El lodo oceánico arroja secretos de antiguos impactos con la Tierra

La mayoría de impactos de asteroides en la Tierra han dejado pocos signos duraderos, pero aún siguen siendo detectables en los registros de los sedimentos oceánicos (Ilustración: Continental Dynamics Workshop/NSF)

El lodo en el fondo de los océanos guarda preciosas pistas sobre asteroides que impactaron con la Tierra en el pasado, según revela un nuevo estudio.

A los científicos les encantaría tener un mejor registro de los impactos de asteroides y cometas para comprender cómo estos catastróficos eventos han afectado a la vida y clima de la Tierra. Pero la mayoría de los impactadores que pasaron a través de la atmósfera o bien crearon cráter que posteriormente fue eliminado o se dieron un chapuzón en el océano.

Ahora, los científicos han desarrollado una nueva herramienta para descubrir estos eventos, basándose en las concentraciones del metal osmio halladas en el lodo del fondo de los océanos. La técnica fue desarrollada por François Paquay de la Universidad de Hawai en Honolulu, Estados Unidos, y sus colegas.

Los átomos de osmio aparecen en distintas variedades, o isótopos. El equipo de Paquay observó dos isótopos en concreto, uno de los cuales es ligeramente más pesado que el otro. Es importante resaltar que el osmio en los meteoritos es mucho más rico en la forma ligera que la materia nativa de la Tierra. Como resultado, los científicos pueden determinar cuánta materia de otros mundos hay presente en un depósito dado de metal que encuentren.

El equipo de Paquay ha estado buscando el metal en muestras de sedimentos oceánicos obtenidos taladrando en lecho oceánico. Los sedimentos se depositaron en capas a lo largo del tiempo, permitiendo a los científicos fechar cuándo se depositaron.

Impactos múltiples

En 1995, los miembros del equipo de Paquay apuntaron altos niveles del isótopo ligero de osmio – asociado con material extraterrestre – en los sedimentos oceánicos depositados aproximadamente en la época del impacto de meteorito que acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años.

Desde entonces, han encontrado otro gran pico en el osmio extraterrestre depositado en la época que tuvo lugar otro conocido impacto hace 35 millones de año. En esa época, múltiples impactos sacudieron la Tierra en lo que se conoce como los impactos del Eoceno Final.

El equipo estima que 80 000 toneladas de osmio procedente del objeto que aniquiló a los dinosaurios se evaporó por el calor del impacto. Entonces se disolvió en el agua del mar y finalmente se acumuló en el lecho oceánico. Los impactos del Eoceno Final hace 35 millones de años depositaron una cantidad estimada de 20 000 toneladas.

Impactos menores

Basándose en estas cantidades, el equipo estima que el objeto que acabó con los dinosaurios tuvo entre 4,1 y 4,4 kilómetros de diámetro, mientras que el mayor de los impactadores del Eoceno Final tendría entre 2,8 y 3 kilómetros.

Estas estimaciones son mucho menores de las anteriores basadas en el tamaño de los cráteres asociados con los eventos. Estas daban a los impactadores un tamaño estimado de 15 a 19 km para el que acabó con los dinosaurios, y 8 km para el mayor de los dos impactadores implicados en los impactos del Eoceno Final.

¿Dónde está la diferencia? Por una parte, los cálculos del equipo de Paquay suponen que el 100% del osmio de ls impactadores se evaporó y disolvió en el agua marina. Si un porcentaje menor terminó realmente en el lecho oceánico, entonces los impactadores podrían haber sido mayores.

¿Impactos de cometas?

Pero incluso tras tener esto en cuenta, Paquay cree que los impactadores fueron menores de lo que sugieren los cálculos de los cráteres. Si los impactadores fueron tan grandes como implican estos cálculos, entonces el 90% del osmio de los impactadores está oculto en algún lugar distinto a los sedimentos del océano. “Creemos que es improbable, pero no podemos descartar esta posibilidad sin más trabajo”, dice.

Otra posibilidad es que los objetos del impacto fueran cometas en lugar de asteroides, y contuviesen mucho menos osmio para empezar. Pero las trazas químicas que los impactadores dejaron en las rocas y que se informó en estudios anteriores sugieren que no fue así.

Kenneth Farley de Caltech en Pasadena, Estados Unidos, quien ha estudiado otras trazas de impactos en sedimentos, pero no es miembro del equipo de Paquay, está impresionado con el nuevo método.

“Espero que esta técnica permita la detección de impactos anteriormente desconocidos de tal forma que tengamos un mejor manejo de la frecuencia de impactos y valorar si – y cómo – los impactos afectaron a la vida y el clima”, dijo a New Scientist.

Firma única

Aunque los impactos también son conocidos por contribuir con cantidades inusualmente grandes de un elemento llamado iridio a los sedimentos, las concentraciones de iridio son mucho más difíciles de traducir en tamaños del impactador, dice Farley.

Al contrario que el osmio, el iridio extraterrestre no tiene una forma única de isótopo, por lo que es más difícil de distinguir del iridio nativo de la Tierra.

Y mientras las muestras muestran que el osmio se depositó equitativamente por todo el planeta, la distribución del iridio es por zonas, haciendo más difícil sacar conclusiones sin un gran número de muestras de distintas partes del planeta.


Autor: David Shiga
Fecha Original: 10 de abril de 2008
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