Histeria masiva

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OVNI

De las especulaciones salvajes en los mercados financieros a la creencia que los alienígenas nos están visitando, los humanos son propensos a todo tipo de ilusiones personales y de masas – y así ha sido durante siglos.

¿Por qué la gente cree en fenómenos tales como los OVNIs, abducciones alienígenas, cirugía psíquica y fantasmas, cuando las pruebas son tan escasas y poco convincentes?

¿Por qué alguna gente insiste en que hay una “cara” en Marte cuando se ha demostrado que es un truco de la luz, o que los círculos en los campos de cereales son artefactos alienígenas cuando los bromistas que crearon estos ingeniosos engaños demostraron cómo se habían hecho?

¿Por qué la gente sigue creyendo que hubo en un tiempo una civilización avanzada, ahora perdida, conocida como Atlántida cuando ingentes cantidades de arqueólogos dicen que no se ha arrojado ninguna prueba de su existencia? ¿O incluso que la acupuntura o la homeopatía pueden tratar grandes males, cuando un gran número de estudios fiables demuestran lo contrario?

Sabemos que las percepciones humanas tienden a ser poco fiables: simplemente escucha los testimonios de diferentes testigos de un incendio o un accidente de tráfico y te preguntarás si están describiendo el mismo evento. Pero, ¿por qué tanta gente se ve atraída por las teorías de la conspiración, o las supuestas profecías del boticario francé del siglo XVI Michel de Nostredame (más conocido como Nostradamus)?

Las ilusiones colectivas ocurren, y han tenido lugar a lo largo de la historia: los sociólogos Robert Bartholomew y Erich Goode han detallado cómo las creencias falsas o exageradas a menudo pueden surgir de forma espontánea, extenderse rápidamente en una población y temporalmente afectar a una región, cultura o nación entera.

A menudo se la conoce (imprecisamente) como ‘histeria colectiva’, y hay muchos factores que contribuyen al surgimiento y expansión de tales ilusiones colectivas. Éstas incluyen los rumores, extraordinaria ansiedad pública o excitación, creencias culturales o estereotipos compartidos, y amplificación de estos por los medios de comunicación masiva, así como el refuerzo de sus acciones por autoridades como políticos, policía o militares.

Charles Mackay, periodista escocés y editor de Illustrated London News, comenta cómo de propensa es la gente a la sugestión en su libro de 1841, Extraordinary Popular Delusions and the Madness of Crowds (Ilusiones populares extraordinarias y la locura de las muchedumbres).

Y está claro que lo que describe no es sólo un tema de interés académico o una charla intrascendente para una fiesta: los ejemplos modernos han destruido trabajos, compañías e incluso economías. La crisis financiera global, que ahora reverbera en toda la economía mundial, empezó con una salvaje y desbocada deuda que todo el mundo sabía que era insostenible dado que dependía de que los prestatarios volviesen a pagar cantidades que claramente estaban más allá de sus medios. ¿No es esto una ilusión colectiva masiva?

En las bonanzas y crisis económicas, de cuyos ciclos hemos entrado y salido tantas veces, podemos ver que este mismo comportamiento ilusorio entra en juego repetidas veces. Mackay nos recuerda algo que es perturbadoramente familiar: en el pico de la “tulipán-manía” en febrero de 1637, escribe, los contratos de tulipanes se vendieron por más de 10 veces los ingresos anuales de un hábil artesano, y en un punto, se ofrecieron cinco hectáreas de tierra a cambio de un únco bulbo de tulipán Semper Augustus.

De los infructuosos siglos de estudio de la transmutación de elementos en oro, a la quema de brujas en Salem; de la locura del siglo XVII de usar imanes para curar los males, a las campañas militares de 200 años de los cruzados y su impacto social, económico y político de gran alcance – las ilusiones colectivas han sido una constante a lo largo de la historia.

Pero también entran en juego de forma individual, desde los cuentos de abducciones alienígenas – que son notablemente similares a los de abducciones de demonios en siglos pasados – a informes de cirugía psíquica y la ilusión personal de que la homeopatía cura los males. En algunos casos, podrían explicarse mediante una enfermedad que apenas empezamos a comprender: la parálisis del sueño.

Tal vez no deberían sorprendernos nuestras limitaciones. “En nuestro interior somos cazadores-recolectores”, dice el físico Robert Park, autor del libro Superstition (Superstición). “El cerebro que nos permite escribir sonetos y resolver ecuaciones diferenciales ha cambiado poco en 160 000 años. La ciencia nos ha transportado a un mundo de viajes en jet y comunicación electrónica con un cerebro aún muy conectado con los instintos de los salvajes que lucharon por sobrevivir en la jungla del Pleistoceno”.

Pero hay una esperanza: y puede encontrarse en la ciencia. En The Demon Haunted World (El mundo y sus demonios), el excelente libro de 1995 sobre pensamiento crítico y las ilusiones que plagan a la humanidad, Carl Sagan defiende que el método científico y la claridad que conlleva pueden ayudarnos a superar este pensamiento borroso.

Pensar crítica y claramente, dice: “es el medio… mediante el cual las ideas profundas pueden ser separadas de las profundas insensateces”. Defiende que “es mucho mejor aferrarse al universo como realmente es, que persistir en una ilusión, sin importar lo satisfactoria y reafirmante que sea”.

Aparte del método científico, Sagan ofrece un conjunto de herramientas para el pensamiento crítico, a las que llama el “Kit de detección de camelos”: construye un argumento razonado basado en las evidencias y queda abierto a reconocer uno falaz o fraudulento que contradiga las pruebas.

Busca una confirmación independiente de cualquier hecho y, cuando todas las cosas sean iguales, aplica la “Navaja de Ockham”: el principio que dice que, al tratar de explicar un fenómeno, deberías hacer las mínimas suposiciones posibles, dado que a menudo la explicación más simple es la correcta.

Sugiere formas de detectar “las falacias más comunes de la lógica y retórica” tales como aceptar un argumento simplemente basándose en que procede de alguien con autoridad, o creer a alquien que se basa en estadísticas de una muestra baja. Finalmente, la ciencia no es una respuesta en sí misma; es una herramienta que ayuda a encontrar las respuestas que buscas.


Autor: Wilson da Silva
Fecha Original: agosto de 2009
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