Tenemos la obligación moral de sembrar el universo con vida

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Exoplaneta con vida

Finalmente, llegará el día en que termine la vida en la Tierra. Ya sea mañana o dentro de 5000 millones de años, por una guerra nuclear, cambio climático o porque el Sol agote su combustible, la última célula viva se marchitará y morirá. Pero eso no significa que todo esté perdido. ¿Qué pasaría si tuviésemos la posibilidad de sembrar las semillas de la vida terrestre por todo el universo, para asentarnos en jóvenes planetas dentro de sistemas solares en desarrollo a muchos años luz de distancia, y de esta forma dar a nuestra línea evolutiva la posibilidad de continuar indefinidamente?

De acuerdo con Michael Mautner, Profesor Investigador de Química en la Universidad de Virginia Commonwealth, sembrar el universo con vida no es sólo una opción, es nuestra obligación moral. Como miembros de esta colección de planetas, y como consecuencia de 4000 millones de años de evolución, los humanos tienen el propósito de propagar la vida. Después de todo, sea lo que sea la vida, necesariamente posee una incesante guía hacia la autoperpetuación. Y la idea no es sólo fantasía: Mautner dice que las misiones de “panspermia digirida” pueden llevarse a cabo con la tecnología actual.

“Tenemos la obligación moral de planificar la propagación de la vida, e incluso de transferir la vida humana a otros sistemas solares complejos, los cuales pueden transformarse a través de la actividad microbiana, preparando de este modo estos mundos para sostener vida compleja”, explica Mautner a PhysOrg.com. “Asegurar ese futuro para la vida puede dar a nuestra existencia humana un propósito cósmico”.

Como explica Mautner en su estudio publicado en un próximo ejemplar de la revista Journal of Cosmology, la estrategia es depositar un conjunto de organismos primitivos en planetas y protoplanetas potencialmente fértiles. Al igual que la primera vida en la Tierra, tales organismos como cianobacterias, podría sembrar otros planetas, digerir gases tóxicos (como el amoniaco y el dióxido de carbono en la joven Tierra) y liberar productos como el oxígeno que promuevan la evolución de especies más complejas. Para incrementar las posibilidades de éxito, las cargas microbianas deberían contener una variedad de organismos con distintas tolerancias ambientales, y resistentes organismos pluricelulares como huevos de rotíferas para dar inicio a una evolución superior. Estos organismos pueden ser capturados en asteroides y cometas en los sistemas solares recientemente formados y transportados desde allí por impactos en planetas conforme se desarrollan sus entornos.

Mautner ha identificado potenciales terrenos de siembra, que incluyen planetas extrasolares, discos de acreción alrededor de jóvenes estrellas que tienen el polvo y el gas de los futuros planetas, e – incluso en una etapa anterior – nubes interestelares que tienen los materiales para crear estrellas. Explica que la misión Kepler puede identificar cientos de planetas extrasolares biocompatibles, y los astrónomos ya conocen varios discos de acreción y nubes interestelares que podrían servir como objetivos. Estos hábitats potenciales varían en distancia de unos pocos años luz a 500 o más.

Para transportar microorganismos, Mautner propone usar naves a vela. Estas naves ofrecen un método de transporte de bajo coste con velas solares, que pueden lograr altas velocidades usando la presión de radiación de la luz. Los microorganismos podrían ser introducidos en diminutas cápsulas, cada una conteniendo 100 000 microorganismos con un peso de 0,1 microgramos. Mautner predice que la parte más difícil del proceso sería la enorme precisión requerida para que la misión llegue a su destino tras cientos de miles o incluso millones de años de viaje.

Teniendo en cuenta las dificultades de cada uno de los pasos implicados, Mautner ha calculado cuántas cápsulas microbianas serían necesarias para asegurar una probabilidad de éxito razonable. Concluye que unos pocos cientos de toneladas de biomasa microbiana “pueden sembrar con vida durante eones docenas de nuevos sistemas solares en una nube interestelar”. Con un coste de lanzamiento de 10 000 dólares por kg, esta cantidad de biomasa tendría un coste de 1000 millones de dólares. Si podemos apuntar con precisión a los planetas de los sistemas solares cercanos, la misión requeriría significativamente menos cápsulas, una menor biomasa, y un coste menor. Mautner predice que, aunque la tecnología está actualmente disponible, tal iniciativa será más fácil de implementar cuando se desarrolle la infraestructura espacial y bajen los costes de lanzamiento.

Como señala Mautner, varios científicos habían propuesto anteriormente formas de sembrar planetas (principalmente Venus y Marte) en nuestro propio Sistema Solar con microorganismos para alterar la atmósfera y posiblemente hacerlos adecuados para los humanos. Además, algunas teorías sugieren que, en la Tierra, los nutrientes y materiales que dan soporte a la vida – o incluso la propia vida – pueden haber procedido de algún otro lugar del universo, llegando aquí en meteoros, asteroides y cometas. En cierto sentido, la propuesta de Mautner simplemente sería ayudar a que el camino dando bricos de la vida continúe.

Pero, como preguntan algunos críticos, ¿qué pasaría si ya hay vida extraterrestre el algún lugar, y la infectamos con nuestro propio material genético invasivo? Primero Mautner explica que podemos minimizar estas opciones poniendo como objetivo localizaciones muy primitivas donde no pueda haber evolucionado aún la vida. Además, defiende, dado que no se sabe actualmente que exista vida extraterrestre, nuestra primera preocupación debería ser conservar nuestra familia de vida orgánica de genes y proteínas tal y como la conocemos.

A largo plazo, Mautner tiene esperanzas de que la vida pueda continuar existiendo más allá de nuestro planeta hogar. Usando técnicas de astroecología basadas en la emisión de energía de las estrellas, calcula que la cantidad de vida sostenible puede ser significativa en otros vecindarios del universo. Por supuesto, es imposible saber con seguridad cómo se desarrollará todo después de que nos hayamos marchado.

“¿Puede durar la vida indefinidamente?”, escribe. “El tiempo de vida habitable de la galaxia puede depender de la energía y materia oscuras. Estas fuerzas puede que tengan que ser observadas durante muchos eones para predecir su comportamiento futuro. Durante esas épocas cosmológicas, nuestros descendientes pueden comprender la naturaleza en mayor profundidad y buscar cómo extender la vida indefinidamente”.



Más información: Michael N. Mautner. “Seeding the Universe with Life: Securing Our Cosmological Future.” Journal of Cosmology, 2010, Vol. 5. http://journalofcosmology.com/SearchForLife111.html

Autor: Lisa Zyga
Fecha Original: 9 de febrero de 2010
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