SETI@50: Experimento ‘uno’

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Vida

“Tenemos un ejemplo de ‘uno'”, dice Jill Tarter, directora de investigación del Instituto SETI en California, refiriéndose a la vida en al Tierra.

“Ahora podemos saber, rastreando la historia detallada de este experimento singular, qué proporción de ramificaciones podría tener el experimento de la vida; ¿de cuántas otras formas podrían haber sido las cosas, a qué velocidad y con qué resultado?”

Pero incluso en la Tierra, las condiciones límite para la vida se han estado expandiendo en los últimos años.

Empujando los límites

Los científicos saben ahora que debe haber hasta 10 veces más biomasa en la profundidad de la corteza terrestre que en la superficie, la cual ya nos es familiar.

La vida ya no es algo confinado entre los puntos de ebullición y congelación del agua. El metabolismo del microbio arqueano Strain 121 funciona a 121˚C y, en el otro extremo de temperatura, en Point Barrow, Alaska, la bacteria Psychromonas ingrahamii sobrevive y se reproduce a -12˚C.

La vida no está restringida a un pH neutro. El alga roja Cyanidium caldarium y el alga verde Dunaliella acidophila pueden vivir en entornos similares a los de un ácido de batería, con un pH menor de 1.

También se han encontrado microbios que medran en entornos más básicos que el amoniaco, con un pH de 12,8.

Vida en la oscuridad

La luz solar, que en un tiempo se defendió que era la fuente de energía de todos los seres vivos, está completamente ausente en las profundas fumarolas hidrotermales donde viven una diversad comunidad de microorganismos.

Pero tal vez, el más espectacular sea el Deinococcus radiodurans, el cual puede soportar una hostil radiación debido al mecanismo de reparación de su ADN.

Cuando pensamos en nuestro Sistema Solar, además de los planetas rocosos Venus, Marte y la Tierra (los cuales estuvieron biológicamente conectados durante una época anteior de formación y bombardeo planetario), deberíamos considerar los grandes satélites helados de Júpiter y Saturno, Europa, Ganímedes, Calisto, y Encelado, donde se cree que hay océanos de agua salada líquida bajo su corteza exterior helada.

“Todas estas son posibilidades intrigantes. Me habrían encerrado en un manicomio cuando era estudiante si hubiese mencionado este tipo de cosas”, dice Tarter.


Autor: Jacqui Hayes
Fecha Original: 7 de abril de 2010
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