El láser cumple 50 años

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LaserHace cincuenta años, un ingeniero de 32 años llamado Theodore Maiman encendió un aparato en los Laboratorios de Investigación Hughes en California, y observó pulsos de luz que surgían de un cristal de rubí rosa.

Fue un eureka ‘geek': el momento en el que nació el láser. Y el mundo cambiaría para siempre. Pero no al momento.

Cuando se anunció el gran invento de Maiman, la respuesta fue básicamente “¿Doh?” cuando la gente intentó imaginarse qué era y qué uso podría dársele. Esto fue rápidamente seguido de un “¡Eek!” cuando apareció la prensa con algunos titulares atemorizantes.

“Hombre de L.A. descubre el rayo de la muerte de la ciencia-ficción”, decía uno, recordando el espítiru de la época de la década de 1960, cuando la Guerra Fría se mezclaba promiscuamente con películas de serie B sobre alienígenas.

Desde entonces, el láser ha revolucionado la vida. Trae, envía y almacena datos en vastos lotes a la velocidad de la luz, mide materiales y los corta con precisión submilimétrica.

Puede encontrarse en cosas tan cotidianas como los lectores de códigos de barras del supermercado – el primer objeto escaneado fue un paquete de chicles Wrigley en 1974 – así como en la alta tecnología de bombas inteligentes, miras de francotirador, óptica adaptativa en telescopios astronómicos e investigación en fusión nuclear, la energía limpia definitiva.

Los lásers controlan tus reproductores de CD y DVD. Crean hologramas y espectáculos de luz.

Posiblemente marcaron, cortaron y soldaron las partes de tu coche. Alisan tus arrugas, acaban con algunos cáncer y podrían ser capaces de corregir tu miopía.

Y si estás leyendo on-line este artículo, piensa que los lásers lo han llevado hasta ti – más de un millón de lásers dan vida a Internet, lanzando terabytes de datos a través de fibra óptica.

“La historia del láser es increíble”, dice Tim Holt, director del Instituto de Fotónica en la Universidad de Strathclyde en Escocia, en una entrevista.

“Junto con el circuito integrado, el láser ha sido la tecnología más revolucionaria de los últimos 50 años”. El camino conceptual que lleva al puntero láser estándar empieza en el cerebro de Albert Einstein.

En 1917, Einstein propuso la teoría de la emisión estimulada, en la cual un fotón, o partícula de luz, provoca que un átomo excitado emita un fotón idéntico.

No fue hasta 1953 cuando el físico estadounidense Charles Townes pusiera el fenómeno a prueba, con un ‘máser’ – Amplificación de Microondas mediante Emisión Estimulada de Radiación – en la cual las microondas se usaron como excitadores del átomo.

Townes y su colega, Arthur Schawlow, tuvieron entonces la idea de usar luz visible en lugar de microondas, aunque fue Maiman el que hizo que funcionase la idea. “Luz” reemplaza a “microondas” en el acrónimo, y la palabra ‘láser’ entró en el vocabulario.

El primer rayo láser fue amplificado mediante una vara sólida de rubí, pero en unos meses fue seguido del láser de helio-neón, ideado por los Laboratorios Bell rivales, también en 1960.

En 1962 llegó el primer avance práctico, un láser hecho de un diodo de arseniuro de galio, cuyos principios proporcionan la columna vertebral de los pequeños dispositivos láser comerciales actuales.

Se han otorgado más de 10 Premios Nobel por investigaciones en láser, tanto en trabajo conceptual como en usos prácticos de pulsos láser para almacenamiento y transferencia de datos.

Hoy, la vanguardia de la investigación es el láser de ‘femtosegundos’, en el cual lásers ultra-rápidos alteran el espín de los electrones en átomos individuales para proporcionar un almacenamiento más compacto y denso en discos duros.

Un prototipo de láser de femtosegundos fue probado el año pasado por un físico francés y fue capaz de recuperar datos en una ráfada de apenas una billonésima de segundo, un rendimiento que podrían acelerar notablemente el rendimiento de los actuales discos duros en hasta 100 000 veces.

“Los lásers nos han dado un paso adelante en nuestra capacidad que es realmente asombroso”, dice David Hanna, profesor de opto-electrónica en la Universidad de Southampton en Inglaterra.

“Sus posibilidades aún no se han digerido ni agotado por completo, ni se hará en un largo futuro por llegar”.


Autor: Richard Ingham
Fecha Original: 17 de mayo de 2010
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