Las letrinas romanas no ofrecieron un claro beneficio sanitario

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Artículo publicado por Fred Lewsey el 8 de enero de 2016 en Universidad de Cambridge

Las pruebas arqueológicas demuestran que parásitos intestinales, como los tricocéfalos, se hicieron cada vez más comunes en Europa durante la época romana, a pesar de las aparentes mejoras  que el imperio trajo en las tecnologías sanitarias.

Termas romanas

Termas romanas Crédito: Juanjo Rodríguez

Los romanos son famosos por introducir las tecnologías sanitarias en Europa hace unos 2000 años, incluyendo letrinas públicas de múltiples asientos con instalaciones de lavado, sistemas de alcantarillado, agua potable canalizada desde los acueductos, y baños públicos de agua caliente para el aseo. Los romanos también desarrollaron unas leyes diseñadas para mantener sus ciudades libres de excrementos y basura. Sin embargo, una nueva investigación arqueológica ha revelado que, a pesar de todas esas aparentes innovaciones tecnológicas, los parásitos intestinales tales como los tricocéfalos, los nemátodos y Entamoeba histolytica, causante de la disentería, no decrecieron como se esperaba durante la era romana en relación a la Edad de Hierro, sino que aumentaron gradualmente.

La última investigación se llevó a cabo por el Dr. Piers Mitchell del Departamento de Arqueología y Antropología de Cambridge, y se publica en la revista Parasitology. El estudio es el primero en usar pruebas arqueológicas de parásitos de la época romana para evaluar “las consecuencias en la salud de conquistar un imperio”. Mitchell reunió todas las pruebas de parásitos en antiguas letrinas, enterramientos humanos, y “coprolitos” – o heces fosilizadas – así como de peines y telas de numerosas excavaciones del Periodo Romano por todo el imperio.

No sólo parecen aumentar ciertos parásitos intestinales durante la era del Imperio Romano, sino que Mitchell también encontró que, a pesar de los famosos baños regulares asociados a su cultura, los ‘ectoparásitos’ tales como piojos y pulgas estaban tan extendidos entre los romanos como en las poblaciones vikingas o medievales, donde los baños no eran una práctica tan extendida. Algunas excavaciones revelaron pruebas de peines especiales para eliminar los piojos del cabello, y su uso parece ser una rutina diaria para muchas personas que vivían en el Imperio Romano, señala Piers Mitchell: “La investigación moderna ha demostrado que los aseos, el agua potable limpia, y la eliminación de heces de las calles contribuyeron a disminuir el riesgo de enfermedades infecciosas y parásitos. Por tanto, esperábamos que la predominancia de parásitos fecales orales, tales como los tricocéfalos y los nemátodos decayesen en la era romana – no el incremento gradual que hallamos.

“La cuestión es: ¿Por qué?”. Una posibilidad que ofrece Mitchell es que pueden haber sido las templadas aguas comunales, conocidas como termas, las que ayudaron a extender los parásitos. El agua no se cambiaba con frecuencia en algunos baños, y se acumularía una capa de suciedad en la superficie, procedente de cosméticos y suciedad humana. “Claramente, no todos los baños romanos estaban tan limpios como debieran haber estado”, apunta Mitchell. Otra posibilidad propuesta en el estudio es que los romanos usaran excrementos humanos como fertilizante.

Aunque la investigación moderna ha demostrado que esta práctica aumenta el rendimiento de los campos, si las heces no se compostan durante muchos meses antes de añadirse a los campos, pueden dar como resultado la dispersión de los huevos de los parásitos, los cuales pueden sobrevivir en las plantas cultivadas. “Es posible que las leyes sanitarias que requerían eliminar las heces de las calles, en realidad, llevasen a una reinfección de la población, dado que los residuos a menudo se usaban para fertilizar los cultivos de las granjas de los alrededores de las ciudades”, explica Mitchell.

El estudio encontró que los huevos de céstodos (Diphyllobothrium latum) estaban sorprendentemente extendidos en la era romana en comparación con las edades de bronce y hierro en Europa. Una posibilidad, sugiere Mitchell, para el aumento de los céstodos es el amor que los romanos profesaban a una salsa llamada garum. Hecha a partir de trozos de pescado, hierbas, sal, y condimentos, el garum se usaba como ingrediente culinario y como medicamento. Esta salsa no se cocinaba, pero se fermentaba al Sol. Se comerciaba con garum por todo el imperio, y puede haber actuado como “vector” para los céstodos, explica Mitchell. “La fabricación de la salsa de pescado y su comercio por todo el imperio en jarras selladas habría permitido la expansión del parásito desde las áreas endémicas del norte de Europa a toda la población del imperio. Éste parece ser un buen ejemplo de las consecuencias negativas para la salud de conquistar un imperio”, comenta.

El estudio muestra una variedad de personas infectadas por parásitos viviendo en el Imperio Romano pero, ¿trataron médicamente estas infecciones? Aunque Mitchell advierte de que se debe ser cauteloso al relacionar textos antiguos con diagnósticos de enfermedades modernas, algunos investigadores han sugerido que los parásitos intestinales descritos por el médico romano Galeno (130AD – 210AD) pueden incluir los nemátodos, oxiuros y una especie de céstodos. Galeno pensaba que estos parásitos se formaban a partir de la generación espontánea en la materia en putrefacción bajo los efectos del calor. Su tratamiento recomendado de cambio de dieta, sangrías, y medicamentos, creía que tenía un efecto enfriador y secante, en un esfuerzo por restaurar el equilibrio entre los “cuatro humores”: la bilis negra, la bilis amarilla, la sangre, y la flema.

Mitchell añade que: “Esta última investigación sobre la predominancia de parásitos en la antigüedad sugiere que las letrinas romanas, el alcantarillado, y las leyes sanitarias no tuvieron un beneficio claro para la salud pública. La extendida naturaleza tanto de parásitos intestinales como de ectoparásitos, como los piojos, también sugiere que los baños públicos romanos, sorprendentemente, tampoco supusieron un claro beneficio sanitario. Parece probable que aunque los servicios sanitarios romanos no ayudaron a mejorar la salud general, probablemente sí que, al menos, olerían mejor”.

Referencias

Mitchell, PD. Human parasites in the Roman World: health consequences of conquering an empire. Parasitology; 8 Jan 2016.

2 comentarios

  • Muy buen artículo.

    Una cosa que nunca (o pocas veces) se resalta en las historias de viajes en el tiempo es lo tremendamente chocante que debe ser para una persona actual aparecer en medio de una sociedad sin higiene, sin jabon, sin letrinas, sin agua, con animales… madremia… 😛

    • De hecho, una cosa que habitualmente no está muy lograda en las películas/series que recrean esos tiempos, es precisamente eso, la higiene. Mi mujer se indigna mucho con eso, su frase favorita es: “Todo está demasiado limpio”. 😛

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