Descubierto un cinturón de radiación de antiprotones alrededor de la Tierra

Artículo publicado el 4 de agosto de 2011 en The Physics ArXiv Blog

Los físicos han sospechado desde hace mucho tiempo que los antiprotones deben quedar atrapados en un cinturón alrededor de la Tierra. Ahora, lo han encontrado.

La Tierra está constantemente bombardeada por partículas de alta energía conocidas como rayos cósmicos. Estas partículas están generadas por el Sol y otras fuentes más lejanas. (La fuente de los rayos cósmicos de mayor energía es aún un misterio).

Cinturones de Van Allen © by Kanijoman


Las partículas normalmente son protones, electrones y núcleos de helio que cuando colisionan con los núcleos de la atmósfera superior de la Tierra pueden producir lluvias de partículas hijas. Estas lluvias pueden ser tan extensas que se observan fácilmente desde tierra.

Los astrónomos se dieron cuenta hace tiempo de que estas colisiones deben producir antiprotones, de la misma forma que sucede en los aceleradores de la Tierra. Pero esto genera una interesante pregunta:¿Qué pasa con los antiprotones una vez que se han creado?

Claramente, muchas de estas antipartículas deben aniquilarse cuando se encuentran con partículas de materia común. Pero algunos astrónomos siempre han sospechado que los antiprotones restantes deben quedar atrapados por el campo magnético de la Tierra, formando un cinturón de radiación de antiprotones.

Ahora, los astrofísicos dicen que han descubierto finalmente este cinturón de antiprotones propuesto hace tiempo.

En 2006, estos chicos lanzaron una nave espacial llamada PAMELA a la órbita baja de la Tierra, específicamente para buscar antiprotones en los rayos cósmicos.

Pero como la mayor parte de naves en la órbita baja de la Tierra, PAMELA debe pasar a diario a través de la Anomalía del Atlántico Sur, una región donde los Cinturones de Radiación de Van Allen se acercan a la superficie de la Tierra. Aquí es donde las partículas energéticas tienden a quedar atrapadas. Por tanto, si algunos antiprotones quedaran capturados en esa mezcla, aquí es donde PAMELA debería encontrarlos.

Ahora el equipo de PAMELA ha analizado los 850 días de datos, buscando sólo en los momentos en los que la nave estaba en la Anomalía del Atlántico Sur (aproximadamente un 1,7 por ciento de este tiempo).

Quién lo iba a decir, estos chicos encontraron 28 antiprotones. Eso es aproximadamente tres órdenes de magnitud más de lo que se esperaría encontrar en el viento solar, demostrando que las partículas realmente están atrapadas y almacenadas en este cinturón.

Esto constituye “la fuente más abundante de antiprotones cerca de la Tierra”, dice el equipo de PAMELA.

La Anomalía del Atlántico Sur es bien conocida por ser un completo engorro. Debido a las partículas de alta energía que se acumulan ahí, el Telescopio Espacial Hubble debe desconectarse cuando pasa a través de la misma varias veces al día; y la Estación Espacial Internacional tiene un refuerzo extra para proteger a los astronautas de sus efectos.

El descubrimiento de un cinturón adicional de antiprotones no tendrá mucho impacto en el peligro que representa – el número de antiprotones es minúsculo en comparación con los electrones y protones ahí atrapados.

Pero siempre es interesante que las predicciones teóricas se confirmen. Esto es buena ciencia en funcionamiento.


Artículo de Referencia:  arxiv.org/abs/1107.4882: The Discovery Of Geomagnetically Trapped Cosmic Ray Antiprotons

Fecha Original: 4 de agosto de 2011
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Comments (17)

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Artículo publicado el 4 de agosto de 2011 en The Physics ArXiv Blog Los físicos han sospechado desde hace mucho tiempo que los antiprotones deben quedar atrapados en un cinturón alrededor de la Tierra. Ahora, lo han encontrad…..

  2. [...] Descubierto un cinturón de radiación de antiprotones alrededor de la Tierra http://www.cienciakanija.com/2011/08/04/descubierto-un-cinturon-…  por GDFH hace 3 segundos [...]

  3. RegMaster

    La traducción me choca en algo…. cinturón de radiación de antiprotones???. mmm, un conjunto de antiprotones no es ninguna radiación, que es lo que se entiende al leer la frase, más correcto sería.. “Descubierto en el cinturón de radiación (Van Allen), un área donde se concentran antiprotones” (o algo así)

    • Leviatán

      La traducción ? Veamos el original: Antiproton Radiation Belt Discovered Around Earth

    • Cualquier partícula cargada (electrones, protones, positrones, antiprotones etc…) que siga un movimiento acelerado (como lo es un movimiento circular) dentro de un campo magnético (como lo es la magnetosfera) genera radiación. Sin ir más lejos, un ejemplo claro es la Radiación de Sincrotrón. Si un puñado de partículas puede considerarse un cinturón, es otro debate, pero hay dos cosas claras: Los antiprotones sí generan radiación (en este caso, claro) y la traducción es correcta, otra cosa es si el original es acertado.

      Un saludo

  4. [...] Descubierto un cinturón de radiación de antiprotones alrededor de la Tierra http://www.cienciakanija.com/2011/08/04/descubierto-un-cinturon-…  por lupaterna hace 5 segundos [...]

  5. Leviatán

    Me surge una duda: si se concentra en el área SAA entonces ¿ no debería también concentrarse en la misma área una emisión detectable – digamos, por Fermi, por ejemplo – de rayos gamma, superior a otras zonas ?

    • Es interesante la pregunta. La relación protones-antiprotones es superior a lo esperado en el flujo de rayos cósmicos o viento solar, sin embargo, creo que la cantidad es proporcionalmente pequeña respecto al flujo continuo de los que se aniquilan al crearse en la atmósfera. No tengo datos disponibles, pero creo que tiene sentido que se produzcan muchas más aniquilaciones que capturas, por lo que los rayos gamma creados en las aniquilaciones directas superarían y “eclipsarían” las aniquilaciones producidas dentro del cinturón.

      He mirado el paper algo por encima y no veo datos concretos a este respecto, pero es una apunte a tener en cuenta.

      Un saludo

  6. [...] en Ciencias de la tierra. Puede seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Usted puede dejar una respuesta trackback o del sitio [...]

  7. Creo que no es correcto afirmar, como propone esta entrada, que las “antipartículas se aniquilan cuando se encuentran con partículas de materia común”. La materia (y la antimateria) ni se crean ni se destruyen sino que se transforman.

    • El proceso por el cual una partícula de materia y una de antimateria se transforma en rayos gamma se conoce, en la literatura científica, como aniquilación, por lo que esa frase es perfectamente correcta.

      Un saludo

  8. [...] Tierra: Descubierto un cinturón de radiación de antiprotones alrededor de la Tierra. [...]

  9. [...] Por esta razón, es importante entender la geofísica externa de la Tierra, en particular los acontecimientos que tienen lugar durante las tormentas solares en los cinturones de Van Allen. Sabemos que estos cinturones de radiación constituyen las famosas zonas toroidales específicas de la magnetosfera terrestre descubierta en 1958. Los sensores Geiger instalados en el primer satélite lanzado por los estadounidenses ha permitido al geofísico James Van Allen descubrir que había zonas alrededor de la Tierra, ricas en partículas cargadas energéticamente. Ahora sabemos que incluso se pueden encontrar concentraciones de antimateria. [...]

  10. [...] las estimaciones anteriores preceden al descubrimiento de la sonda PAMELA del año pasado de que la Tierra está rodeada por un anillo de antiprotones y sugieren que podría aprovecharse como combustible. No obstante, lo que no mencionan es que [...]

  11. [...] las estimaciones anteriores preceden al descubrimiento de la sonda PAMELA del año pasado de que la Tierra está rodeada por un anillo de antiprotones y sugieren que podría aprovecharse como combustible. No obstante, lo que no mencionan es que [...]

  12. con las particularidades de euterio helio³ se forman electrovoltios estos no nos carian nada mal como fuente de energia no creen??

  13. ¡Hola, amigos!

    Siempre son interesantes y provechosos los nuevos descubrimientos que los científicos van pudiendo conquistar con su eficiente traqbajo. Como bos decía Wheeler, vivímos en una isla de ignorancia y, poco a poco, la vamos ensanchando con nuevos secretos que podemos desvelar a la Naturaleza.

    Está bien lo que en el artículo nos cuenta. Sin embargo, tendríamos que ir al origen de las cosas para poder comprender, de mejor manera, lo que aquí nos cuenta.

    Cuando las partículas primarias chocan con átomos y moléculas en el aire, aplastan sus núcleos y producen toda clase de partículas secundaria. En esta radiación secundaria (aún muy energética) la que detectamos cerca de la Tierra, por los globos enviados a la atmósfera superior han registrado la radiación primaria.

    El físico estadounidense Robert Andrews Millikan, que recogió una gran cantidad de información acerca de esta radiación (y que le dio el nombre de rayos cósmicos), decidió que debería haber una clase de radiación electromagnética. Su poder de penetración era tal que, parte del mismo, atravesaba muchos centímetros de plomo. Para Millikan, esto sugería que la radiación se parecía a la de los penetrantes rayos gamma, pero con la longitud de onda más corta.

    Otros, sobre todo el físico norteamericano Holly Compton, no estaban de acuerdo en que los rayos cósmicos fuesen partículas. Había un medio para investigar este asunto. Si se trataba de partículas cargadas, deberían ser rechazadas por el campo magnético de la Tierra al aproximarse a nuestro planeta desde el espacio exterior. Compton estudió las mediciones de la radiación cósmica en varias latitudes y descubrió que en realidad se curvaban con el campo magnético: era más débil cerca del ecuador magnético y más fuerte cerca de los polos, donde las líneas de fuerza magnética se hundían más en la Tierra.

    Las partículas cósmicas primarias, cuando entran en nuestra atmósfera llevan consigo unas energías fantásticas, muy elevadas. En general, cuanto más pesado es el núcleo, más raro resulta entre las partículas cósmicas. Núcleos tan complejos como los que forman los átomos de hierro se detectaron con rapidez, en 1.968, otros núcleos tan complejos como los del uranio. Los núcleos de uranio constituyen sólo una partícula entre 10 millones. También se incluirán aquí electrones de muy elevada energía.

    Ahora bien, la siguiente partícula inédita -después del neutrón- se descubrió en los rayos cósmicos. A decir verdad, cierto físico teórico había predicho ya este descubrimiento.

    Paul Adrien Maurice Dirac había aducido, fundándose en un análisis matemático de las propiedades inherentes a las partículas subatómicas, que cada partícula debería tener su “antipartícula”. (Los científicos desean no sólo que la Naturaleza sea simple, sino también simétrica.) Así pues, debería haber un “antielectron”, salvo por su carga, que sería positiva, y no negativa, idéntico al electrón, y un “antiprotón” con carga negativa en vez de positiva.

    En 1.930, cuando dirac expuso su teoría, no llamó demasiado la atención en el mundo de la ciencia. Pero, fiel a la cita, dos años después apareció el “antielectron”. Por entonces, el físico americano Carl David Anderson trabajaba con Millikan, en un intento por averiguar si los rayos cósmicos eran radiación electromagnética o partículas. Por aquellas fechas, casi todo el mundo estaba dispuesto a aceptar las pruebas presentadas por Compton, según las cuales, se trataría de partículas cargadas; pero Millikan no acababa de darse por satisfecho con tal solución.

    Anderson se propuso averiguar si los rayos cósmicos que penetraban en una cámara de ionización se curvaban bajo la acción de un potente campo magnético. Al objeto de frenar dichos rayos lo suficiente como para detectar la curvatura, si la había, puso en la cámara una barrera de plomo de 6’35 mm de espesor. Descubrió que, cuando causaba el plomo, la radiación cósmica trazaba una estela curva a través de la cámara. Y descubrió algo más. A su paso por el plomo, los rayos cósmicos energéticos arrancaban partículas de los átomos de plomo. Una de esas partículas dejó una estela similar a la del electrón. ¡Allí estaba, pues, el “antielectron” de Dirac! Anderson le dio el nombre de “positrón”. Tenemos aquí un ejemplo de radiación secundaria producida por rayos cósmicos. Pero aún había más, pues en 1.963 se descubrió que los positrones figuraban también entre las radiaciones primarias.

    Abandonado a sus propios medios, el positrón es tan estable como el electrón (¿y por qué no habría de serlo, si es idéntico al electrón, excepto en su carga eléctrica?). Además, su existencia puede ser indefinida. Ahora bien, en realidad no queda abandonado nunca a sus propios medios, ya que se mueve en un universo repleto de electrones. Apenas inicia su veloz carrera (cuya duración ronda la millonésima de segundo), se encuentra ya con uno.

    Así, durante un momento relampagueante quedaran asociados el electrón y el positrón; ambas partículas girarán en torno a un centro de fuerza común. En 1.945, el físico americano Arthur Edwed Ruaark sugirió que se diera el nombre de “positronio” a este sistema de dos partículas, y en 1.951, el físico americano de origen austriaco Martín Deutch consiguió detectarlo guiándose por los rayos gamma característicos del conjunto.

    Pero no nos confundamos, aunque se forme un sistema positronio, su existencia durará, como máximo, una diezmillonésima de segundo. El encuentro de electrón-positrón=aniquilamiento mutuo, solo queda energía en forma de radiación gamma. Ocurre pues, tal como había sugerido Einstein: la materia puede convertirse en energía y viceversa. Por cierto que Anderson consiguió detectar muy pronto el fenómeno inverso: desaparición súbita de los rayos gamma, para dar origen a una pareja electrón-positrón. Este fenómeno se llama “producción en pareja.” Anderson compartió con Hess el premio Nóbel de Física de 1.936.

    Poco después, los Joliot-Curie detectaron el positrón por otros medios, y, al hacerlo así, realizaron, de paso, un importante descubrimiento. Al bombardear los átomos de aluminio con partículas alfa, descubrieron que con tal sistema no solo se obtenían protones, sino también positrones. Cuando suspendieron el bombardeo, el aluminio siguió emitiendo positrones, emisión que sólo con el tiempo se debilitó.

    Aparentemente habían creado, sin proponérselo, una nueva sustancia radiactiva.

    He aquí la interpretación de lo ocurrido, según los Joliot-Curie: Cuando un núcleo de aluminio absorbe una partícula alfa, la adición de los dos protones transforma el aluminio (nº atómico 13 en fósforo (nº atómico 15). Puesto que las partículas alfa contienen cuatro nucleones en total, el número masivo se eleva 4 unidades, es decir, del aluminio 27, al fósforo 31. Ahora bien, si al reaccionar se expulsa un protón de ese núcleo, la reducción en una unidad de sus números atómicos y masivos hará surgir otro elemento, o sea, el silicio 30.

    Puesto que la partícula alfa es el núcleo del helio, y un protón es el núcleo del hidrógeno, podemos escribir la siguiente ecuación de esta “reacción nuclear”:

    aluminio-27 + helio-4 → silicio-30 + hidrogeno-1

    Nótese que los números másicos de equilibran:

    27+4 = 30+1

    Adentrarse en el Universo de las partículas que componen los elementos de la Tabla periódica, y, en definitiva, la materia conocida, es verdaderamente fantástico.

    Tan pronto como los Joliot-Curie crearon el primer isótopo radiactivo artificial, los físicos se lanzaron en tropel a producir tribus enteras de ellos. En realidad, las variedades radiactivas de cada elemento en la tabla periódica son producto de laboratorio. En la moderna tabla periódica, cada elemento es una familia con miembros estables e inestables, algunos, procedentes de la Naturaleza; otros, sólo del laboratorio.

    Por ejemplo, el hidrógeno presenta tres variedades;

    En primer lugar, el corriente, que tiene un solo protón. En 1.932, el químico Harold Urey logró aislar el segundo. Lo consiguió sometiendo a lenta evaporación una gran cantidad de agua, de acuerdo con la teoría de que los residuos representarían una concentración de la forma más pesada del hidrógeno que se conocía. Y, en efecto, cuando se examinaron al espectroscopio las últimas gotas de agua no evaporadas, se descubrió en el espectro una leve línea cuya posición matemática revelaba la presencia de “hidrógeno pesado”.

    El núcleo de hidrógeno pesado está constituído por un protón y un neutrón. Como tiene un número másico de 2, el isótopo es hidrógeno 2. Urey llamó a este átomo “deuterio” (de la voz griega deútoros, “segundo”), y al núcleo “deuterón”. Una molécula de agua que contenga deuterio se denomina “agua pesada” que tiene puntos de ebullición y congelación superiores al agua ordinaria, ya que, la masa del deuterio, es dos veces mayor que la del hidrógeno corriente. Mientras que éste hierve a 100°C y se congela a 0°C, el agua pesada hierve a 101’42 °C y se congela a 3’79 °C. El punto de ebullición del deuterio es de -23’7°k, frente a los 20’4°k del hidrógeno corriente.

    El deuterio se presenta en la naturaleza en la proporción de una parte por cada 6.000 partes de hidrógeno corriente. En 1.934 se otorgó a Urey el premio Nóbel de Química por su descubrimiento del deuterio.

    El deuterón resultó ser una partícula muy valiosa para bombardear los núcleos. En 1.934, el físico australiano Marcus Lawrence Edwin Oliphant y el austriaco P.Harteck atacaron el deuterio con deuterones y produjeron una tercera forma de hidrógeno, constituído por un protón y 2 neutrones. La reacción de planteó así:

    Hidrógeno-2 + Hidrógeno-2 → Hidrógeno-3 + Hidrógeno-1

    Este nuevo Hidrógeno superpesado se denomino “tritio” (del griego tritos “terceros”); su ebullición a 25’0 °K y su fusión, 20’5 °k.

    Como es mi costumbre, me desvió del tema y sin poderlo evitar, mi ideas (que parecen tener vida propia), cogen los caminos más diversos. Basta con que se cruce en el camino del trabajo que realizo, un fugaz recuerdo, lo sigo y me lleva a destinos distintos de los que me propuse al comenzar, así, en este caso, me pasé a la química que, también me gusta mucho y está directamente relacionada con la física, de hecho son hermanas, la madre, las matemáticas, la única que, finalmente, lo podrá explicar todo.

    Estamos hablando de las partículas y no podemos dejar a un lado el tema del movimiento rotatorio de las mismas. Usualmente se ve cómo la partícula gira sobre su eje, a semejanza de un trompo, o como la Tierra, o el Sol, o nuestra Galaxia o, si se me permite decirlo, como el propio Universo. En 1.925, los físicos holandeses George Eugene Uhlenbeck y Samuel Abraham Goudsmit aludieron por primera vez a esa rotación de las partículas. Estas, al girar, genera un minúsculo campo magnético; tales campos han sido objeto de medidas y exploraciones, principalmente por parte del físico alemán Otto Stern y el físico norteamericano Isaac Rabi, quienes recibieron los premios Nóbel de Física en 1.943 y 1.944, respectivamente, por sus trabajos sobre dicho fenómeno.

    Esas partículas (al igual que el protón, el neutrón y el electrón), que poseen espines que pueden medirse en número mitad, se consideran según un sistema de reglas elaboradas independientemente, en 1.926, por Fermín y Dirac. Por ello, se las llama y conoce como Estadísticas Fermi-Dirac. Las partículas que obedecen a las mismas se denominan fermiones, por lo cual el protón, el electrón y el neutrón son todos fermiones.

    Hay también partículas cuya rotación, al duplicarse, resulta igual a un número par. Para manipular sus energías hay otra serie de reglas, ideadas por Einstein y el físico indio S.N.Bose. Las partículas que se adaptan a la “estadística Bose-Einstein” son “bosones”. Por ejemplo, la partícula alfa, es un bosón.

    Las reglas de la mecánica cuántica tienen que ser aplicadas si queremos describir estadísticamente un sistema de partículas que obedece a reglas de ésta teoría en vez de las de la mecánica clásica. En estadística cuantica, los estados de energía se considera que están cuantizados. La estadística de Bose-Einstein se aplica si cualquier número de partículas puede ocupar un estado cuántico dado. Dichas partículas (como dije antes) son los bosones que, tienden a juntarse.

    Los bosones tienen un momento angular n h / 2p, donde n es cero o un entero y h es la constante de Planck. Para bosones idénticos, la función de ondas es siempre simétrica. Si solo una partícula puede ocupar un estado cuántico, tenemos que aplicar la estadística Fermi-Dirac y las partículas (como también antes dije) son los fermiones que tienen momento angular (n+½) h/2p y cualquier función de ondas de fermiones idénticos es siempre antisimétrica.

    La relación entre el espín y la estadística de las partículas está demostrada por el teorema espín-estadística.

    En un espacio de dos dimensiones es posible que hayce partículas (o cuasipartículas) con estadística intermedia entre bosones y fermiones. Estas partículas se conocen con el nombre de aiones; para aniones idénticos la función de ondas no es simétrica (un cambio de fase de+1) o antisimétrica (un cambio de fase de -1), sino que interpola continuamente entre +1 y -1. Los aniones pueden ser importantes en el análisis del efecto Hall cuántico fraccional y han sido sugeridos como un mecanismo para la superconductividad de alta temperatura.

    Debido al principio de exclusión de Pauli es imposible que dos fermiones ocupen el mismo estado cuántico (al contrario de lo que ocurre con los bosones).

    La condensación de Bose-Einstein es de importancia fundamental para explicar el fenómeno de la superfluidez. A temperaturas muy bajas (del orden de 2×10-7k) se puede formar un condensado de Bose-Einstein, en el que varios miles de átomos forman una única entidad (un superátomo). Este efecto ha sido observado con átomos de rubidio y litio. Este efecto (condensación Bose-Einstein), como ya habréis podido suponer, es llamado así en honor al físico Satyendra Naht Bose (1.894-1.974) y de Albert Einstein.

    Así que, el principio de exclusión de Pauli tiene aplicación no sólo a los electrones, sino también a los fermiones; pero no a los bosones.

    Si nos fijamos en todo lo que estamos hablando aquí, es fácil comprender como forma un campo magnético la partícula cargada que gira, pero ya no resulta tan fácil saber por qué ha de hacer lo mismo un neutrón descargado. Lo cierto es que ocurre así. La prueba directa más evidente de ello es que cuando un rayo de neutrones incide sobre un hierro magnetizado, no se comporta de la misma forma que lo haría si el hierro no estuviese magnetizado. El magnetismo del neutrón sigue siendo un misterio; los físicos sospechan que contiene cargas positivas y negativas equivalentes a cero, aunque por alguna razón desconocida, lograr crear un campo magnético cuando gira la partícula.

    Particularmente creo que, si el neutrón tiene masa, si la masa es energía (E=mc2), y si la energía es electricidad y magnetismo (según Maxwell), el magnetismo del neutrón no es tan extraño, sino que es un aspecto de lo que en realidad es, ¡materia! La materia es la luz, la energía, el magnetismo. En definitiva, la fuerza que reine en el Universo y que esté presente, de una u otra forma en todas partes (aunque no podamos verla).

    ¡Es Curioso!

    Sea como fuere, la rotación del neutrón nos de la respuesta a esas preguntas:

    ¿Qué es el antineutrón? Pues, simplemente, un neutrón cuyo movimiento rotatorio se ha invertido; su polo sur magnético, por decirlo así, está arriba y no abajo. En realidad, el protón y el antiprotón, el electrón y el positrón, muestran exactamente el mismo fenómeno de los polos invertidos.

    Es indudable que las antipartículas pueden combinarse para formar la “antimateria”, de la misma forma que las partículas corrientes forman la materia ordinaria.

    La primera demostración efectiva de antimateria se tuvo en Brookhaven en 1.965, donde fue bombardeado un blanco de berilio con 7 protones BeV y se produjeron combinaciones de antiprotones y antineutrones, o sea, un “antideuterón”. Desde entonces se ha producido el “antihielo 3″, y no cabe duda de que se pudiera crear otros antinúcleos más complicados aun si se abordara el problema con más interés.

    Pero, ¿existe en realidad la antimateria? ¿Hay masas de antimateria en el Universo?. Estos nos hablan de antiprotones que síu es antimateria pero… ¡Habrá que profundizar un poco más!

    Bueno, esa podría ser otra larga historia.

    emilio silvera

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