Los escondites salinos de las bacterias del río Tinto pueden ser como los de Marte

Artículo pubicado el 10 de enero de 2013 en SINC

Investigadores del Centro de Astrobiología han identificado los microorganismos que viven dentro de las costras de sal en el entorno ácido y ferroso del río Tinto, en Huelva. Las condiciones extremas de estas microcuevas se podrían asemejar a las de los depósitos salinos de Marte y la luna Europa de Júpiter, una posibilidad que deberán considerar las misiones que operan allí, como Curiosity.

Las altas dosis de radiación, la falta de humedad, así como la temperatura y presión extremas que soporta la superficie de Marte, hacen difícil el desarrollo de la vida. Dentro de este ambiente tan hostil, los científicos buscan nichos más ‘amigables’ que pudieran guarecerla y uno de los candidatos son los depósitos salinos.

Natrojarosita en Río Tinto

Natrojarosita en Río Tinto Crédito: F. Gómez / CAB.


Ahora un equipo del Centro de Astrobiología (CAB, INTA-CSIC) ha analizado un ambiente de este tipo en la Tierra: las costras de sal asociadas a un mineral con azufre y hierro denominado natrojarosita. Se encuentra en la cuenca del río Tinto, en Huelva, y es muy similar a otro detectado en Marte: la jarosita. Su presencia revela la existencia presente o pasada de agua.

“Los depósitos salinos son buenos ‘albergadores’ de restos biológicos, e incluso de vida en sí misma, en situaciones muy adversas”, destaca a SINC Felipe Gómez, coautor de este trabajo que publica la revista Planetary and Space Science.

“El motivo es que en este ambiente se mantienen unas condiciones menos adversas que las del entorno, ya que, por ejemplo, protege de la radiación y mantiene condiciones de humedad superiores a las del exterior”, explica el investigador.

Cinco morfologías ocultas en microcuevas de sal

Con técnicas microscópicas y de ecología molecular, el equipo ha descubierto una película de bacterias y algas viviendo en microcuevas de sal que no se pueden observar directamente. Se han encontrado hasta cinco morfologías distintas de microorganismos pertenecientes a géneros como Dunaliella y Cyanidium.

Los depósitos analizados se han ido formado en capas de pocos milímetros de grosor y constituyen un ecosistema “completamente distinto” del ya de por sí extraño ambiente del río Tinto.

“Los minerales precipitados solo se pueden haber formado en un entorno tan ácido como este, y aún así albergan comunidades microbianas en desarrollo, es decir, que aquí encuentran su ecosistema óptimo”, dice Gómez.

Según el estudio, “la localización de estos micronichos protegidos en un análogo terrestre de Marte –como el río Tinto– supone un importante paso para considerar el potencial de habitabilidad del planeta rojo”.

La sonda Mars Global Surveyor de la NASA ya ha localizado formaciones salinas en forma de abanico aluvial en la superficie marciana y los científicos piensan que también las podría haber bajo el océano helado de la luna Europa, uno de los satélites de Júpiter.

“Desde un punto de vista astrobiológico, los depósitos de sal tienen gran importancia y se deben tener en cuenta a la hora de buscar restos de vida en misiones espaciales de exploración, como la que actualmente está desarrollando el rover Curiosity en Marte”, concluye Gómez. De hecho, se han localizado depósitos salinos de interés astrobiológico no lejos de donde se mueve el rover de la NASA.

En la Tierra, el equipo del CAB también ha estudiado ambientes salinos extremos en el lago Chott El Jerid (Túnez) y bajo el suelo del desierto de Atacama (Chile).


Referencia bibliográfica: F. Gómez, J.A. Rodríguez-Manfredi, N. Rodríguez, M. Fernández-Sampedro, F.J. Caballero-Castrejón, R. Amils. “Habitability: Where to look for life? Halophilic habitats: Earth analogs to study Mars habitability”. Planetary and Space Science 68 (1): 48–55, 2012.

Fecha Original: 10 de enero de 2013
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Comment (1)

  1. El trabajo aquí expuesto amplia los anteriores que, sobre el mismo tema, fueron antes publicado. Sin embargo, no por ello seja de ser interesante y proporciona datos valiosos para la búsqueda de la vida fuera de la Tierra pero, cerca de nuestra esfera regional dentro del Sistema solar.

    Muchos son los ejemplos que podríamos mencionar sobre estos asombrosos “seres” infinitesimales que viven en condiciones extremas. Grupos de investigadores se han dedicado al estudio de una bacteria quimiolitotrófica que sobrevive consiguiendo su energía oxidando pirita, también conocida como el “oro del tonto”.

    Hace unos días que estuve allí, en el rio Tinto, donde los meandros rojo brillante atraviesan la campiña del Sudoeste español, sus aguas son tan ácidas que corroen el metal.

    Las imágenes que podemos en ese lugar contemplar nos trae al pensamiento los peores excesos de la polución industrial, hace mucho tiempo ya desde que científicos asumieran que la mina de cobre local había contaminado el río Tinto.

    La actividad minera en el río Tinto data de al menos 5000 años atrás, aunque si bien esto ha alterado al río no es el único responsable de sus actuales condiciones. El drenaje de rocas ácidas es un proceso natural que ocurre cuando agua, oxigeno y bacterias interaccionan con materiales sulfurosos produciendo soluciones altamente acidificadas.

    La cuenca del río Tinto discurre por la franja pirítica Ibérica, una de las mayores formaciones de complejos sulfurosos del mundo. La pirita es sulfuro de hierro (FeS2), y también se la conoce como el “oro de tontos”.

    Ricardo Amils es el director del Laboratorio de Microbiología Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid, y asociado con el centro español de Astrobiología. Amils ha estado estudiando el ecosistema del río Tinto durante 10 años, y comenta que el color rojo del agua y su pH medio cercano a 2 se debe a la abundancia natural de sulfuros.

    Amils piensa que unas bacterias que viven en el río convierten estos sulfuros en ácido sulfúrico, lo que le da al río su bajo pH y otras oxidan el hierro, lo que le da su característico color rojo. Aunque los sulfuros y el hierro se oxidan naturalmente en contacto con el aire, las bacterias actúan de catalizador acelerando las reacciones en gran medida.

    Amils declaró: “La composición del agua y sus elevadas temperaturas a todo lo largo del año favorecen el crecimiento de bacterias quimiolitotróficas, las cuales existen en grandes cantidades en el rio y posiblemente en las aguas subterráneas. Las características más relevantes del sistema, ácido sulfúrico y altas concentraciones de iones férricos, son producto de actividades quimiolitotroficas que usan pirita y otros minerales ricos en azufre”.

    La quimiolitotrofía es un proceso metabólico que usan algunos microorganismos para procurarse energía a partir de moléculas inorgánicas. En el caso del río Tinto, bacterias “comedoras de rocas” como Leptospirillum ferrooxidans y Acidithiobacillus ferrooxidans consiguen su energía oxidando los iones de hierro ferroso (Fe2+) de la pirita, convirtiendolos en iones férricos (Fe3+). (El Acidithiobacillus tambien es capaz de conseguir energía oxidando el sulfuro). A causa de la pequeña cantidad de energía que se genera en la oxidación de ión ferroso a férrico estas poblaciones de bacterias han de oxidar una gran cantidad de hierro para crecer. Como resultado, relativamente pequeños crecimientos en la población bacteriana producen la precipitación de masivas cantidades de hierro férrico.

    No se conoce precisamente el mecanismo por el que las bacterias oxidan el hierro ferroso. Los científicos creen que el proceso depende de fuerzas tanto químicas como biológicas trabajando en conjunción.

    De todas las maneras, una cosa es cierta: En el Universo, en cualquier región por lejana que esté, actúan las mismas fuerzas y una y otra vez ocurren las mismas cosas y, si todo esto pasa aquí, en el rio Tinto situado en el sur de España, de la misma manera, podrá suceder allí, bien sea en Marte o en el planeta Dion de la galaxia Isatel.

    ¡La vida! ¿Quién la puede parar?

    Saludos amigos

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