La gravedad es una fuerza débil, lo cual hace que se extremadamente difícil realizar experimentos reales (o llevar a cabo observaciones astronómicas) que nos den detallados directos y cercanos datos sobre el comportamiento de la gravedad cuántica. Deberíamos estar agradecidos, por tanto de que hayamos sido capaces de aprender tanto sobre la gravedad cuántica (y sabemos unas cuantas cosas) simplemente sentándonos en nuestras sillas y haciendo experimentos mentales, restringidos sólo por los principios básicos de la relatividad general y la mecánica cuántica. Sin duda, los laboratorios más prolíficos de experimentos mentales han sido los agujeros negros. En concreto, el descubrimiento de Hawking de que los agujeros negros irradian y tienen entropía ha llevado a una enorme cantidad de investigación, y alguna de la misma ¡ha sido realmente productiva! Uno de los momentos destacados fue ciertamente el cálculo de 1996 de Strominger y Vafa, que usaron algunos trucos de la Teoría de Cuerdas para contar en realidad en número de estados cuánticos ocultos en un agujero negro, de una forma que habría hecho sentirse orgulloso a Boltzmann, y aparecer con una respuesta que encajaba con precisión en la fórmula de Hawking.
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