Los rayos pueden haber cocinado la cena de la vida inicial

Los primeros microbios pueden haber dependido de los rayo para que cocinasen su comida, dicen los investigadores.

Cuando los rayos impactan en arena o sedimentos, el camino seguido por el rayo puede fundirlas en un tubo vítreo llamado fulgurita. Un nuevo análisis de estos restos sugiere que los rayos fríen los nutrientes de fósforo a una forma más digerible.

La mayor parte del fósforo en la Tierra existe en forma de fosfato oxidado, pero muchos microbios prefieren un fósforo parcialmente oxidado más raro – el fosfito.

Combustible para la vida

Matthew Pasek y Kristin Block de la Universidad de Arizona en Tucson, usaron un escáner RMI sobre 10 fulguritas y encontraron que cinco contenían fosfito. El terreno de alrededor sólo contenía fosfato.

Sugieren que la alta energía del impacto de un rayo arranca un átomo de oxígeno de los compuestos de fosfato, creando fosfitos. “La vida inicial puede haber usado fosfitos para formar sus biomoléculas clave, como el ARN y el ADN”, dice Pasek.

Actualmente, las influencias antropogénicas tales como la corrosión del acero, proporcionan la fuente primaria de fosfitos del entorno, pero antes de esta entrada antropogénica Pasek y Block creen que los rayos habrían sido la fuente principal, produciendo hasta 3000 kilogramos de fosfitos al año.


Revista de referencia: Nature Geoscience (DOI: 10.1038/ngeo580)

Autor: Kate Ravilious
Fecha Original: 13 de julio de 2009
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Comment (1)

  1. Interesante artículo que me lleva a plantear alguna pregunta ¿Sabemos realmente de donde venimos?. Es verdad que la Tierra con su enrarecida atmósfera, sus aguas aún calientes y con una alta mezcla de productos que componían una especie de caldo primordial, al ser bombardeada continuamente por rayos eléctricos y radiaón gamma y ultravioleta llegadas del espacio exterior (aún no existía la capa de ozono protectora), dio como resultado el surgir de microscópicos seres bacteriológicos y células que inundaron los mares y océanos del planeta.

    Más tarde, durante millones de años la evolución realizó su trabajo y con el paso del tiempo, miles de especies emergieron a la vida para desaparecer y dejar el paso libre a otras más evolucionadas que se adaptaban mejor a las condiciones reinantes en la Tierra.

    No se concibe el surgir de la vida sin la incidencia en nuestro planeta de esos rayos eléctricos y radiación cósmica venida del espacio interestelar que, hizo posible la transición de fase desde la materia “inerte” a la materia viva.

    La vida ha tenido la suerte de emerger en un planeta que, en los arrabales de la Galaxia, goza de un tranquilo entorno al estar situada en la parte interior del brazo de Orión a cerca de 30.000 a.l. del turbulento centro galáctico. La distancia a la que estamos situado del Sol, ayudó bastante a que todo se desarrollara en la dirección adecuada y, después de aquellos primeros millones de años de bombardeo energético, los seres vivos que poblaron el planeta se vieron favorecidos por la formación de la actual atmósfera que los protege de la dañina radiación.

    Y, como dice el artículo, sí podemos pensar que, el origen de la vida, podría estar anclado en esos rayos que, como combustible para la vida inicial, la hizo posible bajo ciertas condiciones.

    De la misma manera, y, en la seguridad de que los mecanismos y leyes del Universo son las mismas en todas partes, habrán surgido seres vivos en otros lugares lejanos, tanto en nuestra Galaxia como en otras de los cientos de miles que en el Universo son.

    El día (lejano aún en el futuro) que podamos decir que hemos burlado el muro de la velocidad de la luz, ese día, podremos también comprobar estos pensamientos que nuestra mente imagina en mundos perdidos en la inmensidad del espacio que, como el nuestro, alberga a seres que, como nostros mismos, piensan en sus orígenes y también en su destino.

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