¿Por qué la Tierra no se ha calentado tanto como se esperaba?

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Efecto invernadero

Un nuevo informe sobre el cambio climático explora las razones.

El planeta Tierra se ha calentado mucho menos de lo esperado durante la era industrial en base a las mejores estimaciones de la “sensibilidad climática” de la Tierra – la cantidad del incremento en la temperatura global esperada en respuesta a un aumento dado en las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) atmosférico. En un estudio que se publicará en la revista Journal of Climate, una publicación de la Sociedad Meteorológica Americana (enlace on-line), Stephen Schwartz, del Laboratorio Nacional Brookhaven, y sus colegas examinan las razones de esta discrepancia.

De acuerdo a las mejores estimaciones de la sensibilidad climática, la cantidad de CO2 y otros gases invernadero añadidos a la atmósfera de la Tierra desde que la humanidad empezó a quemar combustibles fósiles a una escala significativa durante el periodo industrial, se esperaría que el resultado fuese un aumento de la temperatura media global de 2,2° C —mucho más del incremento de 0,8 grados que se ha observado en este lapso de tiempo. El análisis de Schwartz atribuye las razones de este discrepancia a una posible mezcla de dos factores principales: 1) El clima de la Tierra puede ser menos sensible al aumento de gases invernadero de lo que actualmente se asume y/o 2) el reflejo de la luz solar por parte de las partículas de bruma en la atmósfera puede estar variando algo el calentamiento esperado.

“Debido a las actuales incertidumbres de la sensibilidad climática y la reflectividad aumentada de las partículas de bruma”, dijo Schwartz, “es imposible asignar con precisión pesos a las contribuciones relativas de estos dos factores. Esto tiene grande implicaciones para la comprensión del clima de la Tierra y cómo acometerá el mundo sus futuras necesidades energéticas”.

Una tercera razón posible para el incremento por debajo de lo esperado es que la temperatura de la Tierra a lo largo del periodo industrial es la lenta respuesta de la temperatura a la influencia en el calentamiento de los gases que atrapan calor. “Esto es como el tiempo de retardo que se experimenta cuando se calienta una olla de agua en un horno”, dijo Schwartz. Basándose en cálculos que usan medidas del incremento en el contenido de calir del océano a lo largo de los últimos 50 años, no obstante, este actual estudio encontró que el papel del conocido como retardo térmico era menor.

Una cuestión clave a la que se enfrentan los políticos es cuánto CO2 adicional, y otros gases invernadero, pueden introducirse en la atmósfera, más allá de los que ya está presentes, sin comprometer al planeta a un nivel peligroso de interferencia humana en el sistema climático. Muchos científicos y políticos consideran que el umbral para tal interferencia peligrosa sería un incremento global en la temperatura de 2°C por encima del nivel pre-industrial, aunque ningún umbral único abarcaría todos los efectos.

El artículo describe tres escenarios: Si la sensibilidad del clima de la Tierra está en el extremo inferior de la actual estimación dada por el IPCC, entonces el mínimo total de emisiones futuras de gases invernadero para que no superen el umbral de 2º, correspondería aproximadamente a unos 35 años de las actuales emisiones de CO2 procedentes de la combustión de fósiles. Una sensibilidad climática en la actual mejor estimación indicaría que no podrían añadirse más gases invernadero a la atmósfera sin comprometer el planeta a superar el umbral. Y si la sensibilidad está en el extremo superior de la actual estimación, las concentraciones atmosféricas actuales son tales que ya hemos comprometido el calentamiento a que supere sustancialmente ese umbral de 2º.

Los autores enfatizan la necesidad de cuantificar las influencias de las partículas de bruma para estrechar la incertidumbre sobre la sensibilidad del clima. Esto es mucho más difícil que cuantificar la influencia de los gases invernadero.

Schwartz observa que formular políticas de energía con las actuales incertidumbres es la sensibilidad climática es como gobernar una gran nave en aguas peligrosas sin cartas. “Sabemos que tenemos que cambiar el curso de la nave, y sabemos la dirección del cambio, pero no sabemos cuánto tenemos que cambiar ni cómo de pronto tenemos que hacerlo”.

Schwartz y Charlson son los coautores del artículo junto con Ralph Kahn, del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Maryland; John Ogren, del Laboratorio de Investigación de Sistemas Terrestres de NOAA en Colorado; y Henning Rodhe, de la Universidad de Estocolmo.


Fecha Original: 19 de enero de 2010
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