¿Tenemos libre albedrío?

ComparteTweet about this on TwitterShare on Facebook70Email this to someoneShare on Google+0Share on Reddit0Share on LinkedIn6Pin on Pinterest0Share on Tumblr0Print this page

Artículo publicado por Julio Cohen el 29 de febrero de 2016 en UCSB

Un estudio realizado por psicólogos de la UCSB explora cómo el desafío a la creencia en el libre albedrío corrompe la cooperación intuitiva.

Llegas a casa del trabajo y encuentras a tu pareja trabajando en la cocina, es muy probable que te pongas manos a la obra y ayudes. Es parte de la naturaleza humana. Pero, ¿qué pasa si te ordenan tajantemente que ayudes? Ésa es una historia distinta.

marionetas

¿Tenemos libre albedrío?

Si se elimina la percepción de que puedes elegir, te verás más inclinado a no cooperar y tomar una dirección completamente distinta. Puede que, de pronto, tengas otros planes para cenar.

Los entresijos del libre albedrío — y cómo una creencia en esta idea, o en su carencia, impacta en nuestro comportamiento — se examinó durante un nuevo estudio realizado por los psicólogos de la UC Santa Barbara John Protzko y Jonathan Schooler. Sus conclusiones aparecen en la revista Cognition.

Los resultados demuestran que, aunque las personas son intuitivamente cooperativas, desafiar su creencia en el libre albedrío corrompe este comportamiento y lleva a un egoísmo impulsivo. Sin embargo, cuando se les da tiempo para pensar, los participantes logran superar esta inclinación hacia el interés propio.

“Desafiar la creencia de una persona en el libre albedrío corromperá los procesos mentales más automáticos e intuitivos”, señala Protzko, becario de posdoctorado en el Laboratorio META (Memory, Emotion, Thought, Awareness – Memoria, Emoción, Pensamiento, Consciencia) del Departamento de Ciencias Psicológicas y Encefálicas de la UCSB. “Nuestro estudio sugiere que un desafío a la creencia de un individuo en el libre albedrío puede modificar este mecanismo por defecto — al menos temporalmente — para convertirse en intuitivamente no cooperativo y provocar que el individuo actúe e su propio interés”.

Para poner a prueba por qué desmerecer la existencia de libre albedrío aumenta la probabilidad de un comportamiento no cooperativo, Protzko y Schooler reclutaron a 144 personas para jugar a un juego de contribución económica conocido como Public Goods (Bienes Públicos). Los sujetos eligen cuánto de su propio “dinero” dejan en un bote público. Sus contribuciones se duplicaban y el bote común se dividía equitativamente entre los jugadores. También tenían opción de guardan el dinero que no compartían.

En una de las dos manipulaciones usadas para determinar por qué cambia el comportamiento cuando se desafía el libre albedrío, los investigadores establecieron restricciones de tiempo en las contribuciones de los participantes al bote público. Esto, en esencia, influyó en el sentido de los jugadores del libre albedrío. A algunos sujetos se les dijo que debían leer las instrucciones y decidir cuánto donar en 10 segundos; a otros se les dijo que debían esperar 10 segundos antes de tomar su decisión.

Se presentó una manipulación distinta en forma de estudio piloto no relacionado para ver si la lectura de ciertos pasajes alteraban el humor. El pasaje defendía que la neurociencia había demostrado recientemente que nuestras decisiones, o lo que percibimos como decisiones, se realizan por complejas interacciones encefálicas antes de que tengamos acceso consciente a ellas. Los participantes de control leyeron un artículo sobre si la energía nuclear es respetuosa con el medioabiente.

Los investigadores evaluaron luego el grado de creencia de los participantes  en el libre albedrío pidiéndoles que evaluasen en una escala de 1 a 100 su conformidad con la frase, “Tengo libre albedrío”. Aquellos que leyeron el artículo sobre neurociencia puntuaron significativamente menos (75,6) que el grupo de control (86,6).

“Desafiar la creencia de una persona en el libre albedrío no parece proporcionarle una justificación consciente para un comportamiento no cooperativo”, señala Protzko. “Si lo hiciera, deberíamos haber observado una contribución menor cuando dábamos un tiempo adecuado para pensar sobre su decisión sobre la cantidad con la que contribuir. Es muy doloroso escuchar que no tenemos libre albedrío”, explica Protzko. “Menospreciar el libre albedrío cambia la forma en la que vemos las cosas. Si se nos da un tiempo, nos recuperamos y seguimos con nuestra vida como si nada fuese distinto”.

3 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *