Antiguos textos dan pistas sobre un misterioso pico de radiación

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Artículo publicado por Richard A. Lovett el 27 de junio de 2012 en Nature News

Un pico durante el siglo VIII en los niveles de carbono-14 encontrados en los árboles podría explicarse mediante la supernova del “crucifijo rojo”.

Un sobrecogedor “crucifijo rojo” visto en el cielo nocturno de Gran Bretaña en  el año 774 d.C puede ser una explosión de supernova no conocida anteriormente — y podría explicar un misterioso pico en los niveles de carbono-14 en los anillos de crecimiento de esos años en cedros japoneses. El vínculo se sugiere hoy en una Correspondencia en la revista Nature de un estudiante estadounidense con un amplio trasfondo interdisciplinar y una mente inquisitiva1.

Hace unas semanas, Jonathon Allen, estudiante de bioquímica en la Universidad de California en Santa Cruz, estaba escuchando el podcast de Nature cuando escuchó que un equipo de investigadores de Japón había encontrado un pico en los niveles de carbono-14 en anillos de árboles. El pico probablemente procedía de un estallido de radiación de alta energía que impactó en la atmósfera superior, aumentando la tasa a la que se forma el carbono-14.

Crónicas Anglo-Sajonas


Pero había un problema: las únicas causas conocidas para tales niveles de radiación son las explosiones de supernova o las llamaradas solares gigantes, y los investigadores no tenían conocimiento de que hubiese tenido lugar alguno de estos eventos en los años 774 ó 775 d.C, las fechas indicadas por los anillos de los árboles.

Intrigado, Allen buscó en Internet. “Simplemente hice una búsqueda rápida en Google”, comenta.

Su interés por la historia fue de ayuda, apunta. “Sabía que cuando te remontas tanto en el tiempo, hay muy poca historia escrita”, dice. “Lo único que he visto u oído eran textos religiosos y ‘crónicas’ que listaban reyes y reinas, guerras y cosas de ese tipo”.

Su búsqueda encontró entradas del siglo VIII en la Crónica Anglo-Sajona en el Proyecto Avalon, una biblioteca en línea de documentos legales e históricos alojada en la Universidad de Yale en New Haven, Connecticut. Bajando hasta el año 774 d.C, Allen encontró una referencia a un “crucifijo rojo” que apareció en los cielos “tras la puesta del Sol.

Oculto en los cielos

“Esto me hizo pensar en algún tipo de evento estelar”, comenta  Allen. Además, señala, el color rojizo podría indicar que la fuente estaba oculta tras una densa nube de polvo que dispersara toda la luz salvo una pequeña cantidad de luz roja. Tal nube podría también evitar que los restos de la supernova propuesta sean observados por los astrónomos modernos.

Los científicos del campo están impresionados. Geza Gyuk, astrónomo del Planetario Adler de Chicago en Illinois, que ha usado la Crónica Anglo-Sajona para investigar eventos astronómicos del pasado, dice que Allen podría haber dado con algo. “El texto sugiere que el objeto se observó en los cielos occidentales poco después de la puesta de Sol”, dice. “Esto implicaría que tendría que haberse movido por detrás del Sol [donde no podría observarse] conforme la Tierra orbita a nuestra estrella. Esto, junto con lo tenue de la ‘nueva estrella’ debido al polvo sería una buena explicación a por qué nadie habría visto o registrado el evento”.

No obstante, dice Donald Olson, físico con interés en la astronomía histórica de la Universidad Estatal de Texas en San Marcos: “Las crónicas antiguas son difíciles de interpretar de forma inequívoca”.

Ya en 1870, dice, John Jeremiah publicó un artículo en Nature en referencia al mismo texto de las Crónicas Anglo-Sajonas. Jeremiah propuso que podría ser una primera descripción de las Luces del Norte2.

“Otra posible explicación podría ser un espectáculo de cristales de hielo”, añade Olson, señalando que el “crucifijo” rojo podría haberse formado al iluminar la luz del Sol poniendo partículas de hielo a gran altitud, en bandas tanto horizontales como verticales.

Pero podría también haber sido una supernova no reconocida con anterioridad. Muchas de las supernovas que ahora conocen los astrónomos “simplemente faltan” en los registros históricos, dice Gyuk. “El cielo es un lugar muy grande y los registros históricos no son muy buenos”.


Nature doi:10.1038/nature.2012.10898

Artículos de Referencia:

1.- Allen, J. Nature 486, 473 (2012).

2.- Jeremiah, J. Nature 3, 174–175 (1870)

Autor: Richard A. Lovett
Fecha Original: 27 de junio de 2012
Artículo Original

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