar incluso si la civilización que las construyó expira. Están programadas para operar durante cientos o miles de años, como la extraña transmisión de radio que consideré antes, pero generarán un legado mucho más profundo que una señal de radio.

La flota se reuniría para ajustar las trayectorias de algunos de los mayores objetos del Cinturón de Kuiper, cuerpos similares a cometas en la periferia del Sistema Solar. (Moverlos no causaría problemas en los planetas interiores como la Tierra). A lo largo de un periodo, los objetos reconfigurados del Cinturón de Kuiper sirven como un gran tractor gravitatorio para inclinar el plano del Sistema Solar y cambiar la trayectoria del Sol a través de la Vía Láctea. Mientras tanto, también habremos enviado conjuntos de naves a 15 estrellas cercanas o así. Podría llevar a las naves muchas decenas de miles de años alcanzar a esas estrellas y mucho más en cambiar sus trayectorias.

¿Por qué mover las estrellas? Porque entonces podrían guiarse en formaciones orbitales que casi con toda certeza no tendrían lugar de forma natural. Un periodo de configuración imaginable de decenas de miles de años podría entonces sacar ventaja de un periodo mucho más largo — miles de millones tal vez — durante el cual los alienígenas podrían ver los frutos de nuestros esfuerzos. Un grupo de estrellas organizadas para presentar una señal de esta forma podría ser llamado “grafonstelación” (como una constelación, pero en forma de escritura).

Por afirmar lo obvio, hay una enorme cantidad de retos para hacer esto. La idea de un fondo de imprevistos gravitatorio es totalmente especulativo por ahora y podría no ser viable. Incluso si pudiese realizarse, nuestro Sistema solar es un pobre candidato para la manipulación. Toda la masa del Cinturón de Kuiper es tal vez de una millonésima parte del Sol, por lo que no hay mucho con lo que trabajar. Sin embargo, las próximas décadas verán una investigación de las estructuras sistemas solares cercanos. Tal vez algunos sistemas cercanos estén mejor ordenador para la acción del fondo de imprevistos gravitatorio. Un sistema solar ideal tendría las gradaciones adecuadas de masas orbitales adyacentes. Si esto falla, tal vez aparezca otro método de reordenar el camino de una estrella.

Esfera de Dyson

La alegría, mente abierta, y generosidad intelectual de los mejores científicos siempre me ha sorprendido, pero nunca más que cuando llamé a Piet Hut al Institute de Estudios Avanzados para hablar de la idea de las grafonstelaciones. (Ha sido, entre otras muchas cosas, el principal estudioso de las estructuras orbitales posibles pero extrañas). El hecho de que no hemos demostrado que podamos mover asteroides, mucho menos estrellas, no desconcertó en absoluto a Piet. Si la motivación para crear una grafonstelación es válido y no hay pruebas de que la idea sea imposible, la visión es que merece la pena contemplarla.

Piet sugirió inmediatamente un diseño para una grafonstelación de una estrella binaria múltiplemente anidada que tuvo el delicioso nombre técnico de “sistema estelar hiper-super-doble”: una par de una par de un par de estrellas dobles, 16 en total. Esta configuración será estable y probablemente no interactuaría con estrellas cercanas. Tampoco dañaría al Sistema Solar o la vida en la Tierra, ya que deberíamos terminar como parte de la formación. La fase de configuración sacaría pares de estrellas en cabeceras destinadas a unirse mutuamente en un abrazo de tal forma que las parejas se unirían finalmente en pares también, y así sucesivamente. Tal estructura sería prácticamente imposible que se produjese de forma natural, y sería reconocible a gran distancia. Un observador alienígenas no sería capaz de discernir todas las estrellas individuales para notar que algo divertido estaba pasando; el alienígena sólo notaría cambios sutiles en la calidad de la luz, bamboleo en la posición y otras pistas.

Piet y yo tuvimos un interesante intercambio comparando las grafonstelaciones con las pirámides de Egipto. ¿Hay algo inherentemente masculino en reordenar las estrellas, de la misma forma que las pirámides nos parecen masculinas, o es más como un solitario grito en el desierto?

Una comparación interesante puede hacerse con la Esfera de Dyson. En 1960 el físico Freeman Dyson sugirió que una civilización avanzada podría querer capturar toda la energía solar de una estrella, y por tanto construir una estructura esférica alrededor de la misma. Sugirió mirar alrededor para ver si se veían tales esferas por allí afuera. Hasta ahora no se ha encontrado ninguna. Una grafonstelación sería muchísimo menos útil para sus creadores, pero también sería muchísimo más fácil de construir y detectar que una Esfera de Dyson.

El siguiente paso obvio es buscar y ver si allí fuera ya se ha creado una grafonstelación. Esto no será un ejercicio trivial. Hay una gran cantidad de estrellas, y tenemos que tener en cuenta el rango potencial de diseños de grafonstelaciones, no sólo aquellas que ya se nos han ocurrido a nosotros. Pero estoy en el proceso de unir a mis amigos astrónomos a la causa. También he estado hablando con gente que planean misiones espaciales. Las locuras a veces suceden.


Autor: Jaron Lanier
Fecha Original: 8 de febrero de 2008
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3 Respuestas a “Reordenar estrellas para comunicarse con alienígenas”
  1. [...] Reordenar estrellas para comunicarse con alienígenaswww.cienciakanija.com/2008/02/11/reordenar-estrellas-para-co… por mezvan hace pocos segundos [...]

  2. synwenn dice:

    Una idea singular. Una empresa monstruosa. Me ha gustado la idea.

  3. [...] Ciencia kanija Articulos RelacionadosComunicarse con el espacio por rayo laser¿Estamos enviando demasiada [...]

  4.  
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