Los meteoritos podrían haber espesado la sopa primordial

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Las altas presiones y temperaturas de los impactos pueden crear compuestos químicos orgánicos complejos, según demuestran las pruebas.

En las recientes eras geológicas, grandes cuerpos extraterrestres que colisionaron con la Tierra han sido asociados a extinciones globales, pero unos nuevos experimentos demuestran que los impactos masivos que tuvieron lugar al inicio de la historia de nuestro planeta podrían haber creado la materia prima para la vida.

Las infernales temperaturas y presiones que se generan cuando un objeto extraterrestre impacta con la Tierra a velocidades de varios kilómetros por segundo son suficientes para destrozar y evaporar la roca (SN: 6/15/02, p. 378). Aún así parte de tal inmenso estallido de energía puede disparar reacciones químicas que generen sustancias orgánicas complejas a partir de ingredientes inorgánicos básicos, dice Takeshi Kakegawa, geoquímico de la Universidad Tohoku en Sendai, Japón. Él y sus colegas llevaron a cabo experimentos de laboratorio para simular el impacto de un meteorito común en uno de los océnanos primigenios de la Tierra. El equipo informa de sus conclusiones en el ejemplar del 7 de diciembre de la revista Nature Geoscience.

Primero, los investigadores llenaron diminutas latas de gruesas paredes de acero inoxidable con distintas mezclas de carbono, hierro y níquel — constituyentes comunes de los meteoritos— y agua, amoniaco y nitrógeno, compuestos significativos de la antigua atmósfera y océanos. Entonces, el equipo disparó un objetivo sólido contra las latas. La onda del impacto mantuvo brevemente a los materiales encerrados a temperaturas cerca de los 4 700° Celsius y presiones de aproximadamente 60 000 veces la atmósfera a nivel del mar. Estas temperaturas y presiones son similares a las que se generarían por el impacto de un gran meteorito en la Tierra a una velocidad de 2 kilómetros por segundo, dice Kakegawa.

Tras cada prueba, Kakegawa y su equipo limpiaban el exterior de las latas, taladraban un agujero en ellas, y extraían y analizaban los contenidos. En dos de las cinco pruebas del equipo, los impactos crearon ácidos grasos como los que se encuentran en las membranas celulares, y también una variedad de aminos, los ingredientes de los aminoácidos, dice Kakegawa. En una de las pruebas, el impacto generó sustanciales cantidades de glicina, el menor de los 20 aminoácidos usados comúnmente en las proteínas.

Ninguno de los compuestos químicos orgánicos generados por los impactos fue contaminación debida a un manejo defectuoso, señala Kakegawa. Esto se debe a que todo el carbono de las sustancias resultantes era el isótopo carbono-13, la misma extraña forma que él y sus colegas usaron en la mezcla original.

Los científicos estiman que alrededor de 4 trillones (1018) de toneladas de meteoritos cayeron a la Tierra hace entre 4400 y 3800 millones de años. Incluso aunque los meteoritos contienen, de media, aproximadamente un 0,1 por ciento de carbono, los impactos oceánicos durante esta era podrían haber generado al menos cien mil millones (1011) de toneldas de sustancias orgánicas, según estiman los investigadores. Aunque estos compuestos químicos no podrían haber sobrevivido a las condiciones en el momento y lugar del impacto, probablemente podrían haberse formado a temperaturas más tolerables presentes en las columnas de vapor y roca evaporada que se lanzaban hacia el cielo en las secuelas.

Los nuevos análisis del equipo “son un buen trabajo”, dice George Cody, geocientífico de la Institución Carnegie para la Ciencia en Washington, D.C. Un número de estudios anteriores han apuntado que los bloques básicos de la vida podrían haberse generado por rayos en la atmósfera de la antigua Tierra (SN: 6/3/00, p. 363) o en las profundidades de las fumarolas hidrotermales (SN: 9/9/00, p. 175; SN: 2/2/08, p. 67). Con múltiples fuentes de tal materia prima “se hace más difícil determinar el origen de la vida”, añade Cody. No obstante, señala, “cuanto más aprendemos, más vemos cómo de rica era la joven Tierra en compuestos orgánicos”.



Autor: Sid Perkins
Fecha Original: 7 de diciembre de 2008
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