Un hallazgo clave para la teoría Gaia de la Tierra como organismo vivo

Artículo publicado por Lee Tune el 15 de mayo de 2012 en la Universidad de Maryland

El descubrimiento podría finalmente llevar a una mejor comprensión y predicción del clima.

¿Realmente la Tierra es una especie de organismo vivo gigante como predice la hipótesis Gaia? Un nuevo descubrimiento realizado por la Universidad de Maryland puede proporcionar una clave para responder esta pregunta. Esta clave de azufre podría permitir a los científicos desvelar las hasta ahora ocultas interacciones entre los organismos oceánicos, la atmósfera, y la tierra – interacciones que podrían ofrecer pruebas que apoyen esta famosa teoría.

La hipótesis Gaia – enunciada por primera vez por James Lovelock y Lynn Margulis en la década de 1970 – sostiene que los procesos físicos y biológicos de la Tierra están inextricablemente conectados para formar un sistema auto-regulado y básicamente sensible.

| Las edades de Gaia | © by arquera


Una de las primeras predicciones de la hipótesis era que debería haber un compuesto de azufre creado por los organismos oceánicos que fuese lo bastante estable contra la oxidación en el agua como para permitir su transferencia al aire. Ya fuese el propio compuesto de azufre o el producto de su oxidación atmosférica, tendría que retornar azufre del océano a las tierras superficiales. El candidato más probable para este papel se conoció como dimetilsulfuro.

Un trabajo recientemente publicado realizado en la Universidad de Maryland (UMD) por el primer autor, Harry Oduro, junto con el geoquímico de la UMD James Farquhar y la bióloga marina Kathryn Van Alstyne de la Universidad de Western Washington, proporciona una herramienta para rastrear y medir el movimiento del azufre a través de los organismos oceánicos, la atmósfera y la tierra de una forma que podría ayudar a demostrar o refutar la controvertida teoría Gaiga. Su estudio aparece en la Edición en línea avanzada de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

De acuerdo con Oduro y sus colegas, este trabajo presenta las primeras medidas directas de la composición isotópica del dimetilsulfuro y de su precursor el dimetilsulfoniopropionato. Estas medidas revelan las diferentes en las proporciones de isótopos de estos dos compuestos de azufre que están producidos por microalgas y fitopláncton. Estas medidas están vinculadas al metabolismo de los compuestos por parte de estos organismos oceánicos y tienen implicaciones para el seguimiento de las emisiones de dimetilsulfuro desde los océanos a la atmósfera.

El azufre, el décimo elemento más abundante del universo, es parte de muchos compuestos orgánicos e inorgánicos. El azufre se recicla a través de la tierra y los organismos vivos y desempeña un papel clave en el clima y en la salud de los organismos y ecosistemas.

“Las emisiones de dimetilsulfuro desempeñan un papel clave en una regulación del clima a través de la transformación en aerosoles, que se cree que influyen en el equilibrio de radiación de la Tierra”, dice Oduro llevó a cabo la investigación mientras completaba su doctorado en Ciencias geológicas y del sistema de la Tierra en Maryland  y que ahora es becario de posdoctorado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). “Demostramos que las diferencias en la composición isotópica del dimetilsulfuro puede variar de forma que nos ayude a refinar las estimaciones de sus emisiones a la atmósfera y su reciclado en los océanos”.

Como tantos otros elementos químicos, el azufre consta de distintos isótopos. Todos los isótopos de un elemento se caracterizan por tener el mismo número de electrones y protones, pero un número distinto de neutrones. Por tanto, los isótopos de un elemento están caracterizados por tener idénticas propiedades químicas, pero distinta masa y propiedades nucleares. Como resultado, es posible que los científicos puedan usar combinaciones únicas de isótopos radiactivos de un elemento como firmas isotópicas mediante las cuales rastrear los compuestos de un elemento.

“Lo que ha hecho  Harry en esta investigación fue idear una forma de aislar y medir la composición isotópica de estos dos compuestos de azufre”, dice Farquhar, profesor en el Departamento de Geología de la Universidad de Maryland. “Ha sido una medida difícil de lograr correctamente, y sus medidas revelaron una variabilidad inesperada en una señal isotópica que parece estar relacionada con la forma en que se metaboliza el azufre.

El trabajo de Harry establece que deberíamos esperar observar una variabilidad en las firmas de isótopos de azufre de los compuestos en los océanos bajo distintas condiciones ambientales y para distintos organismos.  Creo que finalmente esto será muy importante para el uso de isótopos para rastrear el reciclado de estos compuestos en la superficie de los océanos así como el flujo del dimetilsulfuro a la atmósfera. La capacidad de hacer esto podría ayudarnos a responder importantes cuestiones climáticas, y finalmente a predecir mejor los cambios del clima. E incluso podría ayudarnos a trazar mejor las conexiones entre las emisiones de dimetilsulfuro y los aerosoles de sulfatos, poniendo a prueba por fin un acoplamiento de la hipótesis Gaia”, comenta Farquhar.


Autor: Lee Tune
Fecha Original: 15 de mayo de 2012
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Comments (11)

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  3. MR

    Esto se llama jet lag

  4. rafa

    El artículo es interesante, pero se debería tener más cuidado a la hora de elegir ciertas palabras. Se usa por ejemplo “hipótesis” como sinónimo de “teoría”, cuando en ciencia hay una clara distinción, pues la última necesita de una base empírica suficientemente firme.

    Es la primera vez que comento, pero me paso muchas veces por aquí, así que aprovecho para daros las gracias por el blog!

  5. Verdaderamente es un paso más hacia el conocimiento de nuestro mundo y otro parámetro (importante) de cómo la atmósfera se nutre de este y otros cambios de fase que hace que nuestro mundo sea tal como lo conocemos. ¡GAIA! Sí, es casi como un ente vivo que, en simbiosis con los demás seres vivos que la habitan, conforman ese todo habitable que hace posible que estemos aquí.

    Hay algunas historias que merecen ser contadas y, de ellas, podemos obtener información valiosa de cómo surgieron algunos nombres y qué hicieron algunos personajes, y, precisamente aquí que hablamos tanto de la Tierra, de Marte y de la Vida dentro y fuera del planeta, creo que está bien dejar el siguiente trabajo que resulta aleccionador y que, he podido entresacar de las ideas originales de John Gribbin en su magnifico libro: Así de Simple.

    El cambio de perspectiva, que nos proporciona nuevos puntos de vista sobre la naturaleza global de la vida en la Tierra, llegó como resultado de dos cosas: una imagen espectacular y el trabajo de un hombre, dos aspectos que están relacionados con la exploración del espacio. La imagen en cuestión fue una fotografía tomada por los astronautas del Apolo, donde se podía ver la Tierra como nuestro hogar en el espacio, un único oasis de vida azul y blanco rodeado por un desierto negro. El hombre fue Jim Lovelock, al que se le ocurrió la idea de que los componentes vivos y no vivos del entorno terrestre ejercen interacciones mutuas en una red que mantiene condiciones estables y adecuadas para la vida en nuestro planeta. Su teoría estaba basada directamente en los principios de la termodinámica y en las diferencias entre los sistemas que están en equilibrio y los que no lo están, cuestión esta última que ya hemos descrito, relativo a la aplicación de la termodinámica de los estados no equilibrados a situaciones en las que participan sistemas que se encuentran al borde del caos.

    El mejor modo de buscar procesos de disminución de la entropía que estuvieran funcionando en algún planeta sería medir la composición química de su atmósfera. Por ejemplo, si no hubiera vida en Marte, los gases de su atmósfera se encontrarían en un estado de equilibrio termodinámico y químico dominado por componentes estables tales como el dióxido de carbono. Si hubiera vida, entonces los productos de desecho de los procesos vitales se verterían a la atmósfera marciana, aportando a ésta gases reactivos tales como el metano y el oxígeno, que disminuirían la entropía de la atmósfera.

    Había otras posibilidades, algunas de las cuales explicó Lovelock posteriormente en un trabajo publicado en la revista Nature, incluida la posibilidad de detectar y analizar los sonidos de la atmósfera de Marte. Como ya hemos visto, los sonidos emitidos por seres vivos contienen información (entropía negativa) y se caracterizan como ruido 1/f, que es bastante diferente del ruido blanco de las fluctuaciones aleatorias. Ya fuera el equivalente marciano del canto de un pájaro, o del chirrido de los grillos, o de la música de Mozart, un sencillo análisis de las pautas sonoras podría revelar la presencia de vida. Estas y otras ideas dejaron impresionados a los planificadores del JPL (aunque muchos de los biólogos no se impresionaron lo más mínimo). Los planificadores de la NASA se quedaron igualmente impresionados y, ante el asombro de Lovelock, le nombraron director científico en funciones, por lo que pasó a ser el encargado de desarrollar aquellos experimentos físicos de detección de vida para una misión en Marte que ya estaba propuesta.

    La hipótesis Gaia, formulada por el químico atmosférico de la NASA James Lovelock y más tarde refrendada por la microbióloga Lynn Margulis (que ya nos ha dejado), ha supuesto el planteamiento de una visión diferente de la evolución y de las interconexiones de la vida en la Tierra.

    La historia resulta ser algo más larga pero, sólo he querido dejar aquí lo esencial de ella y, el origen de la idea de Gaia que no todos concían.

    Claro que, muchas son las fases por las que tuvieron que pasar los elementos químicos que, junto a la materia prebiótica, dieron lugar, finalmente, al surgir de la Vida en nuestro Planeta, la Tierra. En la formación que finalmente podemos contemplar de la Tierra no intervinieron únicamente los procesos cósmicos. Los animales, las plantas y los microorganismos influyeron de manera decisiva en las estructuras planetarias durante el curso de la historia de nuestro Planeta. Sin ellos no exitiría una atmósfera con oxígeno, ni islas de coral, ni tierras fértiles, ni materias primas como el petróleo o el carbón. Por supuesto, el Azufre, ha jugado su papel en todo este conglomerado maravilloso de la Vida en la Tierra.

    En algún momento del pasado de la Tierra, estimado en aproximadamente 2.500 – 3.500 millones de años, tuvo lugar lo que denominamos revolución oxigénica, durante la cual las cianobacterias produjeron tanto oxígeno que la atmósfera y los océanos quedaron literalmente saturados de este nuevo compuesto químico. Tal producción de oxígeno afectó drásticamente a la biósfera del planeta. Antes de la revolución oxigénica, pocos organismos estaban adaptados para vivir en presencia de oxígeno abundante; las moléculas de oxígeno actuaban como un veneno, reaccionando con las moléculas orgánicas complejas y degradándolas. Debido a esto, la mayor parte de la vida existente en ese momento debió quedar exterminada; las cianobacterias serían responsables de una gran extinción masiva.

    Por otro lado, los elevados niveles de oxígeno que se acumularon en la atmósfera dieron como resultado una capa de ozono, de vital importancia para la vida como la conocemos. El ozono filtra los perniciosos rayos ultravioletas, que tienen un efecto especialmente perjudicial para los ácidos nucleicos, impidiendo que lleguen a la superficie de la Tierra. Si lo miramos desde esa perspectiva, es muy probable que el desarrollo de la vida fuera de los océanos y más aún, de toda la vida como la conocemos, incluso la nuestra, haya sido posible solo gracias a la capa de ozono, y por ende, a las cianobacterias que aportaron el abundante oxígeno para generarla.

    En nuestro sistema solar la vida se desarrolló por primera vez sorprendentemente pronto tras la formación de un entorno terrestre hospitalario. Hay algo inusual en esto. El secreto reside en el tiempo biológico necesario para desarrollar la vida y el tiempo necesario para desarrollar estrellas de segunda generación y siguientes que en novas y supernovas cristalicen los materiales complejos necesarios para la vida, tales como el hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, carbono, etc.

    Muchos son los parámetrtos a tener en cuenta para llegar a la formación de nuestra atmósfera planetaria y todo el ecosistema que tenemos y del que podemos disfrutar. Claro que, nadie cae en la cuenta de que, eso lo tenemos y es posible, gracias a unos “seres” infinitesimales,los procariotas que realizan el “milagro”.

    La evolución de una atmósfera planetaria que sustente la vida requiere una fase inicial durante la cual el oxígeno es liberado por la fotodisociación de vapor de agua. En la Tierra esto necesitó 2.400 millones de años y llevó el oxígeno atmosférico a aproximadamente una milésima de su valor actual. Cabría esperar que la longitud de esta fase fuera inversamente proporcional a la intensidad de la radiación en el intervalo de longitudes de onda del orden de 1000-2000 ángstroms, donde están los niveles moleculares clave para la absorción de agua.

    Este simple modelo indica la ruta que vincula las escalas del tiempo bioquímico de evolución de la vida y la del tiempo astrofísico que determina el tiempo requerido para crear un ambiente sustentado por una estrella estable que consume hidrógeno en la secuencia principal y envía luz y calor a los planetas del Sistema Solar que ella misma forma como objeto principal.

    A muchos les cuesta trabajo admitir la presencia de vida en el universo como algo natural y corriente, ellos abogan por la inevitabilidad de un universo grande y frío en el que es difícil la aparición de la vida, y en el supuesto de que ésta aparezca, será muy parecida a la nuestra.

    Los biólogos, sin embargo, parecen admitir sin problemas la posibilidad de otras formas de vida, pero no están tan seguros de que sea probable que se desarrollen espontáneamente, sin un empujón de formas de vida basadas en el carbono. La mayoría de las estimaciones de la probabilidad de que haya inteligencias extraterrestres en el universo se centran en formas de vida similares a nosotros que habiten en planetas parecidos a la Tierra y que necesiten agua y oxígeno o similar con una atmósfera gaseosa y las demás condiciones de la distancia entre el planeta y su estrella, la radiación recibida, etc. En este punto, parece lógico recordar que antes de 1.957 se descubrió la coincidencia entre los valores de las constantes de la Naturaleza que tienen importantes consecuencias para la posible existencia de carbono y oxígeno, y con ello para la vida en el universo.

    Múltiples formas de vida, tanto macro como microscópicas, estámn presentes en nuestro planeta, y, de la misma manera, lo estarán en otros que, estando en la zona habitable de su estrella, tengan condiciones similares o parecidas a las nuestras.

    Hay una coincidencia o curiosidad adicional que existe entre el tiempo de evolución biológico y la astronomía. Puesto que no es sorprendente que las edades de las estrellas típicas sean similares a la edad actual del universo, hay también una aparente coincidencia entre la edad del universo y el tiempo que ha necesitado para desarrollar formas de vida como nosotros.

    Si miramos retrospectivamente cuánto tiempo han estado en escena nuestros ancestros inteligentes (Homo Sapiens) vemos que han sido sólo unos doscientos mil años, mucho menos que la edad del universo, trece mil millones de años, o sea, menos de dos centésimos de la Historia del Universo. Pero si nuestros descendientes se prolongan en el futuro indefinidamente, la situación dará la vuelta y cuando se precise el tiempo que llevamos en el universo, se hablará de miles de millones de años.

    A veces, nuestra imaginación dibuja mundos de ilusión y fantasía pero, en realidad, son sólo ¿sueños?, o, por el contrario, pudieran estar en alguna parte del Universo.

    Podríamos imaginar fácilmente números diferentes para las constantes de la Naturaleza de forma tal que los mundos también serían distintos al planeta Tierra y la vida no sería posible en ellos. Aumentemos la constante de estructura fina más grande y no podrá haber átomos, hagamos la intensidad de la gravedad mayor y las estrellas agotarán su combustible muy rápidamente, reduzcamos la intensidad de las fuerzas nucleares y no podrá haber bioquímica, y así sucesivamente.

    Hay cambios infinitesimales que seguramente podrían ser soportados sin notar cambios perceptibles, como por ejemplo en la vigésima cifra decimal de la constante de estructura fina. Si el cambio se produjera en la segunda cifra decimal, los cambios serían muy importantes. Las propiedades de los átomos se alteran y procesos complicados como el plegamiento de las proteínas o la replicación del ADN pueden verse afectados de manera adversa. Sin embargo, para la complejidad química pueden abrirse nuevas posibilidades. Es difícil evaluar las consecuencias de estos cambios, pero está claro que, si los cambios consiguen cierta importancia, los núcleos dejarían de existir, no se formarían células y la vida se ausentaría del planeta, siendo imposible alguna forma de vida.

    Las constantes de la naturaleza ¡son intocables! ¡Es todo tan complejo!

    Perdonad el ladrillo. (siempre teneis la ruedecilla para pasar…de largo)

  6. Omegaman

    Gracias Emilio por tus enseñanzas, para nada es un ladrillo… Para mí siempre son una parte obligatoria a leer del post, pues a los que nos cuesta entender los artículos… nos ayuda mucho. ¡Un saludo!

  7. Omegaman

    Y gracias también a Ciencia Kanija…¡Sin duda el mejor blog!

  8. Ozzy

    Gracias Emilio por tus “ladrillos”.
    Se aprende mucho de ti.
    Un saludo

  9. aloctavodia

    Emilio, es una exageración decir que las constantes de la naturaleza no se pueden modificar sin que deje de existir la vida. Eso sucede cuando se modifica una sola variable, pero hay varios estudios que demuestran que si se varían varias constantes de formas simultanea, los cambios se puede compensar dando origen a un rango de valores compatibles con el universo y la vida como los conocemos (o al menos similares).
    Estoy de acuerdo con Rafa cuando dice que no hay que mezclar el término hipótesis con teoría, la ideas de Gaia son una hipótesis no una teoría. Por cierto el artículo de PNAS no nombra en ningún momento la hipótesis de Gaia, aunque si hace referencia a un trabajo de Lovelock y otros respecto de la utilidad de medir ciertos compuestos de azufre. De las conclusiones del trabajo científico de PNAS a la hipótesis de Gaia hay una grannnnnnnnnnnn, grannnnnnnnnn, grannnnnnn distancia.

    Saludos.

    • Amigo aloctavodia:

      Recorremos interminables pasillos buscando esa puerta luminosa que nos lleve hasta las respuestas que nadie nos supo dar. La Naturaleza esconde secretos insondables que debemos desvelar y, para ello, sólo contamos con una herramienta: Nuestra Mente.

      La física se ha devanado los sesos con el 137 durante décadas. Werner Heisember (el que nos regaló el Principio de Incertidumbre en la Mecánica Cuántica), proclamó una vez que, todas las fuentes de perplejidad que existen en la mecánica cuántica se secarían si alguien explicara de una vez el 137.

      ¿Por qué alfa es igual a 1 partido por 137? El 137 es un número primo. Su inversa, 1/137, es un valor muy cercano al de la constante alfa, que (según la electrodinámica cuántica) caracteriza la interacción entre fotones y electrones. El nombre técnico de alfa es “constante de estructura fina“, y es una de las constantes físicas cuya predicción teórica mejor coincide con los datos experimentales.

      Los físicos han demostrado que el valor de alfa es el que tiene que ser para que exista un Universo como el nuestro. De hecho, si alfa variara apenas un poco (menos del 5%), el carbono no se produciría en los hornos estelares y, la vida, tal como la concemos, estaría ausente.

      Por otras parte, variar simultáneamente todas las constantes de la naturaleza no parece una empresa sencilla y, aunque así fuera, los resultados, al menos serían dudosos.

      Más secillo es pensar en que pudiera (por la cusa que fuera) variar una de ls constantes de la Naturaleza y, desde luego, la cosa es muy complicada. Pensaemos por un momento que varía una diezmillonésima parte la carga del electrón. Al no coincidir con la del protón, no se equilibraría el el átomo y no se podrían formar las moléculas y no podrían formarse las estrellas, las galaxias, y, nosotros tampoco.

      A eso me referia cuando me experasaba en esos términos. Claro que, si queremos pintar las cosas a nuestra propia conveniencia, entonces, será mejor que todas las constantes varian en el mismo parámetro o nivel para que todo, si fuera posible, continúe igual…¿lo que es dudoso!

      Pensemos por un momento que cambiara la velocidad de la Luz, la Gravedad, y el electromagnetismo. ¿Qué mundo sería el nuestro? ¿Que incidencias twendrían esos cambios?

      ¡Mejor lo dejamops todo como está!

  10. Todos conocemos que una de las fuerzas fundamentales de la Naturaleza es la Gravedad que, se significa mediante el símbolo G, y, en alguna ocasión, se propuso la hipótesis de la posibilidad de una G variable que, finalmente, no llegó a florecer, ya que, las consecuencias hubieran sido inaceptables para la vida en la Tierrra.

    Gamow tuvo varias discusiones con Dirac sobre estas variantes de su hipótesis de G variable. Dirac dio una interesante respuesta a Gamow con respecto a su idea de que la carga del electrón y con ella la constante de estructura fina era un número racional, literalmente le dijo:

    “Es difícil formular cualquier teoría firme sobre las etapas primitivas del Universo porque no sabemos si hc/e² es constante o varía proporcionalmente a log (t). Si hc/e² fuera un entero tendría que ser una constante, pero los experimentadores dicen ahora que no es un entero, de modo que muy bien podría estar variando. Si realmente varía, la química de las etapas primitivas sería completamente diferente, y la radioactividad también estaría afectada. Cuando empecé a trabajar sobre gravitación esperaba encontrar alguna conexión entre ella y los neutrinos, pero esto ha fracasado.”

    Según esto, Dirac no iba a suscribir fácilmente una e variable como la solución al enigma de los grandes números. Su trabajo científico más importante había hecho comprensible la estructura de los átomos y el comportamiento del electrón.

    Todo esto se basaba en la hipótesis, compartida por casi todos los demás, de que era una verdadera constante, la misma en todo tiempo y todo lugar en el Universo.

    Si tenemos tendencia a sentirnos intimidados sólo por el tamaño del Universo, está bien recordar que en algunas teorías cosmológicas existe una conexión directa entre la cantidad de material en el Universo y las condiciones en cualquier porción limitada del mismo, de modo que en efecto puede ser necesario que el Universo tenga el enorme tamaño y la enorme complejidad que la Astronomía moderna ha revelado para que la Tierra sea un posible hábitat para seres vivos.

    Esta simple observación puede ampliarse para ofrecernos una comprensión profunda de dos sutiles lazos que existen entre aspectos superficialmente diferentes del Universo que vemos a nuestro alrededor y las propiedades que se necesitan si un universo va a contener seres vivos de cualquier tipo.

    El entorno cambiante en un Universo en expansión como el nuestro, a medida que se enfría y envejece es posible que se formen átomos, moléculas y galaxias, estrellas y mundos y hasta organismos vivos. En el futuro las estrellas agotarán su combustible nuclear y morirán. Nuestro tipo de evolución en la historia cósmica del universo, está dentro de unos parámetros químico-biológicos que está presente en las nebulosas formadas por las estrellas con sus últimos estertores de vida, y, si ocurrió una primera vez, aquí en el Planeta Tierra, ¿por qué no habría de ocurrir otras muchas en otros muchos planetas iguales, parecidos o distintos al nuestro? Eso será posible porel simple hecho de que las constantes universales son invariantes.

    Las estrellas tardan mucho tiempo en formarse y producir los elementos más pesados que requiere la complejidad biológica. Pero los universos viejos también tienen sus problemas. Conforme pasa el tiempo en el Universo el proceso de formación de estrellas se frena. Todo el gas y el polvo que constituyen las materias primas de las estrellas habrán sido procesados por las estrellas y eyectados al espacio intergaláctico donde no pueden enfriarse y fundirse en nuevas estrellas. Pocas estrellas suponen pocos sistemas solares y planetas.

    Una de las cuestiones más controvertidas en la cosmología es porque las constantes fundamentales de la Naturaleza parecen finamente ajustadas para la vida. Una de estas constantes es la constante de estrucutra fina o alfa, que es la constante de acoplamiento de la fuerza electromagnética (usualmente denota g, es un número que determina la fuerza de una interacción) y equivale a 1/137,03599911.

    Todas estas ideas y experimentos han establecido un escenario para que los astrónomos mejoren nuestros conocimientos sobre la invariancia de constantes particulares de la Naturaleza a medida que las tecnología avanza y los telescopios y detectores pueden realizar observaciones que nos confirmen la invariancia incluso a tra´ves del paso del tiempo, por eso se llaman constantes.

    La estructura de los átomos y las moléculas está controlada casi por completo por dos números: la razón entre las masas del electrón y el protón, β, que es aproximadamente igual a 1/1.836, y la constante de estructura fina, α, que es aproximadamente 1/137. Supongamos que permitimos que estas dos constantes cambien su valor de forma independiente y supongamos también (para hacerlo sencillo) que ninguna otra constante de la Naturaleza cambie. ¿Qué le sucede al mundo si las leyes de la naturaleza siguen siendo las mismas?

    Si deducimos las consecuencias pronto encontramos que no hay muchos espacios para maniobrar. Incrementemos β demasiado y no puede haber estructuras moleculares ordenadas porque es el pequeño valor de beta el que asegura que los electrones ocupen posiciones bien definidas alrededor de un núcleo atómico y las cargas negativas de los electrones igualan las cargas positivas de los protones haciendo estable el núcleo y el átomo.

    Si en lugar de α versión β, jugamos a cambiar la intensidad de la fuerza nuclear fuerte aF, junto con la de α, entonces, a menos que αF > 0,3 α½, los elementos como el carbono no existirían.

    No podrían existir químicos orgánicos, no podrían mantenerse unidos. Si aumentamos aF en solo un 4 por 100, aparece un desastre potencial porque ahora puede existir un nuevo núcleo de helio, el helio-2, hecho de 2 protones y ningún neutrón, que permite reacciones nucleares directas y más rápidas que de protón + protón → helio-2.

    Las estrellas agotarían rápidamente su combustible y se hundirían en estados degenerados o en agujeros negros. Por el contrario, si aF decreciera en un 10 por 100, el núcleo de deuterio dejaría de estar ligado y se bloquearía el camino a los caminos astrofísicos nucleares hacia los elementos bioquímicos necesarios para la vida.

    Al menos eso es lo que parece… hasta donde sabemos.

    Saludos.

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