Por qué firmé el manifiesto contra la pseudociencia en las universidades

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El pasado viernes publicaba en esta web un manifiesto desarrollado por La Ciencia y sus Demonios en contra de la proliferación de charlas, cursos y demás apariciones de prácticas pseudocientíficas en la universidad. Sabía que, de la misma forma que muchos apoyarían y firmarían el manifiesto, habría también voces discrepantes.

Poco después de la publicación de ese post salí hacia Madrid y no regresé hasta anoche, por lo que se han ido acumulando comentarios que merece la pena contestar. Dado que quedaría demasiado extenso para un comentario en el blog, prefiero extenderme un poco más en las razones por las que suscribo el manifiesto.

En este manifiesto no se pone nunca en duda la necesidad de investigación en áreas pseudocientíficas. De hecho, si se ha llegado a demostrar la ineficacia de estas pseudociencias de una forma fehaciente, es debido a la ingente cantidad de estudios de calidad realizados en el ámbito universitario. Aquí no se debate sobre si debe estudiarse o no cierto fenómeno, sino si debe impartirse al mismo nivel un conocimiento útil y científico respecto a uno basado en la superstición y el pensamiento mágico, sin muestras de utilidad.

Por desgracia, y supongo que en parte por reminiscencias de un pasado no tan abierto como el actual, la palabra censura está demasiado en boca, y habitualmente no usada correctamente. No todas las opiniones son igualmente válidas. Criticar una opinión es perfectamente válido, y necesario. Posicionarse es casi una necesidad. En los últimos tiempos parece que se ha caído en un relativismo buenrollista donde todo el mundo opina, y no sólo opina, sino que exige que su opinión sea tomada en cuenta y puesta al mismo nivel que cualquier otra. Si voy a comprar un coche usado, la opinión de un mecánico no es igual que la de un neurocirujano, aunque ambos tengan derecho a darla.

La universidad, como máximo referente a nivel académico, tiene la obligación de establecer unos criterios de calidad en los contenidos que oferta, de forma que los que allí acuden buscando una excelencia en la formación, la encuentren. Si la universidad da pábulo a cualquier superstición o idea que pueda ocurrírsele a cualquiera, sin evaluarla ni contrastarla no se diferencia mucho del Speaker’s Corner.

En busca de esta excelencia académica, la universidad debe posicionarse respecto al conocimiento, y hacerlo en base a criterios de efectividad, fundamento teórico y racionalidad. Posicionarse está mal visto, ahora lo que está de moda es que todo vale. Si tomas una posición, eres un sectario, una mente cerrada. Pues mire, no. Cuando se valoran los hechos, se pueden tomar conclusiones, y si la conclusión es que algo no funciona, pues no funciona y resulta mucho más útil descartarlo y usar aquello que funciona, o simplemente continuar investigando otras vías. La mente cerrada es la que no acepta cuando una vía está muerta, y sigue empecinado en que es el universo el que está equivocado.

¿Se han preguntado por qué las pseudociencias, tan críticas con el “establishment” científico y académico, tienen tanto interés en ver ofertadas sus creencias en estos ámbitos? Efectivamente, como comentábamos antes la universidad es un filtro donde se ofrece aquello que ha superado un proceso de calidad, mientras que lo que no supera ese filtro, queda en el tamiz, o esa es la universidad que queremos, y por la que lucha este manifiesto. El hecho de que su nombre aparezca ligado al nivel académico les da un halo de verosimilitud que no tienen, eso es lo que debe evitarse. El ciudadano medio, no dispone de las herramientas necesarias para discernir la realidad de la engañifa, el profesional del engañabobos. El porqué se ha llegado a esto sería origen de otro post, pero tenemos evidencias a nuestro alrededor de que esto es así. Al final, dado que no tenemos medios para separar el grano de la paja en muchas ocasiones, terminamos delegando esta tarea en otros entes. La universidad es uno de ellos, por lo que si la universidad ofrece cátedras o cursos de astrología, lo evidente para mucha gente será pensar que la universidad otorga su sello de calidad a esta charlatanería. De hecho, para muchos defensores de la homeopatía, por ejemplo, la prueba irrefutable de que funciona es que se imparte en ciertas universidades, no el hecho de que los estudios digan que funcione (que no lo hace) o que exista un fundamento teórico para su funcionamiento (que no lo hay). Por esto es necesario establecer este criterio de calidad y sacar del ámbito universitario aquello que no lo supere.

Otro aspecto que me gustaría comentar es el del debate. Que la universidad es un foro donde debatir ideas resulta obvio. A diario lo podemos ver, con científicos yendo a simposios y conferencias, publicando artículos en revistas y criticando estudios de otros. Así avanza la ciencia, debatiendo entre pares. Y resalto bien entre pares, porque volvemos a lo comentado anteriormente, no todas las opiniones son igualmente válidas. El hecho de que venga un filósofo sin conocimientos de bioquímica, medicina, inmunología, virología etc. a poner en duda las tesis sobre el VIH/SIDA (por ejemplo) no le da automáticamente entrada a un curso universitario, o no debería. Primero deberá acreditar que tiene suficientes conocimientos como para poner en duda razonable las tesis actuales, y luego, ofrecer una alternativa válida, contrastable y refutable.

Resumiendo, el fondo de este post lo que quiere decir es, que la universidad, como máximo exponente de la excelencia académica, tiene una obligación con la sociedad, y es la de establecer un sello de calidad para el conocimiento. Separar lo válido de lo incorrecto y ofrecer a la sociedad el primero.

Dado que este manifiesto se desató a raíz una cátedra homeopática, me gustaría hacer referencia a una página de reciente creación por parte de José María Mateos y Fernando Frías, con el apoyo de Amazings.es. La web es ¿Qué es la homeopatía? muy recomendable para todos aquellos que busquen una información sería y contrastada.

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