Investigación militar y pseudociencia

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Detector LIGOHoy, por fin, he logrado ponerme al día con los artículos atrasados que tenía de mis vacaciones navideñas. Llegando ya al final de artículos acumulados he encontrado uno que me ha resultado muy interesante. La cuestión no es tanto lo que dice, que ya es reseñable, sino la reflexión que me ha generado al leerlo, por lo que saliéndome un poco de la tónica habitual de la web, este artículo no será una traducción del original sino más bien un resumen del mismo que me permita exponer las ideas que me ha suscitado.

El artículo en sí se publicó el 19 de diciembre de 2008 en la revista New Scientist bajo el título US investigation into gravity weapons ‘nonsense’ (La investigación de Estados Unidos en armas gravitatorias es una ‘insensatez’”).

El artículo describe cómo la Agencia de Inteligencia de Defensa de los Estados Unidos (DIA), ha estado estudiando el peligro potencial que supondría un arma fabricada a partir de ondas gravitatorias.

Las ondas gravitatorias son ondulaciones del tejido del espacio-tiempo contempladas en la Teoría de la Relatividad General propuesta por Einstein. Estas ondas estarían generadas por el movimiento de masas extremadamente grandes, como por ejemplo una estrella de neutrones o algún otro objeto muy denso. Hasta el momento las ondas gravitatorias sólo se han observado de forma indirecta, en eventos como la pérdida de energía en estrellas binarias de neutrones superdensas, pero ninguno de los detectores fabricados para la detección de estas ondas ha tenido éxito hasta el momento en registrar su señal.

Entonces, ¿cómo es posible que un evento astronómico prácticamente teórico esté siendo investigado por una agencia militar para evaluar su peligro potencial para la defensa del país?

Según una empresa estadounidense, GravWave, se afirma que es posible que el ser humano pueda crear potentes ondas gravitatorias en la Tierra basándose en un efecto conocido como “Efecto Gertsenshtein”. Dicho efecto sostiene la posibilidad de crear ondas gravitatorias a través de ondas electromagnéticas bajo la influencia de un potente campo magnético.

Ante el temor de que una potencia enemiga pudiese desarrollar dicha tecnología, se solicitó al Grupo Asesor de Defensa JASON que estudiasen dichas afirmaciones para asegurarse ante un peligro potencial. Tras realizar los cálculos pertinentes, el grupo JASON llegó a la conclusión siguiente extraída del informe de 40 páginas con el que se dio por cerrada la investigación: “Estas propuestas pertenecen al dominio de la pseudociencia, no de la ciencia”.

Hasta aquí parece todo más o menos coherente. Se propone la posibilidad de una nueva tecnología, se evalúa un posible riesgo militar y se acepta o descarta en función de un estudio riguroso. El problema viene cuando se pregunta a los expertos por su opinión sobre la investigación, no por el resultado de la misma, sino porque hayan necesitado de un informe de 40 páginas para llegar a semejante conclusión.

Según Karsten Danzmann del Instituto Max Planck de Física Gravitatoria en Hanover, Alemania, donde trabaja con el detector de ondas gravitatorias GEO600: “La propuesta es un completo sinsentido. Estoy un poco sorprendido de que la agencia lo catalogase para su evaluación e investigación – probablemente habría bastado simplemente con preguntar a un asesor científico interno”.

David Shoemaker, del MIT en Cambridge, Massachusetts, y miembro del proyecto LIGO para detectar ondas gravitatorias concuerda en que una rápida llamada a un físico habría sido suficiente.

Ante dicha situación me han asaltado distintas reflexiones que paso a compartir con todos vosotros:

Parece que el gasto en presupuestos militares es prácticamente ilimitado, mientras millones de científicos de todo el mundo deben hacer malabares para lograr financiación para proyectos de investigación serios e importantes, parece que dentro del ejército se pueden permitir el lujo de mantener un equipo de científicos estudiando una propuesta que, en el mejor de los casos, tiene un bagaje científico subyacente escaso.

Dentro del aparente despilfarro que supone dicha investigación, tiene ciertos aspectos positivos notablemente positivos. El primero es descartar un argumento pseudocientífico, analizándolo en detalle, sacando a la luz sus errores y exponiendo la física real que lo acompaña. Esto no es sólo positivo por el hecho de descartar ideas erróneas, ya sean errores inocentes o mentiras con ánimo de lucro, sino porque podría suponer un ahorro de tiempo y dinero a largo plazo. Distintas agencias gubernamentales de los Estados Unidos (CIA, DIA Ejército etc…) tienen un historial de proyectos pseudocientíficos a sus espaldas nada recomendable. Resulta triste que se dediquen grandes esfuerzos de recursos, tanto humanos como económicos, a proyectos cuya credibilidad científica de partida es escasa o nula, como sucedió con la investigación “psi” del Proyecto Stargate o las bombas de hafnio. Ambos proyectos acumularon deudas de millones de dólares a lo largo de los años en los que estuvieron activos simplemente para llegar a la misma conclusión de las armas de ondas gravitatorias, ideas no científicas. Es decir, siempre es mejor dedicar unos meses a redactar un informe de unas decenas de páginas que descarten una idea, a embarcarse en un proyecto durante años con el consiguiente gasto económico y de personal para llegar al mismo punto.

Ya por último, pero posiblemente la más importante, es una lectura que se suele realizar de estudios como estos, y que en mi opinión es totalmente falaz. ¿Quién no ha oído alguna vez? “El ejército de los Estados Unidos dedicó X años y N millones de dólares a estudiar Y”, usándolo como argumento de autoridad. Es decir, si un organismo tan importante como una agencia gubernamental de Estados Unidos dedica tantos recursos a un estudio, “algo de cierto tiene que haber”. Falso. El que se realice un estudio no le otorga validez al mismo, de hecho ni siquiera crea una duda razonable sobre su validez, un estudio riguroso y los resultados del mismo son los que apoyan, o no, su veracidad. En las ondas gravitatorias tenemos un buen ejemplo de ello.

De hecho resulta especialmente paradójico que los mismos que se apoyan en el argumento de autoridad para defender la veracidad de ciertas investigaciones, no usen el mismo rasero para investigaciones procedentes del mismo organismo. En caso de que una investigación de, por ejemplo, la CIA apoye nuestras tesis, ésta será tomada como la “verdad absoluta”. Cualquier estudio anterior, posterior, o simultáneo que ponga en duda esas tesis será descartado, los de la CIA lo saben todo, ya se sabe. De hecho ni siquiera las conclusiones serán relevantes, el hecho de que se haya estudiado le da validez, aunque la conclusión final haya sido negativa.

Otro problema lo observamos cuando nos movemos al extremo opuesto, ¿qué sucede cuando de nuevo la CIA de nuestro ejemplo, proporciona un estudio que va contra una tesis defendida? En este caso acudiremos al argumento “conspiranoico”. Todo el mundo sabe que la CIA miente y manipula, está al servicio del gobierno y tratan de ocultarnos la verdad, nada de lo que digan es fiable.

Resulta impactante este doble rasero, más cuando habitualmente se encuentra dentro del mismo discurso.

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