¿Necesitan otros sistemas estelares protegerse de la vida terrestre?

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Planetas habitables alrededor de otras estrellas podrían contaminarse con vida de la Tierra si alguna vez enviamos una nave a alguno de ellos (Imagen: NASA/JPL-Caltech).

La tecnología necesaria para enviar una sonda robótica a otro sistema solar está aún en un futuro lejano en el mejor caso. Pero un científicos dice que no es demasiado pronto para comenzar a pensar sobre cómo evitar la contaminación de planetas extrasolares con microbios “autoestopistas” de la Tierra.

Incluso las naves más rápidas de la actualidad necesitarían decenas de miles de años para llegar a las vecinas más próximas del Sol, Próxima y Alfa Centauri, que están a apenas 4 años luz de distancia y pueden albergar planetas similares a la Tierra.

Pero algunas de las tecnologías propuestas – tales como la propulsión nuclear, velas solares, y motores de antimateria – podrían teóricamente llevar a una nave a otro sistema solar en una vida humana.

Aunque estas tecnologías pueden estar en un futuro muy lejano, vale la pena pensar en el problema potencial de contaminar otros sistemas solares con vida terrestre, de acuerdo con un nuevo artículo de Charles Cockell del Centro de Investigación Astronómica de la Tierra, Planetas y espacio en la Universidad Abierta en Milton Keynes, Reino Unido.

¿Por qué debemos abordar el problema de la contaminación interestelar? Primero, está el “deseo utilitario de preservar ejemplos de otra vida de un enorme interés científico potencial”, dice Cockell. En anteriores escritos, también ha argumentado que los humanos tienen una responsabilidad ética de evitar dañar la vida de otros sistemas solares.

También puede ser un tema legal. El funcionario de protección planetaria de la NASA, Cassie Conley, apunta que el tratado del espacio exterior de 1967 estipula que los países deberían evitar la “contaminación dañina” de la Luna y otros cuerpos celestes.

Para respetar el tratado, la NASA sigue las pautas fijadas por un grupo de expertos internacionales con sede en París conocido como el Consejo de Investigación Espacial (COSPAR), el cual asesora a las Naciones Unidas y promueve la cooperación internacional en la investigación espacial.

Radiación espacial

En términos prácticos, esto significa que la NASA esteriliza sus naves que se encaminan a lugares potencialmente habitables del Sistema Solar.

La agencia ya no “cuece” las naves durante cuatro horas como hacía hace 30 años con los aterrizadores Viking de Marte, dado que las condiciones de superficie del planeta – tales como la radiación solar ultravioleta – deberían destruir rápidamente la vida terrestre.

Pero cualquier componente que excave en el terreno, donde podrían refugiarse potencialmente los microbios terrestres, aún es calentado antes del lanzamiento. El brazo del aterrizador marciano Phoenix de la NASA, que aterrizó en pasado domingo en el polo norte de Marte, fue esterilizado de esta forma debido a que excavará en el hielo que puede fundirse cada cierto tiempo, haciéndolo una posible zona habitable.

El problema de una protección planetaria interestelar aún no ha aparecido en la NASA. “Actualmente no tenemos una política sobre ese tema”, dijo Conley a New Scientist. Pero dice probablemente se aplicará el mismo principio de evitar la contaminación a cualquier misión a otro sistema estelar.

Y las misiones interestelares pueden ser incluso más fáciles de esterilizar que las interplanetarias. El tiempo de viaje extra proporciona más exposición a la radiación espacial, la cual gradualmente acaba con los polizones.

Esto debería acabar con cualquier microbio anclado en cualquiera de las cuatro naves de la NASA que ya están en el camino de salido del Sistema Solar, las sondas Pioneer 10 y 11 y Voyager 1 y 2.

‘Intercepción no planificada’

Estas naves simplemente avanzan gracias a la velocidad obtenida dejada por sus investigaciones científicas en el Sistema Solar exterior, y no están dirigidas hacia ningún sistema estelar en concreto. Dado el diminuto volumen de espacio que ocupan los planetas en el universo, “el improbable que alguna de ellas se cruce con un planeta, mucho menos uno que sea habitable”, escribe Cockell.

Pero si una futura nave espacial es deliberadamente enviada hacia planetas habitables alrededor de otras estrellas, existe la posibilidad de una “intercepción no planificada” – un aterrizaje forzoso no intencionado, en otras palabras, el cual podría llevar microbios terrestres a tales planetas.

Con la tecnología de propulsión rápida, el viaje podría durar sólo décadas, lo cual estima Cockell que no acumularía suficiente radiación espacial para acabar con los microbios resistentes a la radiación como el Deinococcus radiodurans.

Sugiere calentar la nave interestelar en su camino al destino, lo cual gradualmente esterilizaría a los polizones degradando su ADN. Pero dice que se necesita más investigación, incluyendo experimentos de laboratorio, para probar este y otros métodos de esterilización.


Autor: David Shiga
Fecha Original: 23 de mayo de 2008
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