Planeta Fascinante en Agosto

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Ya os comentaba el mes pasado la aparición en el mercado de una nueva revista científica con el sugerente nombre de “Planeta Fascinante”. El grupo de dirección y redacción de la revista quería darle un toque distinto a su publicación y aprovechando el auge de Internet, y del fenómeno blog en general, contactaron con algunos bloggers de temática cercana a la publicación. A lo largo de este tiempo hemos tenido la suerte de poder participar en el proceso de creación del ejemplar de agosto, y en particular incluso se me invitó a escribir un artículo para la misma.

Como no podía ser de otra manera, el tema escogido fue SETI, os dejo aquí como avance del ejemplar que mañana saldrá a la venta el artículo escrito para Planeta Fascinante. Junto al mismo podréis encontrar otros temas apasionantes como “La Física de lo imposible”, de Michio Kaku, Nanopartículas, Tunguska, y muchas cosas más. Debido al carácter generalista de la publicación el artículo es de un nivel bajo, intentando una aproximación cómoda y atractiva para los que se encuentran por primera vez ante la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre.

SETI: ¿Hay alguien ahí afuera?

Desde los inicios de la historia de la humanidad, el hombre ha reflexionado sobre preguntas trascendentes. “¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hay algo más allá de la muerte?” y un largo etcétera de cuestiones que han empujado los límites del conocimiento y la curiosidad humana. Para dar solución a estas preguntas surgieron distintas ramas del saber que han tratado de dar respuesta a estas intrigas.

En el artículo que nos ocupa nos centraremos en una de esas preguntas, ¿Hay vida más allá de la Tierra? Con el continuo crecimiento del saber humano en los últimos siglos en cuanto al universo se refiere, la pregunta sobre si existirán otras civilizaciones en remotos rincones del universo cobra cada vez más interés. El reciente nacimiento de la astrobiología, la vida en el universo como ciencia, ha supuesto un acercamiento riguroso a esta pregunta que nos planteamos, en concreto abordaremos uno de los enfoques más conocidos y veteranos que tratan de desvelar el misterio de la vida extraterrestre, el proyecto SETI.

SETI acrónimo de Search of ExtraTerrestrial Intelligence, Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, es un conjunto de proyectos que “escuchan” el universo en busca de mensajes de posibles civilizaciones alienígenas. De la misma forma que los humanos nos comunicamos mediante ondas de radio a través de, por ejemplo, la televisión, otras civilizaciones podrían estar haciendo lo mismo, ¿podríamos sintonizar alguna de sus transmisiones?

Debemos tener en cuenta que el universo es un lugar inmenso, sólo en nuestra galaxia, la Vía Láctea, se estima que hay cien mil millones de estrellas, y nosotros vivimos orbitando una de ellas. Por lo tanto, conectar una antena buscando una señal es como buscar una aguja en un pajar, ¿Hacia dónde dirigirla? ¿En qué dial sintonizar?

A pesar de los esfuerzos de algunas de las mentes más preclaras de la ciencia durante la última mitad de siglo, y de los avances en tecnología experimentados en este periodo de tiempo, la búsqueda hasta el momento ha sido infructuosa. Apenas un puñado de señales han podido catalogarse siquiera como candidatas a comunicaciones alienígenas y, hoy por hoy, cada una de ellas por distintas razones se ha descartado como posibilidad real.

La misma inmensidad del universo que resulta un obstáculo para la detección de una señal es la que alienta a los entusiastas de este proyecto, tanto aficionados como profesionales. Tantos miles de millones de galaxias con miles de millones de estrellas, cada una de ellas con planetas, entre tantas posibilidades parece increíble que seamos los únicos seres vivos con capacidad tecnológica en el universo. En el anterior número de Planeta Fascinante hablábamos de “La Apasionante Vida de las Estrellas” y de cómo estos gigantes cósmicos siembran la materia prima de la vida por todo el espacio. Como decía uno de los máximos impulsores de SETI, Carl Sagan: “Si estamos solos en el universo, ¡cuánta cantidad de espacio desaprovechado!”. Aunque sólo sea por una mera cuestión estadística y esta idea de economía universal la búsqueda parece tener sentido.

Las buenas noticias son que no tienes que esperar sentado, si quieres tú también puedes ayudar en esta búsqueda desde casa sin necesidad de un complejo equipo científico.

Uno de los mayores atractivos que tiene este proyecto para el aficionado es la posibilidad de implicarse directamente en la búsqueda. En 1979 la Universidad de California en Berkeley daba inicio a su particular caza de señales iniciando el proyecto SERENDIP. Dado que debido a que con la falta de resultados positivos se iba perdiendo parte del empuje inicial de SETI, los científicos de Berkeley optaron por una solución compartida. En lugar de usar equipos exclusivamente dedicados al rastreo de señales alienígenas, con el coste económico y científico que eso conlleva, usarían los datos obtenidos por otros proyectos para analizarlos desde el punto de vista de SETI. Así pues recopilan información recibida por el radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico, cuando otros proyectos enfocan la antena para hacer sus trabajos de investigación, por lo que se aprovecha el tiempo de escucha el doble. Esta práctica ha tenido éxito que se han ido produciendo distintas fases del proyecto SERENDIP hasta llegar a la actual SERENDIP IV, mejorando los receptores de señal en cada una de ellas de forma que los datos obtenidos aportasen más información cada vez y de mejor calidad.

Con el desarrollo del proyecto SERENDIP, los científicos de Berkeley llegaron a un punto clave. La información se recibía a una velocidad más rápida de lo que eran capaces de procesarla en sus ordenadores. David Anderson y Dan Werthimer idearon una inteligente solución a este problema. La única respuesta posible era usar un superordenador para procesar de forma más rápida estos datos, pero debido a que esto era un gasto más allá de lo que la universidad podía costear, su idea fue aprovechar las tecnologías actuales. ¿Y si en lugar de un gran ordenador usamos miles de pequeños ordenadores corrientes para realizar los cálculos? De esta forma y gracias a Internet, nacía el primer proyecto de computación distribuida, SETI@Home, en el que cualquier usuario de Internet con un ordenador básico, puede usar el tiempo que su equipo no está trabajando para analizar estas señales y retornar los datos a Berkeley. El éxito de la propuesta fue tal que hubo más de 5 millones de usuarios registrados en el proyecto y más de medio millón analizaban datos de forma habitual. El proyecto siguió evolucionando con el tiempo y apareció la plataforma BOINC, en la que se integra el proyecto SETI@Home II. Esta plataforma permite aunar distintos proyectos de investigación en un único software, ahora tú también puedes ayudar a encontrar una cura para el cáncer, estudiar el universo o analizar señales extraterrestres, por poner unos ejemplos, simplemente con tu ordenador habitual y una conexión a Internet.

El proyecto SERENDIP no ha logrado encontrar hasta el momento ninguna señal extraterrestre pero mientras se continúa el análisis, el tiempo de estudio no ha sido baldío. Se ha podido analizar detalladamente el hidrógeno de la galaxia además de un concienzudo estudio de púlsares.

Pero aún puedes dar un paso más. ¿Eres un “manitas”? A lo largo de todo el mundo distintas organizaciones de aficionados, o incluso usuarios aislados, han llevado a cabo sus propias iniciativas SETI. Instalando una antena parabólica y orientándola hacia el espacio estos usuarios reciben señales que posteriormente analizan mediante un software diseñado para este propósito específico. El grupo de SETI aficionado conocido como Proyecto BAMBI pone a tu disposición todo lo necesario para que comiences tu propia búsqueda. Con una pequeña antena, algunos circuitos electrónicos y un PC normal puedes escuchar el universo y, ¿quién sabe?, tal vez encuentres la aguja del pajar.

No obstante, de forma paralela a los avances SETI, también han aparecido críticas a estos estudios. Posiblemente la más conocida sea el argumento enunciado por el físico italiano Enrico Fermi en 1950 y que se ha dado en llamar la “Paradoja de Fermi”. La idea podría resumirse de la siguiente forma: “La creencia común de que el Universo posee numerosas civilizaciones avanzadas tecnológicamente, combinada con nuestras observaciones que sugieren todo lo contrario es paradójica sugiriendo que nuestro conocimiento o nuestras observaciones son defectuosos o incompletos”.

¿Si existen tantas civilizaciones, por qué no las vemos? ¿Somos los únicos, estamos muy alejados, no sabemos buscar? Las dudas persisten aún hoy a falta de un resultado positivo.

Las críticas al proyecto no sólo se centran en su validez como empresa científica, sino como concepto. El afán de conocimiento y la esperanza de contactar y tratar de apaciguar la soledad que siente el ser humano en la vastedad del universo son considerados por muchos una ingenuidad e insensatez. Además de nuestra escucha, los seres humanos hemos intentado hacernos ver por distintos métodos. Con las sondas Voyager se enviaron unas placas de oro grabadas con cierto conocimiento respecto al ser humano, hemos tratado de lanzar una bengala interestelar a través de emisiones de radio desde distintos radiotelescopios e incluso hemos enviado canciones al espacio en previsión de que alguna lejana civilización las reciba y sepa que hay alguien más allí afuera. ¿Es sensato todo esto? Según grupos relacionados con la seguridad estas iniciativas ponen el peligro el planeta. ¿Qué sucede si nos estamos dando a conocer a civilizaciones hostiles? ¿Podríamos terminar colonizados o aniquilados por otra raza superior? ¿Es justificable este nivel de paranoia? La respuesta está en cada uno.

Un poco de historia

Los inicios del proyecto se remontan a la década de 1960, cuando uno de los científicos más destacados del momento, el astrónomo estadounidense Frank Drake, propuso estudiar de forma seria la posibilidad de captar señales alienígenas, hasta el momento los esfuerzos se habían limitado a charlas teóricas y especulaciones filosóficas, era hora de empezar a usar la tecnología. Aparte de su aportación técnica a la búsqueda, Drake es el autor de uno de los conceptos teóricos más famosos asociados a SETI, la conocida como Ecuación de Drake que permite a través de unos parámetros estimativos calcular la cantidad de civilizaciones alienígenas en nuestra galaxia.

El Proyecto Ozma fue el precursor de los actuales esfuerzos SETI, usando la antena del radio telescopio de Green Bank como una oreja hacia el universo, tratando de captar alguna señal de radio artificial. Se seleccionaron distintos puntos del cosmos con ciertas posibilidades de éxito y se almacenaron los datos recopilados en cintas magnéticas para su posterior análisis, no se encontró nada de relevancia en las grabaciones pero se marcaba el inicio de una búsqueda que dura hasta nuestros días.

Sin embargo, esto no supuso un revés para los científicos implicados en el proyecto que seguían haciendo especulaciones sobre las frecuencias y zonas más probables en las que podría recibirse una señal. A lo largo de toda la década de los 60 se extendió la popularidad de SETI, alcanzando a nombres tan importantes en la ciencia como Carl Sagan , Bernard Oliver o el soviético Iosif Shklovsky que seguían desarrollando nuevas ideas y tecnologías para avanzar en la escucha.

En julio de 1967 tuvo lugar un descubrimiento que parecía conectarnos con nuestros vecinos galácticos. Los astrofísicos Jocelyn Bell y Antony Hewish detectaron una señal de radio procedente del espacio sorprendentemente regular. Exactamente cada 1.3373 segundos enviaba un pulso de radiación. ¿Qué otra cosa podría ser aparte de una emisión inteligente? De forma humorística Bell y Hewish llamaron a esta fuente LGM (de Little Green Men – Hombrecillos Verdes) dejando patente la idea de un origen artificial extraterrestre. Podemos explicar esos momentos iniciales en palabras de la propia Jocelyn Bell:

“Realmente no creíamos que hubiésemos captado señales de otras civilizaciones, pero obviamente la idea pasó por nuestra mente y no teníamos pruebas de que fueses una emisión de radio completamente natural”.

Posteriormente Fred Hoyle y Thomas Gold identificaron de forma correcta la fuente de radio. Se trataba de una estrella de neutrones, con potentes campos magnéticos y una velocidad de giro endiablada. No se había descubierto la señal inteligente, pero el avance científico llevó el Premio Nobel a Hewish y Martín Ryle en 1974 por su trabajo sobre púlsares y radioastronomía. En una decisión bastante polémica, Bell quedó apartada de este premio, tal vez por ser sólo una estudiante cuando se descubrió ese primer púlsar.

En el año 1963, la Universidad Estatal de Ohio (OSU) ponía en marcha su propio proyecto SETI. La antena Big Ear (Gran Oreja) se ponía en funcionamiento y daba inicio al primer proyecto continuado de escucha en busca de una señal extraterrestre. Las señales recogidas por el radiotelescopio eran analizadas por un programa de ordenador que las traducía a un código de cifras y letras y las imprimía en un papel. Los científicos esperaban ver una secuencia concreta que marcaba una posible señal inteligente del espacio. El 5 de agosto de 1977, Jerry Ehman, voluntario del proyecto hizo un pequeño círculo sobre el grupo de caracteres 6EQUJ5 que apareció en el papel impreso, exactamente lo que se esperaría de una señal de nuestros vecinos galácticos. Asombrado por lo que acababa de descubrir. Jerry escribió en el folio de los datos la expresión de sorpresa ¡Wow!, dando nombre a dicha señal, que hoy día sigue siendo nuestra mejor baza para una comunicación interestelar. Por desgracia los continuados intentos por volver a captarla han sido fallidos lo que ha llevado a mucha a gente a especular sobre un error en los datos o un posible origen terrestre. Aún hoy algunos entusiastas siguen apuntando sus antenas hacia la constelación de Sagitario con la esperanza de volver a recibir la transmisión.

Otras búsquedas SETI

La suposición principal ha sido desde un inicio que civilizaciones extraterrestres usarían una tecnología similar a la nuestra para comunicarse mediante ondas de radio. Pero, ¿Y si no es así? Imaginemos una civilización más avanzada que haya superado esta arcaica fase de las telecomunicaciones y estén usando otros métodos como podrían ser pulsos de luz láser o incluso algunas exóticas partículas como los neutrinos.

Con la idea de abordar un rango más amplio de opciones empezaron a surgir proyectos SETI paralelos centrados especialmente en la vertiente óptica en contra de la más corriente de radio. En 1983, Charles Townes, uno de los creadores del láser realizó un detallado estudio sobre la posibilidad de la luz láser como método de comunicación entre civilizaciones extraplanetarias, sentando las bases teóricas del SETI óptico. A lo largo de los años 90 distintas organizaciones, entre ellas de nuevo la Universidad de California en Berkeley, han llevado a cabo distintos proyectos de investigación basados en SETI Óptico buscando la tan ansiada señal.

Enlaces de interés:

Información de SETI en Español: http://www.astroseti.org
Proyecto SETI@Home: http://setiathome.berkeley.edu/
BOINC en español: http://www.canalboinc.org/
Proyecto BAMBI: http://www.bambi.net/

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