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| Imagen infrarroja tomada por el telescopio espacial Hubble , donde los dos puntos blancos de brillo similar se corresponden a las imágenes A (arriba) y B (abajo) de Q0957+561. Entre las dos imágenes del cuásar (aunque más próxima a la B) se aprecia la galaxia lente principal (objeto extendido). Imagen: Proyecto CASTLES |
Las variaciones en el brillo del cuásar Q0957+561, conocido como el “cuásar gemelo” debido a que su imagen llega duplicada a la Tierra, son intrínsecas al propio astro y no son causadas por efectos de la gravedad de posibles planetas o estrellas de una galaxia lejana. Ésta es la conclusión de un estudio en el que han participado investigadores españoles, y con el que se resuelve un misterio que intrigaba a los astrónomos desde hace 30 años.
Imagen infrarroja tomada por el telescopio espacial Hubble , donde los dos puntos blancos de brillo similar se corresponden a las imágenes A (arriba) y B (abajo) de Q0957+561. Entre las dos imágenes del cuásar (aunque más próxima a la B) se aprecia la galaxia lente principal (objeto extendido). Imagen: Proyecto CASTLES
El cuásar Q0957+561, situado a unos 9.000 millones de años luz en la constelación de la Osa Mayor, fue descubierto en 1979 por un equipo anglo-estadounidense. Desde entonces los científicos han logrado explicar porqué se observan dos imágenes del mismo objeto -separadas por algo menos de dos milésimas de grado en el cielo-, pero hasta ahora no habían podido confirmar a qué se deben las “rápidas” (duran varios meses) variaciones en su brillo.
El agujero negro tiene un problemático hermano, la singularidad desnuda. Los físicos han pensado – y deseado – desde hace mucho tiempo que podría no existir. ¿Pero podría?
No te gustaría estar cerca cuando arranque un agujero negro giratorio. Parece que pueden almacenar y liberar la energía de miles de millones de supernovas, con consecuencias potencialmente devastadoras para sus galaxias madre.



