Investigadores descubren un nuevo linaje de antiguos humanos

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Cueva DenisovaEl ADN de un hueso de dedo humano de 40 000 años de antigüedad encontrado en una cueva de Siberia apunta a un nuevo linaje de antiguos humanos, según se informa hoy. El hallazgo – el primero realizado con pruebas genéticas y no fósiles – sugiere que Asia Central estaba ocupada en esa época no sólo por Neandertales y Homo sapiens sino también por un tercer linaje homínido anteriormente desconocido. “Éste es el descubrimiento más apasionante hasta el momento que ha llegado desde el campo del ADN antiguo”, dice Chris Tyler-Smith, genetista del Instituto Wellcome Trust Sanger en Hinxton, Reino Unido.

El trabajo complica la historia humana una vez más, de forma similar al descubrimiento del controvertido H. floresiensis — también conocido como el hobbit — que ha dado un vuelco a las anteriores y más simples formas de ver las migraciones de los primeros humanos por todo el globo. Si vivieron cuatro humanos iniciales incluyendo al hobbit hace unos 40 000 años, “la cantidad de biodiversidad [humana]…era bastante notable”, dice la genetista Sarah Tishkoff de la Universidad de Pennsylvania.

Un equipo liderado por los arqueólogos Michael Shunkov y Anatoli Derevianko de la Academia Rusa de las Ciencias en Novosibirsk encontraron el hueso del dedo en 2008 en la Cueva Denisova en las Montañas de Altai en Rusia. La cueva, que tiene muchas capas arqueológicas que se extienden a lo largo de 100 000 años, ha arrojado herramientas de piedra tanto de humanos modernos como de Neandertales y una pequeña colección de huesos homínidos demasiado fragmentados para identificarse. El hueso del dedo procede de una capa datada por radiocarbono de hace entre 48 000 y 30 000 años. Los genetistas evolutivos Svante Pääbo, Johannes Krause, y sus colegas del Instituto Max Planck para Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania, consiguieron una muestra de 30 miligramos y extrajeron y secuenciaron los 16 569 pares de bases de su genoma de ADN mitocontrial (mtDNA), usando nuevas técnicas del grupo de Pääbo que han empleado con éxito para secuenciar ADN tanto de Neandertales como de humanos modernos prehistóricos. Los investigadores compararon la nueva secuencia de mtDNA con la de 54 personas vivas de todo el mundo, un humano moderno de hace unos 30 000 años de otro lugar de Rusia, y seis Neandertales.

Se llevaron una buena sorpresa: Aunque los Neandertales se diferencian de los humanos modernos en una media de 202 posiciones de nucleótidos en el genoma mitocondrial, el homínido de Denisova difería de media en 385 posiciones de los humanos modernos y en 376 de los Neandertales, según informa hoy el equipo en la edición on-line de Nature. Cuando se añadió a la mezcla el mtDNA de chimpancés y bonobos, los investigadores fueron capaces de estimar que el nuevo homínido compartía un ancestro común con los Neandertales y los humanos modernos hace 1 millón de años.

Pero, ¿quién era este misterioso homínido? El equipo dice que la fecha es demasiado tardía para un H. erectus asiático, que migraron por primera vez fuera de África hace 1,8 millones de años. Y es demasiado temprana para el H. heidelbergensis, que apareció en África y Europa hace unos 650 000 años y muchos investigadores piensan que es el ancestro común de humanos y Neandertales. “No hay pruebas” de que éstas u otras especies conocidas “persistieran hasta tan tarde” en el continente asiático, dice el paleoantropólogo Russell Ciochon de la Universidad de Iowa en Iowa City. Chris Stringer, paleoantropólogo del Museo de Historia Natural en Londres, dice que la nueva especie podría representa una “dispersión pre-heidelbergensis y post-erectus” fuera de África “que no habíamos observado hasta ahora”.

Por ahora, el equipo de Pääbo no ha dado al nuevo linaje un nombre de especie, al menos hasta que se sepa más sobre él. Lo siguiente que plantean hacer los investigadores es secuenciar el ADN nuclear del hueso del dedo. Si tienen éxito, podrían descubrir la identidad secreta del homínido X.

Para una cobertura completa, ver el ejemplar del 26 de marzo de la revista Science.


Autor: Michael Balter
Fecha Original: 24 de marzo de 2010
Enlace Original

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