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Los extraterrestres probablemente nunca “telefonearán” a la Tierra de una forma que podamos comprender dado que es improbable que hayan evolucionado una inteligencia similar a la humana – pero eso no significa que debamos abandonar la búsqueda de vida más allá de nuestro planeta, argumenta hoy un experto de la Universidad Nacional Australiana (ANU).
En un encuentro en la Universidad Naciona Australiana, el astrónomo planetario Dr. Charley Lineweaver repasará los principales patrones de evolución de la vida en la Tierra. Se centrará en que ningún otro organismos en el planeta ha evolucionado una inteligencia que encaje de forma cercana con la humana, por lo que es altamente improbable que una forma de vida extraterrestre pensara como nosotros o haya desarrollado tecnologías similares a la nuestra.
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Escrito por Kanijo en SETI
Los humanos viven y mueren entre aproximaciones. Rara vez somos tan perfectos o precisos como nos gustaría ser. Y cuando contemplamos lo que podríamos decir a una civilización avanzada, tal vez ese es un punto que deberíamos enfatizar.
Si SETI tiene éxito, entonces es muy probable que la civilización que descubramos sea mucho más antigua que la nuestra. El razonamiento es simple. La única forma en la que es posible que podamos detectar a ET es si las civilizaciones alienígenas son mucho más antiguas que nosotros. Si la civilización típica tiene la capacidad de comunicarse por radio sólo durante unas pocas décadas antes de auto-destruirse, entonces es muy improbable que tenga lugar una co-existencia en el largo tiempo de vida de la galaxia. Tal disparidad de edades explica por qué los programas SETI actuales simplemente escuchan señales de otras civilizaciones, en lugar de transmitir. La transmisión requiere una mayor paciencia y más recursos que escuchar, por lo que, ¿no deberías esperar que nuestros mayores cósmicos porten esa carga?
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| El Buscador de Planetas Terrestres está diseñado para detectar planetas del tamaño de la Tierra fuera de nuestro Sistema Solar. Crédito: NASA |
Las nuevas disciplinas académicas a menudo obtienen unos recibimientos fríos. Los Estudios de la Mujer y la Mecánica Cuántica se consideraron frívolos o de ficción por muchos cuando aparecieron por primera vez en los catálogos universitarios. A finales de los años 30, el manuscrito que escribió Grote Reber describiendo las emisiones de baja frecuencia procedentes de la Vía Láctea — un trabajo pionero que abrió el campo de la radioastronomía — fue rechazado de pleno por los revisores de Astrophysical Journal. Afortunadamente, el editor decidió publicar de todas formas el artículo de Reber.
La astrobiología sufre este mal. El campo es lo bastante joven para tener aún ruidosos críticos; en particular, aquellos que creen que la “astrobiología” no es más que la esperanza de que algún día encontremos algo más allá de la Tierra.
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Escrito por Kanijo en SETI
Es una de las mayores preguntas de la humanidad: ¿estamos solos en el universo? Sea cual sea, la respuesta es significativa. Y por esto, los científicos buscan inteligencia en el exterior. Enormes conjuntos de radiotelescopios, como el Conjunto Allen escanean el cielo buscando emisiones de radio. Y los investigadores también han propuesto que los alienígenas podrían estar usando lásers para comunicarse con nosotros. Un investigador ruso propone otra forma en la que los alienígenas podría estar comunicándose con nosotros – con neutrinos.
Tomando prestada una cita de la “Guía del Autoestopista Galáctico”, “Es espacio es grande. No podrías vasto, enorme, asombrosamente grande que es”. Cuando intentas comunicarte a través de grandes distancias del espacio, necesitas enormes cantidades de energía. Simplemente observa una estrella, incluso aunque está generando una incomprensible cantidad de energía cada segundo, su brillo decae drásticamente con la distancia.
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Escrito por Kanijo en SETI
“¿A qué distancia puede ese nuevo radiotelescopio tuyo captar una señal?”
Esta pregunta, que me hacen muy a menudo, es como el Spandex en el supermercado: raro, pero un notablemente común. Mi respuesta rápida, dicha tan a menudo que ya salta directamente desde mi médula espinal, es, “hasta los límites del universo visible, si la señal es bastante potente”.
Simplista, pero cierto. Si los emisores alienígenas están lo bastante motivados para construir antenas de transmisión realmente grandes, y no quedan arruinados por descomunales facturas de energía, pueden salvar cualquier distancia. Los radioastrónomos han medido las emisiones naturales enviadas a nuestro camino poco después del Big Bang – lo que significa que el “transmisor” está a casi 14 mil millones de años luz de distancia. No hay problema: el universo es en su mayor parte transparente a las ondas de radio. Los emisores alienígenas podrían, si tienen el material y los kilovatios, alcanzarnos desde cualquier punto.
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Escrito por Kanijo en SETI
Una propuesta para crear constelaciones especiales que la naturaleza nunca produciría.
Este mes he propuesto seriamente que comenzaremos el proceso de reposicionar el Sol y otras estrellas cercanas para enviar señales a los alienígenas, y que comencemos la búsqueda de señales alienígenas que podrían hacer lo mismo por nosotros.
Tal vez debería hacer un prefacio de esta idea que suena a locura con una explicación. La ciencia para mí es una experiencia emocional, a veces incluso más emotiva que el arte. La razón, creo, refleja tanto nuestra actual comprensión del lugar de la humanidad en el universo como los eventos de mi niñez. La astronomía nos ha enseñado que la Tierra es un mero punto en una inabarcable vastedad. Casi todo en el cielo nocturno está tan lejano que hay pocas esperanzas de tener un contacto con vida exterior — incluso si tal vida existe. Peor que la posibilidad de que estemos solos es el sentimiento de que no podemos hacer nada incluso si no lo estamos. Mi niñez amplificó este sentimiento de soledad: Mi madre murió cuando era un niño, y por un tiempo el resto de la especie humana me pareció tan distante como la profundidad del universo.
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Escrito por Kanijo en SETI
El lunes 4 de febrero la Red de Espacio Profundo (DSN) envió una transmisión hacia la Estrella del Norte, Polaris. La transmisión fue la canción “Across the Universe” de Los Beatles en un intento de que alguna vida extraterrestre lo suficientemente avanzada nos escuchase. Aunque este es un bonito gesto y puede crear aficionados a Los Beatles más allá de nuestro Sistema Solar, algunos científicos han expresado su preocupación por advertir la situación de nuestro planeta en el universo, en el caso de que los alienígenas que no estén escuchando no sean tan amistosos después de todo…
Los científicos que asisten a la reunión SETI “El Sonido del Silencio” en la Universidad Estatal de Arizona en Tempe esta semana están preocupados. Su preocupación se centra en algunos aspectos de la comunidad científica que quieren avisar y educar a formas suficientemente avanzadas más allá de la Tierra sobre nuestra presencia y situación en el cosmos. Los esfuerzos previos incluyeron información sobre nuestra biología en las sondas Voyager y Pioneer, y emisiones desde el observatorio de Arecibo en 1974. Estos intentos de comunicación además de “filtraciones” accidentales de señales de radio y televisión pueden estar viajando vastas distancias a través del espacio y tal vez siendo recibidas por alienígenas.
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Increíblemente, sólo hace un poco más de un siglo que Oliver Heaviside consolidó el trabajo de varios físicos del siglo XIX en cuatro formulaciones matemáticas compactas conocidas como las ecuaciones de Maxwell. Puede que lo recuerdes alegremente de tu segundo año universitario en física.
Aparte de para exhibirse en pretenciosas camisetas rabiosamente “freaks”, las fórmulas tienen una utilidad espléndida: describen toda la radiación electromagnética — en particular, la luz y radio. En el corto tiempo desde su descubrimiento, hemos sido capaces de explotar estas elegantes ecuaciones para construir rudimentarios transmisores de chispa, y finalmente desarrollar los diminutos teléfonos móviles que nos permiten llamar despreocupadamente a nuestros amigos mientras estamos cómodamente sentados en un restaurante o en el cine. Hemos explotado las Ecuaciones de Maxwell como un antiguo bosque, y muchos técnicos afirman que ya sabemos todo lo que hay que saber sobre ellas.
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Escrito por Kanijo en SETI
La búsqueda más antigua de señales de radio procedentes de civilizaciones extraterrestres está recibiendo un estallido de nuevos datos debido a una actualización del telescopio de Arecibo, lo que significa que el proyecto SETI@home necesita más ordenadores de sobremesa para ayudar a analizar los datos.
Desde que SETI@home se lanzó hace ocho años, el proyecto de la Universidad de California, en el Laboratorio de Ciencias del Espacio de Berkeley ha registrado a más de 5 millones de voluntarios interesados y conforma la mayor comunidad de usuarios dedicados a cualquier proyecto de computación a través de Internet: 170 000 aficionados en 320 000 ordenadores.
Ahora, receptores nuevos más sensibles en el mayor radiotelescopio del mundo en Arecibo, Puerto Rico, y una mejor cobertura de frecuencias están generando 500 veces más datos que anteriormente. El software de SETI@home ha sido actualizado para tratar con estos nuevos datos por lo que la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI) entra en una nueva era y ofrece una nueva oportunidad para aquellos que quieran ayudar a encontrar otras civilizaciones en el universo.
“La siguiente generación de SETI@home es 500 veces más potente que cualquier otra hecha antes”, dijo el jefe científico del proyecto Dan Werthimer. “Esto significa que es 500 veces más probable que encontremos una señal ET que con el SETI@home original”.
De acuerdo con el científico del proyecto Eric Korpela, las nuevas cantidades de datos son aproximadamente de 300 gigabytes por día, o 100 terabytes (100 000 gigabytes) por año, aproximadamente la cantidad de datos almacenados en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. “Por esto es por lo que necesitamos todos los voluntarios”, dijo. “Todo el mundo tiene una oportunidad de ser parte del mayor proyecto científico de participación pública en la historia”.
El plato de Arecibo de 305 metros de diámetro, que llena un valle de Puerto Rico, es parte del Centro Nacional de Ionosfera y Astronomía operado por la Universidad de Cornell con fondos de la Fundación Nacional de Ciencia. Desde 1992, Werthimer y su equipo han llevado a cabo observaciones de radioastronomía en Arecibo para registrar señales del espacio y analizarlos buscando patrones que pudiesen indicar que fueron transmitidas por una civilización inteligente.
Cuando los datos recibidos superaron su capacidad de analizarlos, los científicos concibieron un proyecto de computación distribuida para aprovechar muchos ordenadores usándolos como un único supercomputador para realizar el análisis. Desde que se inició SETI@home, han surgido otros proyectos de computación distribuida, desde folding@home para predecir el entrelazado tridimensional de una proteína al recientemente lanzado cosmology@home para modelar posibles universos. La mayoría trabajan bajo una plataforma llamada BOINC (Berkeley Open Infrastructure for Network Computing o Infraestructura Abierta de Berkeley para Computación en Red), la cual fue desarrollada por el director de SETI@home David Anderson de forma que puedan compartir recursos distintos proyectos.
“Actualmente hay 42 proyectos en BOINC, y, hasta ahora, ha habido suficiente poder de cálculo”, dijo Werthimer.
Lo que disparó el nuevo flujo de datos fue la suma de siete nuevos receptores en Arecibo, lo cual ahora permite al telescopio registrar señales de radio de siete regiones del cielo de forma simultánea en lugar de sólo una. Con una sensibilidad mejorada y la capacidad de detectar la polarización de las señales de radio, además de 40 veces más cobertura de frecuencias, Arecibo está listo para explorar el cielo en busca de nuevas fuentes de radio.
Estas mejoras también preparan al telescopio para una búsqueda mejorada de señales inteligentes desde el espacio.
“Los receptores múltiples nos ayudan a eliminar mejor la interferencia y nos hace menos susceptibles a pensar que las cosas terrestres son extraterrestres”, dijo Werthimer.
Werthimer apunta que, a pesar del hecho de que la UC Berkeley ha estado analizando señales de radio del espacio desde 1978 en varios telescopios, aún no se han encontrado señales inequívocas de una civilización inteligente.
“Los habitantes de la Tierra apenas estamos empezando a observar las frecuencias del cielo; sólo miramos en las fuentes cósmicamente brillantes, esperando que estemos escaneando los canales de radio adecuados”, dijo. “Las buenas noticias son que estamos entrando en una era en la que seremos capaces de escanear miles de millones de canales. Arecibo ahora está optimizado para este tipo de búsqueda, por lo que si hay otras señales ahí fuera, nosotros o nuestros voluntarios las encontrarán”.
Fecha Original: 2 de enero de 2008
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Escrito por Kanijo en SETI
Durante años los científicos han luchado contra un hecho desconcertante: El universo parece ser notablemente adecuado para la vida. Sus propiedades físicas están ajustadas con precisión para permitir nuestra existencia. Estrellas, planetas y el tipo de química de uniones que producen los peces, los helechos y las personas no sería posible si algunas de estas constantes cósmicas fuese sólo ligeramente distinta.
Bueno, existe otra propiedad en el universo que es igualmente notable: Está configurado de una forma que mantiene a cada uno aislado.
Aprendimos esto hace relativamente poco. El gran descubrimiento tuvo lugar en 1838, cuando Friedrich Bessel derrotó a sus compañeros de observación telescópica en ser el primero en medir la distancia a otra estrella que no fuese el Sol. 61 Cygni, una estrella binario de nuestro propio patio de atrás, resultó estar a unos 11 años luz de distancia. Para aquellos que, como Billy Joel, le tienen cariño a los modelos, pensaron de esta forma: Si encoges al Sol hasta que sea como una pelota de ping-pong y la colocas en el Central Park de Nueva York, 61 Cygni sería una pelota ligeramente menor cerca de Denver.
Las distancias entre estrellas adyacentes se miden en decenas de billones de kilómetros. Las distancias entre civilizaciones adyacentes, incluso suponiendo que existan gran cantidad de ellas, se miden en miles de billones de kilómetros – cientos de años luz, por usar una unidad más manejable. Nota que este número no cambia mucho sea cual sea el número de planetas que creas que están repletos de habitantes – la separación es prácticamente la misma si crees que hay diez mil sociedades galácticas o un millón.
Las distancias interestelares son grandes. Teniendo que la física del universo hubiese sido diferente – si la constante gravitatoria fuese menor – tal vez los soles habrían se habrían rociado de forma mucho más cercana, y los viajes a nuestros vecinos estelares habrían sido de no más de un paseo en cohete, del tipo de un viaje a Sydney. Como es en realidad, no importa cual sea tu nivel tecnológico, el viaje entre estrellas es un misión dura. Saltar de una a la siguiente a la velocidad de nuestros cohetes químicos más potentes llevaría casi 100 000 años. Para cualquier alienígena que haya logrado dominar las ingentes reservas de energía y los voluminosos escudos de radiación requeridos para el vuelo espacial relativista, el tiempo del viaje todavía se mide en años (si no para ellos, al menos para los que dejan atrás).
Esto tiene consecuencias obvias (las cuales, notablemente, han escapado a la atención de la mayoría de guionistas de Hollywood). Para empezar, olvídate de “imperios” galácticos o las más políticamente correctas “federaciones”. Hace dos mil años, los romanos fundaron un imperio que abarcaba desde España hasta Irak, con un radio de aproximadamente 2000 kilómetros. Pudieron hacer esto gracias a la organización e ingeniería civil. Todos esos caminos (por no mencionar el Mediterráneo) permitían a las tropas moverse a alrededor de unas pocos kilómetros por hora. Incluso los rincones más recónditos de los dominios romanos podían alcanzarse en meses o menos, o aproximadamente un uno por ciento de la vida media de un legionario. Tenía sentido llevar a cabo campañas diseñadas para mantener unido un extenso tejido social cuando hacer tal cosa requiere sólo un uno por ciento aproximadamente de tu vida.
En el siglo XIX, los barcos de vapor y ferrocarriles incrementaron la velocidad de desplazamiento de las tropas en un factor de diez, lo que extendió el radio de control en una cantidad similar. Los británicos podían gobernar un imperio que abarcaba todo el mundo.
Pero aquí está el truco: Incluso si pudiésemos mover gente a casi la velocidad de la luz, esta “regla del uno por ciento” estaría limitada a nuestra capacidad para intervenir con efectividad – nuestro radio de control – a distancias menores de un año luz, un espacio considerablemente corto incluso para la estrella más cercana a nuestro Sol. Por consiguiente, la Federación Galáctica es una ficción (por si no lo sabías). A pesar de que te advirtiesen de que los cardassianos causaban destrozos, caos y destrucción en la galaxia del Brazo de Perseo, no podrías reaccionar lo bastante rápido para afectar al resultado. Y, de todas formas, tus reclutas serían pasto de los gusanos mucho antes de llegar a las fronteras.
En otras palabras, los alienígenas no se verían las caras con nadie.
Podría hacerse un argumento similar para la comunicación. Raramente iniciamos un intercambio de información que lleve más que meses (una carta interoceánica, por ejemplo). Más generalmente, raramente iniciamos cualquier proyecto bien definido que dure más de dos o tres generaciones. Los constructores de las catedrales medievales estarían dispuestos a gastar tal cantidad de tiempo para completar sus edificios góticos , y aquellos que enterraron cápsulas del tiempo están ocasionalmente dispuestos a dejar pasar cientos de años antes de que los botes sean excavados. Pero, ¿qué pasa con un proyecto que lleva varios siglos, o posiblemente milenios? ¿Quién está dispuesto a hacer eso? Sólo la “Fundación Long Now” de Stewart Brand parece tener agallas para acometer esta empresa, proponiendo construir un reloj que se mantenga en hora durante diez mil años.
Claramente, estas simples observaciones deben tener implicaciones para SETI, el cual, como apuntamos, implica transmisiones que deben durar de cientos a miles de años. En particular, si existen señales que se están intercambiando por la galaxia con el propósito de contactar, o bien (1) los alienígenas son individuos de una longevidad mucho mayor que la nuestra, lo cual – si eres aficionado a los circuitos integrados sensibles – implica que probablemente no son biológicos. O (2) nos estamos perdiendo algo realmente importante de la física que permite comunicaciones que viajan más rápido que la luz, y los esfuerzos en señales extraterrestres no incluyen saltos de luz y ondas de radio en el espacio.
Muchos lectores elegirán, en una muestra de entrañable perversidad la según opción. Puede que tengan razón, pero eso está en contra de todo lo que conocemos. Y lo que sabemos es algo sobre lo que merece la pena bromear en tu próxima fiesta – a saber, que las escalas de tiempo para el viaje y la comunicación son demasiado largas para una interacción fácil con los seres cuyas vidas son, como la nuestra, de sólo un siglo o menos. Por lo que aunque el cosmos podría tener abundante vida inteligente – la arquitectura del universo, y no algún Primer Ministro de la Flora Estelar, ha asegurado una preciosa pequeña interferencia de una cultura con otra.
Autor: Seth Shostak
Fecha Original: 6 de diciembre de 2007
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Escrito por Kanijo en SETI
Es una apuesta arriesgada que gasta dinero y tal vez nunca se pague. Por tanto, ¿buscar criaturas inteligentes en mundos invisibles vale la pena? Después de todo, ¿no hay mejores formas de usar nuestros recursos técnicos y económicos que intentar encontrar algo que sólo se supone que existe: seres pensantes en las oscuras profundidades del espacio?
Esta es una cuestión que sale a la superficie más que un pez muerto. “¿Por qué debería gastar mis preciosos dólares en SETI cuando hay tanta gente sufriendo en el mundo?”
Esto merece una respuesta.
Para empezar, permítame aclarar un malentendido técnico. Como muchos lectores saben, SETI no se paga con los dólares de tus impuestos. Al menos, no si estás en los Estados Unidos (donde se lleva a cabo la mayoría de SETI). Desde 1993, cuando el Congreso acabó con el programa NASA-SETI, la búsqueda de señales de otras sociedades ha estado patrocinado por donaciones privadas. Para ser sincero, incluso antes de esa fecha, la cantidad de impuestos que estaban ligados a SETI era aproximadamente de 3 céntimos por persona y año. Pero no vamos a hablar sobre si era una pesada carga o no: los hechos son que actualmente es cero. Si no quieres contribuir a SETI, entonces no te cuesta nada.
La pequeña verdad, sin embargo, apenas silencia las críticas. Ven a los donantes de SETI, y se preguntan en voz alta por qué esa gente no extiende sus cheques para la investigación médica, ayuda exterior, u otros programas humanitarios. En otras palabras, la súplica de los críticos es que pongamos todo nuestro dinero donde están las bocas de nuestro colectivo.
Bueno, tal circunstancia nunca ha sido el caso y nunca debería serlo.
Un breve vistazo a la historia demuestra que, incluso cuando la gente está muriendo de hambre rutinariamente en las calles, algunas fracciones de los recursos de ciertos países civilizados han ido a buscar nuevas cosas, o crear nuevas cosas. Los donantes y mecenas siempre gastarán dinero en actividades que, cuando las analizamos en su nivel más básico son “inútiles para la sociedad”. Lo hacen por muchas razones – mejorar su imagen, amor por el ballet búlgaro, o tal vez sólo un deseo de salvar a las nutrias de agua dulce. Pero lo que hay detrás de esto: si das tu dinero para la asociación local del corazón, tal vez es porque eres un perfecto altruista. O tal vez, profundizando más, te imaginas que podría ayudarte a ti o a tu familia a largo plazo. En cualquier caso es algo bueno desde el punto de vista de la sociedad.
Sí, pero ¿”bueno” no es algo relativo? ¿No debería haber un cálculo de coste-beneficio aquí? ¿No deberían los filántropos optar por el proyecto de coste más efectivo, en términos de mejora social? Eso puede sonar bien, pero incluso dejando aparte temas del libre albedrío, tal argumento lleva a un sucio combate entre lo que es importante y lo que no. Y a veces lo que no es importante hoy se convierte en importante mañana.
Consideremos algunos ejemplos. En Italia a principios del siglo XVII, los miembros de la familia Medici, Ferdinand y Cosimo, invirtieron una subvención regular en un ambicioso académico de Paduva, Galileo Galilei. El chico encontró unas manchas en el Sol y lunas alrededor de Júpiter. Se podría haber comprado varias comidas con ese dinero. Pero el trabajo de Galileo dio un vuelco a nuestra visión del mundo demostrando que Copérnico estaba en lo cierto. Me alegro de que tuviese esos florines.
Doscientos años más tarde, el Emperador José II de Austria aportó algunas monedas para patrocinar a Wolfgang Mozart. ¿Fue una buena idea? Mozart sólo escribía música, por el amor de dios. No te puedes comer la música (a menos que seas una cabra). Pero puedes darte un festín con ella, y yo lo hago.
Tenemos también analogías con SETI en los primeros años del siglo XX: los múltiples intentos de penetrar en el corazón de la Antártica y alcanzar el Polo Sur. Los principales hombres que lideraron esas empresas en el letal paisaje del fin del mundo – Shackleton, Scott, y Amundsen – lo hicieron aproximadamente por las mismas razones que motivan cualquier ambición: avance en la carrera, gloria, aventura, o simplemente demostrar que tienes lo que hay que tener en la zona blanca. Pero no estamos hablando de sus motivaciones: estamos preguntando porqué alguien patrocinaría a estos chicos. Los tres recibieron donaciones individuales. James Caird, un rico fabricante de Dundee, dio a Shackleton una considerable suma de dinero; el magnate del acero William Beardmore patrocinó a Scott en su primera expedición; y Lincoln Ellsworth, hijo de un empresario estadounidense, extendió los cheques de Amundsen.
Apenas hay misterio sobre porqué estos ciudadanos enviarían exploradores a unos dominios que sólo ofrecían congelación y algo de orgullo nacional como pago. Sí, estaban allí por la imagen – la fama les impregnaría si alguno de sus chicos regresaba (sólo Beardmore parece que esperaba sacar beneficio). Pero estos patrocinadores, como sus protegidos, estaban también guiados por la curiosidad – un interés inherente por la exploración, por aprender sobre lo desconocido. Querían conocer qué había allí fuera. Para estas gentes – personas que no podrían sobrepasar las fronteras por sí mismos – era una exploración por poderes.
Por esto, y tal vez demasiado obviamente, no es inevitable un reembolso financiero. Pero tampoco lo es en las nuevas curas, nuevos productos o incluso en el alivio del sufrimiento. Como dijo una vez Richard Feynman sobre la física, “es como el sexo. Está claro, puede tener algunos resultados prácticos. Pero no lo hacemos por eso”.
Y, realmente, creo que lo mismo se cumple para la búsqueda de una señal desde las estrellas. Los patrocinadores de SETI no ponen su dinero sobre la mesa por ventajas nacionales o comerciales. No están deseando que hagamos proselitismo de los aliens, ni esperan una oportunidad para darse golpes en el pecho con satisfacción si los encontramos. Y aunque siempre está la posibilidad de que aprendamos cosas maravillosas de una transmisión interestelar, SETI habla a la necesidad de la quintaesencia humana incluso sin esa zanahoria – la búsqueda del conocimiento. Es más: saber cómo encajamos. ¿Cuál es nuestra parte en el enorme tapete cultural que sospechamos que enhebra los campos de la galaxia?
¿Somos verdaderamente especiales biológica o intelectualmente? Un silbido de radio desde el cosmos respondería esta pregunta. Incluso si un descubrimiento desinflase nuestro ego, aún así sería increíblemente interesante saberlo. La ignorancia no es la felicidad – es sólo ignorancia. Cuando Copérnico argumentó que nuestra visión de un universo centrado en la Tierra era pueblerino y equivocado, abrió una puerta en una casa mal ventilada. SETI podría abrir cada ventana de ese lugar.
Como dijo el tecnólogo Paul Allen mientras encargaba los primeros elementos del nuevo telescopio que llevará su nombre, “Me gusta llamar a SETI la mayor de las apuestas. Pero si este conjunto recoge una señal, sería algo sorprendente – un evento que cambiaría la civilización”.
Seguramente, eso merece la pena.
Autor: Seth Shostak
Fecha Original: 8 de noviembre de 2007
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Escrito por Kanijo en SETI
El primer radiotelescopio dedicado a la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI) ha comenzado formalmente sus operaciones.
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| El Conjunto del Telescopio Allen dispondrá finalmente de 350 platos (Ilustración: Isaac Gary) |
La primera fase del Conjunto del Telescopio Allen( ATA por sus siglas en inglés), que se ha construido cerca de Hat Creek, California, Estados Unidos, ha comenzado a funcionar con 42 antenas de radio. Cuando esté completo, el ATA tendrá 350 platos, cada uno de 6 metros de diámetro.
Hasta ahora, el proyecto SETI ha dependido del tiempo prestado de instrumentos como el telescopio de Arecibo en Puerto Rico, y ha tenido poco control de la extensión y naturaleza de las observaciones.
Sin embargo, el ATA, llamado así por el co-fundador de Microsoft, Paul Allen, quien donó el dinero para el proyecto, permitirá a los astrónomos de SETI explorar los cielos buscando señales de inteligencia extraterrestre 24 horas al día, siete días a la semana. “Esta será la primera vez que tengamos realmente un telescopio con unas características que podemos decidir”, dice Jill Tarter, directora del Centro de Investigación SETI en Mountain View, California.
El ATA buscará señales de radio en frecuencias entre 1 y 10 gigaherzios. Este rango está en su mayor parte libre de interferencias de otras fuentes de radio, tales como las emisiones de los electrones que giran alrededor de los campos magnéticos galácticos. “La única fuente de ruido es el fondo de microondas cósmico”, dice Tarter, refiriéndose a la radiación remanente del Big Bang, cuya señal ha sido bien estudiada.
Pero el ATA hará más que buscar transmisiones alienígenas. El telescopio tiene un amplio campo de visión, haciéndolo adecuado para llevar a cabo investigaciones a gran escala del cielo. Mientras observa en las frecuencias que emiten los átomos de hidrógeno, será capaz de ver un círculo en el cielo tan amplio como cinco lunas llenas.
Uso exclusivo
Esto lo hace el análogo de radio del Explorador Digital del Cielo Sloan, que usa un telescopio de 2,5 metros de amplitud de campo en Nuevo México, Estados Unidos, para ver grandes zonas del cielo en longitudes de onda visibles y crear mapas 3D de millones de galaxias. “El ATA hará para la radioastronomía lo que el Sloan ha hecho para la astronomía óptica”, dice Tarter.
El ATA llevará a cabo la investigación mientras busca simultáneamente señales SETI de unas pocas estrellas en la misma región del cielo. “El telescopio está construido de tal forma que ambos proyectos puedan ejecutarse simultáneamente”, dice William Welch, antiguo profesor de la Universidad de California en Berkeley quien diseñó la electrónica del receptor del ATA.
Es algo crucial que los astrónomos de SETI sean capaces de dirigir el telescopio para su uso exclusivo cuando sea necesario. “También tendremos tiempo en el que podamos decir, muy bien, ahora SETI va a decidir dónde apuntar el telescopio”, dice Tarter.
El Instituto SETI y la UC Berkeley aún están enviando fondos para completar el telescopio. “Puedes comprar uno y ponerle tu nombre por 100 000 dólares”, dice Welch. “Lo ideal sería poner los platos restantes en, digamos, dos tandas de 150, a lo largo de los próximos años. Podemos hacer 150 por año. Sería genial tenerlo finalizado en un par de años”.
Autor: Anil Ananthaswamy
Fecha Original: 11 de octubre de 2007
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Los astrónomos han encontrado la estrella más parecida al Sol hasta la fecha, y dicen que es un lugar ideal para la búsqueda de civilizaciones alienígenas.
La estrella, llamada HIP 56948, está a poco más de 200 años luz de la Tierra. Si tamaño, masa, temperatura y composición química son tan similares a nuestro Sol que no hay diferencias significativas en las observaciones de alta resolución realizadas con el telescopio de 2,7 metros del Observatorio McDonald en Texas, Estados Unidos.
El análisis fue levado a cabo por Jorge Melendez del Observatorio Mount Stromlo en Weston Creek, Australia, e Iván Ramírez de la Universidad de Texas en Austin, Estados Unidos.
Se habían identificado previamente otras estrellas similares al Sol, incluyendo 18 Scorpii, HD 98618, y HIP 100963. Pero estas tres estrellas tenían varias veces más litio que el Sol, mientras que HIP 56948 es casi idéntico al Sol también en este aspecto, haciéndolo aún más parecido.
Tal similitud podría ser importante, dado que algunos estudios han sugerido que las estrellas con menos litio son menos activas, experimentando menos estallidos, o llamaradas, que pueden bañar a los planetas con radiación letal, dice Ramírez. Si esto se corrobora con posteriores observaciones, esta estrella probablemente tiene la mayor probabilidad de albergar vida que ningún otro gemelo solar, dice.
Las estrellas similares al sol están consideradas buen terreno para buscar vida extraterrestre inteligente, dice Margaret Turnbull del Instituto Científico del Telescopio Espacial en Baltimore, Maryland, Estados Unidos. Ella ayudó a redactar la lista existente de aproximadamente 17 000 objetivos de alta prioridad para SETI, llamada HabCat.
Punto de inicio
“No sabemos si las estrellas similares al Sol son necesariamente lo “mejor” para la vida inteligente, pero ciertamente son un buen punto de inicio dado que conocemos al menos una civilización alrededor de tales estrellas”, dijo a New Scientist.
Peter Backus del Instituto SETI en Mountain View, California, Estados Unidos, que encabeza la próxima búsqueda del instituto de vida alienígena con el Conjunto del Telescopio Allen, dice que el gemelo del Sol recientemente identificado será un objetivo en la búsqueda, y que ya estaba en la lista HabCat.
“Está en la lista, pero no creo que reciba ningún tratamiento especial”, dijo a New Scientist. “Aún es tema de especulación qué rango de estrellas podrían albergar planetas habitables. Finalmente encontraremos tiempo para observar todas las estrellas [de la lista]“.
Los astrónomos del Observatorio McDonald ya han comenzado a observar planetas alrededor de HIP 56948, y aunque las observaciones continúan, hasta ahora han descartado planetas gigantes en órbitas cercanas a la estrella – los llamados “Júpiter calientes”, que serían los más fáciles de encontrar.
Más tiempo
La estrella e diferencia del Sol en una cosa – parece ser mil millones de años más antigua. Esto debería hacerlo más atractivo para SETI, dice Ramírez, dado que las estrellas más viejas han tenido más tiempo para producir civilizaciones inteligentes. “Suponiendo que estas estrellas tienen planetas y esos planetas tienen vida, entonces tienes más tiempo para que la vida evoluciones”, dice.
Aunque los astrónomos esperan observar señales de radio de una civilización alrededor de una estrella, su distancia de unos 200 años luz de la Tierra significa que ninguna de nuestras señales de radio o televisión han tenido tiempo de llegar allí, dice. “Si hay vida allí y es inteligente, entonces aún no han oído nada de nosotros”.
El Conjunto del Telescopio Allen probablemente comenzará sus observaciones en noviembre de 2007, dice Backus, aunque inicialmente observará franjas más amplias de cielo en lugar de centrarse en estrellas individuales del catálogo.
Autor: David Shiga
Fecha Original: 03 de octubre de 2007
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Las agencias espaciales y los científicos trabajan sin descanso para conseguir que misiones tripuladas a la Luna y más tarde a Marte sean una realidad. Las tecnologías involucradas son inspiradoras, pero ¿qué retos esperan encontrar los historiadores, filósofos o sociólogos en una era de exploración interplanetaria y, tal vez, colonización?
Para descubrirlo, La Fundación de Ciencia Europea (ESF), Agencia Espacial Europea (ESA) y el Instituto Europeo de Política Espacial (ESPI) co-albergarán una conferencia en Viena, el 11 y 12 de octubre de 2007, en la cual eruditos humanistas y científicos espaciales se unirán, por primera vez en Europa, para discutir sobre la presencia de la humanidad en el espacio desde perspectivas no tradicionales. La conferencia Humans in Outer Space – Interdisciplinary Odysseys (Humanos en el espacio exterior – Odiseas interdisciplinarias dará una guía sobre cómo una vez que encontremos la forma de sobrevivir en el espacio exterior afrontemos también de la mejor forma temas que pueden abordarse mejor a la luz de la comprensión moderna de hechos históricos.
Los temas que explorará la conferencia incluyen consecuencias teológicas o filosóficas de contactos con inteligencias alienígenas, el mercado de la exploración espacial, y el marco legal que se necesitará si las naciones que exploran el espacio cooperan pacíficamente.
El evento está siendo organizado en parte por el Comité de Dirección de la ESF presidido por el Profesor Luca Codignola, historiador de la Universidad de Génova. Está particularmente interesado en lo que la historia puede decirnos sobre los retos que puede que afrontemos si los exploradores espaciales hacen un contacto con civilizaciones alienígenas.
“El llamado “Intercambio Colombiano” que tuvo lugar en el año 1492 fue un caso típico de ésto. Cambió la forma Occidental de concebir el mundo; retó enérgicamente a su teología y permitió un flujo libre de bacterias, gérmenes y microbios que casi aniquilan a la población americana”, explicó.
El Profesor Codignola preparó para la próxima conferencia en Viena ayudando a organizar un seminario preliminar que tuvo lugar a principios de este año en Génova. Atendieron al seminario 21 de los principales pensadores de diversas disciplinas humanistas y científicas, 10 de los cuales presentaron artículos cortos.
Gísli Pálsson, por ejemplo, antropólogo de la Universidad de Islandia en Reykjavik, presentó “Lucy in the Sky… Out of Africa, Out of Earth (Lucy en el cielo…fuera de África, fuera de la Tierra”, en el cual repasa si nuestra comprensión de cómo interactúan las culturas humanas puede ayudarnos a imaginar cómo sería el contacto con culturas no humanas.
También asistió al seminario el brillante investigador en historia, Dr. Alfred Crosby, que originó el concepto de “Intercambio Colombiano” en los años 70. Presentó un artículo titulado ‘ The Space-Roving Human Being and His and Her Inhabitants: Micro-Organisms and Extraterrestrial Travel (El ser humano que deambula por el espacio y sus habitante: Micro-organismos y viaje extraterrestre)”.
“La comunidad científica no parece estar verdaderamente preocupada por el hecho de que un número de temas y preocupaciones con las que están tratando, como las consecuencias de encontrarse con patógenos desconocidos, son conocidas y han sido estudiadas desde hace tiempo por historiadores y etnólogos”, comentó el Prof. Codignola.
“Para los eruditos en humanidades, las dificultades técnicas relacionadas con el viaje en el espacio y especialmente su marco de tiempo, normalmente se les escapan. Todos sentíamos que era bastante extraño que dos grupos que raramente, si es que alguna vez, se encontrasen para discutir sobre temas relacionados con el espacio”, añadió.
La próxima conferencia de Viena tendrá seis sesiones sucesivas y 21 ponentes. Las conclusiones para estas sesiones será documentada por la ESF en un artículo titulado Vienna Vision on Humans in Outer Space (Las visiones de Viena sobre los humanos en el espacio exterior). La ESF distribuirá el artículo a todos los interesados en el mundo académico, agencias espaciales, cuerpos gubernamentales como las Naciones Unidas, los medios y políticos involucrados en el espacio y las iniciativas relacionadas con el espacio.
El Prof. Kai-Uwe Schrogl, Secretario General de la ESPI y Presidente de la conferencia, comentó: “El futuro de la humanidad en el espacio exterior requerirá una visión exhaustiva incluyendo el aporte de las humanidades y las ciencias sociales, así como la reflexión de los múltiples aspectos trans-utilitarios que hacen de la exploración espacial una provincia de toda la humanidad”.
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Autor: Monique van Donzel
Fecha Original: 13 de septiembre de 2007
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La vida puede encontrarse en casi cada rincón y grieta de nuestro planeta Tierra. Saltando, nadando, volando, corriendo, deslizándose, reptando o firmemente enraizados en un sitio, los organismos aparecen, mueren y son reemplazados por nuevas generaciones y nuevas especies.
Si existe un botín similar de vida en alguna parte del universo es una de las más antiguas y sobrecogedoras preguntas de la ciencia. Teniendo en cuenta las dimensiones del universo y las incontables estrellas que contiene, las posibilidades parecerían estar a favor de contestar “sí”.
“Estamos aquí, hechos de polvo de estrellas. Por tanto, es cuando menos posible que existen otras”, dijo Jill Tarter, directora del Centro para la Investigación SETI en California.
Criaturas resistentes
Pero los científicos de hoy esperan ir más allá de la mera estadística para encontrar algo más sustancial, y más edificante. Tak vez más que en ningún otro momento de la historia, los científicos son optimistas sobre que exista la vida extraterrestre, y que puede obtenerse una señal de confirmación.
Sus esperanzas se mantienen a flote gracias a los recientes descubrimientos de mundos más allá de nuestro Sistema Solar y las nuevas revelaciones que hemos aprendido sobre la dureza de la vida en nuestro propio planeta.
“Conforme aprendemos más sobre la diversidad de la vida, particularmente de la microbiana, expandemos nuestro definición de lo que es la vida y cómo puede existir la vida en algunos entornos muy hostiles (para los humanos)”, dijo la bióloga Diana Northup de la Universidad de Nuevo México.
Los científicos han descubierto microbios que son resistentes a niveles de calor, frío, salinidad, acidez y radiación que matarían a los humanos. Algunos de estos llamados “extremófilos” han estado prosperando en una completa oscuridad, el secos desiertos e incluso a kilómetros de profundidad bajo el suelo.
Todo esto son buenas noticias para los astrobiólogos que sueñan con encontrar la vida más allá de los confines de la Tierra, ya que muchos de los entornos extremos de nuestro planeta se cree que pueden ser normales en otros mundos. Los desiertos de la Tierra, por ejemplo, tienen analogías con el seco y polvoriento Marte. La luna de Saturno Titán es un mundo repleto de ríos y lagos, y bajo la corteza helada de otra luna de Saturno, Encelado, podría haber entornos que recuerden las heladas profundidades marinas de la Tierra.
Desafiantes nuevos mundos
Los astrobiólogos están también esperanzados por la reciente explosión en el descubrimiento de planetas fuera de nuestro Sistema Solar. Desde 1995, cuando los astrónomos señalaron el primer planeta en órbita alrededor de otra estrella, el número de planetas extrasolares, o “exoplanetas”, ha subido a más de 200. Los científicos conocen ahora más de 20 veces más planetas fuera del Sistema Solar que dentro del mismo.
La mayoría de explanetas descubiertos hasta ahora son globos gigantes de gas que giran a toda velocidad, conocidos como “Júpiter calientes”, que orbitan extremadamente cerca de sus estrellas y por tanto probablemente son poco adecuados para la vida.
Pero algunos exoplanetas son maravillosamente parecidos a la Tierra. Recientemente los científicos señalaron un mundo a sólo 20,5 años luz de distancia que yace en la zona habitable de su estrellas — la región alrededor de una estrella donde el agua líquida, y por tanto la vida, podría existir. (Más tarde se descubrió que el planeta podría ser demasiado cálido para la vida, pero otro mundo potencialmente habitable del mismo sistema tomó rápidamente su lugar).
Con el refinamiento en curso de las actuales técnicas de búsqueda de planetas y ell lanzamiento de nuevos satélites los científicos esperan no sólo encontrar un auténtico mundo similar a la Tierra, sino también ser capaces de investigarlos buscando las huellas espectrales de la vida que lleva la luz reflejada por un planeta.
“Dependiendo de qué nivel de rastreo y búsqueda estemos preparados para hacer, podríamos hacer descubrimientos en las siguientes dos décadas que cambien completamente la forma en que comprendemos el universo y la vida”, dijo Margaret Turnbull, astrobióloga en el Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial en Baltimore, Maryland.
SETI
Por supuesto, siempre está la posibilidad de que la vida extraterrestre nos encuentre primero. Tal vez no en la forma de un OVNI que nos visite, pero una transmisión de radio de una civilización alienígena avanzada se considera aún dentro del dominio de lo posible.
“La humanidad ha logrado una civilización tecno-científica sólo en los últimos 200 años aproximadamente, de los 4,55 mil millones de años de vida en la Tierra”, dijo Frank Wilczek, ganador del Premio Nobel de física en el MIT. “Por lo que paree que deberíamos esperar que hubiese muchas civilizaciones tecno-científicas que hayan tenido muchos millones, o incluso miles de millones de años para desarrollarse”.
Pero incluso el descubrimiento de un microbio unicelular en un mundo distante sería suficiente — suficiente para responder por fin a la antigua pregunta de “¿estamos solos en el universo?” y suficiente para cambiar cómo se ve la humanidad a sí misma.
“El descubrimiento de formas de vida habitando los extremos aún inexplorados de nuestro planeta, y finalmente, el descubrimiento de la vida en otros planetas, nos dará una mayor consciencia de lo magnífico que es un universo vivo”, dijo Turnball a LiveScience, “y, con algo de suerte, una mejor comprensión de nosotros mismos”.
Autor: Ker Than
Fecha Original: 6 de agosto de 2007
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Hasta dónde llega la prevalencia de la vida y la inteligencia a lo largo de la galaxia, el hecho es que aún no tenemos idea. Todas nuestras estimaciones y proyecciones continúan estando basadas en un único conjunto de datos, la vida alrededor de nosotros en la Tierra. Están aquellos, como Peter Ward y Donald Brownlee, que personalmente creen ver pruebas de que la vida compleja puede ser bastante rara, incluso si la vida unicelular se convierte el algo rutinario. Hay otros con un punto de vista distinto. Para dar un ejemplo específico, las catástrofes cósmicas rutinarias destruirán, según se afirma, las opciones de que surja la vida compleja salvo en los casos más inusuales. Ya ha sucedido una de tales catástrofes, al final del Cretácico, ¡y fue la principal razón de que se desarrollase vida inteligente de alto nivel en la Tierra! Todas nuestras hipótesis actuales sobre la probabilidad de vida e inteligencia extraterrestre no son nada más que opiniones basadas en deducciones y un solo punto de datos. Lo que debemos hacer es seguir buscando evidencias fuertes, tanto localmente (dentro del Sistema Solar) como a distancias interestelares. Ni el optimismo ni el pesimismo ayudan cuando están basados en la ignorancia.
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En contraposición al hecho de que SETI no ha recibido hasta ahora ninguna señal positiva hay un número de desarrollos entusiastas en astronomía y astrobiología. Estos incluyen la detección, desde mediados de los 90, de más de 150 planetas extrasolares, y cada vez más signos dentro de nuestro Sistema Solar de que las condiciones que se creen necesarias para el desarrollo de la vida tal y como la conocemos (agua, componentes orgánicos y una fuente de energía adecuada) pueden surgir en múltiples mundos alrededor de una única estrella. La astrobiología está en ascenso. Marte, Europa, y Titán encabezan una corta lista de lugares en nuestra vecindad donde los científicos no se sorprenderían de encontrar vida microbiana. Estando detectando moléculas cada vez más complejas en el espacio interestelar como prueba de que la vida puede ser capaz de sobrevivir a los viajes entre mundos a bordo de meteoritos. Como explico en mi libro Life Everywhere (Vida por todos sitios) (Basic Books, 2001), la vida terrestre, desde el inicio – no sólo los últimos pocos cientos de millones de años – ha demostrado propensión a hacerse cada vez más compleja y muestra los rudimentos de un comportamiento inteligente.
Este auge de la astrobiología y la astronomía exoplanetaria ha ofrecido a los investigadores de SETI una nueva aproximación que es Instituto SETI, en particular, ha abrazado. Es decir, permite que el intento de contactar con otras inteligencias se haga de abajo a arriba en lugar de arriba a abajo. En la próxima década, instrumentos cada vez más sensibles y potentes, basados en la interferometría, nos permitirán detectar mundos similares a la Tierra que orbiten estrellas similares al Sol en un radio de unos cientos años luz. Estos instrumentos y sus sucesores nos permitirán analizar la luz procedente de estas “Tierras alienígenas” para buscar firmas biogénicas, tales como el oxígeno y la clorofila. Si tenemos éxito en demostrar más allá de toda duda razonable que ciertos planetas conocidos están relacionados con la vida, entonces podremos comenzar a estudiar esos mundos más de cerca para ver qué cantidad de su vida nativa ha evolucionado. ¿Hay signos de contaminación industrial en la atmósfera o rastros de emisiones electromagnéticas producidas artificialmente? Cuando alcancemos esta etapa de nuestras investigaciones, la astrobiología y SETI unirán sus fuerzas en una tarea para determinar si la inteligencia superior está presente.
Personalmente, creo que hay una mínima posibilidad de que en algún momento cercano contactemos con otra raza en nuestra galaxia aproximadamente con el mismo nivel tecnológico que nosotros. Sospecho que hay una ventana tecnológica de unos 500 años más allá de la cual seríamos ciegos de forma efectiva para otras especies. La galaxia podría estar repleta de inteligencias avanzadas que son invisibles para nosotros como los satélites de telecomunicaciones lo están para los nativos de las selvas. Además, nuestros ancianos galácticos, lejos de tener algún deseo de comunicarse con nosotros, probablemente estarían interesados en nosotros sólo como especimenes antropológicos o biológicos. También pueden tener la sabiduría de apreciar que cualquier interferencia suya en nuestros temas potencialmente podría destruir nuestra cultura, de la misma forma en que los Occidentales hemos dañado a las razas de la Tierra menos avanzadas tecnológicamente con quienes hicimos el primer contacto.
Autor: David Darling
Fecha Original: Mayo de 2006
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Puedes no haber tenido noticias de ello (sólo si vives en un contenedor de transporte herméticamente cerrado). Este mes se cumple el sexagésimo aniversario de lo que cortésmente se conoce como el incidente de Roswell.
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El incidente se desarrolló así. En julio de 1947, el ranchero de ovejas de Nuevo México, William Brazel, apareció en el Campo del Ejército del Aire de Roswell con algunos restos poco usuales en el cajón de su furgoneta – unos extraños residuos que había encontrado en un pasto cerca de la pequeña ciudad de Corona. Esto inició una serie de eventos que finalmente se convirtió en un largo culebrón sobre el accidente de una nave alienígena. La línea argumental es simple: los extraterrestres vinieron a visitarnos y de forma accidental destruyeron su nave. Los restos fueron recuperados y ocultados perfectamente por un gobierno paranoico sobre la seguridad. De acuerdo con los creyentes fanáticos, los federales, incluso ahora, son incapaces de admitir el hecho de que los aliens están en la entrada de casa.
Ahora Roswell no es la única historia sobre alienígenas que vinieron a la Tierra, aunque ciertamente consiguió más prensa que la mayoría. La verdad es que, hay alguna indicación de que su popularidad, incluso entre el público OVNI, puede estar algo oxidada. En una reciente encuesta a 10 expertos hecha por el sitio web Fortean Times, se mencionaba una vez a Roswell como “el caso OVNI más interesante”. Y esta única mención fue ofrecida por Stanton Friedman, quien, como principal defensor de la historia de Roswell, ciertamente tiene intereses personales.
Bien, no creo que los aliens hayan tenido nada que ver con lo que pasó en Roswell. Hay buenas y convincentes pruebas de que en 1947 estaba en funcionamiento un programa de investigación secreta del gobierno para desarrollar tecnología para detectar pruebas nucleares soviéticas. Por lo que no voy a hurgar más aquí, en el complejo matorral de alegatos y contraalegatos sobre lo que sucedió. El camino ha sido rebajado a trinchera.
Además, añadir mi voz al rugido de Roswell no parece ayudar: estoy perversamente orgulloso de apuntar que, de acuerdo con una reciente encuesta llevada a cabo por un sitio web canadiense, soy menos fiable en este tema que el Conejo de Pascua. No perdí esta votación por un pelo – los votos fueron cinco a uno contra mí. (Apunto, sin embargo, que la lista de publicaciones de Mr. Conejo sobre Roswell es escasa). Además, habiendo escrito sobre esto antes, he aprendido que es como cabalgar sobre un potro salvaje en calzoncillos – es sólo garantía de que te va a doler. Con franqueza, cada vez que levanto la voz de forma escéptica sobre las afirmaciones de alguna visita alienígena, enseguida y de forma inevitable soy recompensado con una avalancha de correo insultante.
No obstante, el incidente permanece como un icono. Por lo que permíteme apuntar algo que, francamente, encuentro extrañamente confortante.
Roswell fue, supuestamente, una situación en la cual una nave alienígena vino de quién sabe cuantos años luz para visitar la Tierra antes de que el piloto pulsara sobre el botón equivocado y provocase una explosión fatal sobre el desierto de Nuevo México (esto es similar a hacer un viaje en coche a través del país, y destrozar el coche con la puerta del garaje al meterlo por la entrada). Se recuperaron los restos, así como los cuerpos alienígenas. Y aún más extraño, incluso después de 60 años, las consecuencias de este cortocircuito social provocado por una cultura capaz de cruzar distancias interestelares son… nulas.
Bueno, no completamente nulas. El incidente ha sido una bendición para sus elocuentes defensores, para la televisión, y para la economía de Roswell (efectivamente, para tal pequeña y amistosa ciudad, pero de otra forma poco notable ciudad, el accidente del platillo a 100 kilómetros de la ciudad se ha convertido en la “gallina de los huevos de oro”).
Pero, de verdad, ¿qué efecto significativo ha tenido? Una analogía histórica podría servir como escala. Como todos los lectores y casi todo el mundo sabe, Colón llegó a tierra en el Caribe en 1492. Pero 60 años más tarde, ¿los habitantes del área aún no tenían claro si los españoles se habían tropezado con su mundo? ¿Era aún una controversia? Un contemporáneo, Bartolomé de Las Casas, escribió A Brief Account of the Devastation of the Indies (Brevísima descripción de la destrucción de las indias) sobre lo que cambió en el archipiélago de islas que, en la época de la llegada de Colón, “estaba densamente poblado con gente nativa… [con Española] tal vez como el lugar más densamente poblado del mundo”. En 1542, medio siglo más tarde, de Las Casas escribió que “Podemos estimar con gran seguridad y veracidad que en los… años que han pasado, con las acciones infernales de los Cristianos, han sido asesinados más de doce millones de hombres, mujeres, y niños. En verdad, creo que sin mentirme a mí mismo el número de asesinados estuvo más cerca de quince millones”.
El efecto del encuentro no fue sutil, y sesenta años después de Colón, los indios no estaban argumentando en radios nocturnas sobre si habían sido visitados. Y no es sólo debido a que no tuviesen radio.
Bueno, en más de medio siglo desde Roswell, aún parece que seguimos aquí con nuestras vidas y economía intactas. Si existe algún efecto en el encuentro con alienígenas es demasiado sutil para mí.
Como refutación, alguna gente afirma que estoy equivocado; que en verdad existen unas secuelas dignas de mención sobre Roswell. A saber, que los militares realizaron ingeniería inversa sobre los restos, produciendo toda clase de importantes avances tecnológicos estratégicos. Esto, al menos, sería significativo. Sin embargo, la idea, para empezar, es tan plausible como que los perros parlantes. ¿Podrían las legiones romanas, un exitoso ejército por derecho propio, hacer ingeniería inversa en tu ordenador portátil? Ellos estaban, después de todo, sólo 2000 años por detrás de nosotros, y humanos por si fuera poco.
Pero plausible o no, ¿cuales son las pruebas de que nos hemos beneficiado de alguna forma de nuestras importaciones extrasolares? Como ejercicio, hice hace poco un gráfico sobre la velocidad de los récords de velocidad de las naves militares de Estados Unidos durante el pasado siglo, suponiendo que hemos podido comprender los secretos de la ingeniería de los grises, tal hecho se vería reflejado en esta importante categoría tecnológica. Bien, no te sorprenderás de oír que nuestros aviones militares son ahora más rápidos de lo que lo fueron una vez, y entre 1935 y 1970, la velocidad máxima subió en un factor de diez. Pero las mejoras fueron graduales, excepto por un pequeño salto en el momento en que los Nazis desarrollaron los aviones de propulsión a chorro. Por supuesto, eso fue antes de Roswell.
¿Qué pasa con la nueva física y astronomía? ¿Hemos aprendido algo de eso? ¿Hay algo sorprendentemente discontinuo en el conocimiento después de 1947 que sea reseñable?
Creo que Roswell es importante, verdaderamente lo creo. Pero más debido a que apunta a nuestra culpabilidad, no a ningún invitado alien que, intentando visitar la Tierra de los Encantamientos, probaron que nunca deberían haber tenido permiso de conducción.
OK, que empiecen los insultos.
Enlaces Relacionados: El incidente de Roswell y el Proyecto MogulAutor: Seth Shostak
Fecha Original: 12 de julio de 2007
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Los primeros esfuerzos de SETI estuvieron marcados por unas estimaciones demasiado optimistas del probable número de civilizaciones extraterrestres en nuestra galaxia. A la luz de los nuevos hallazgos, parece apropiado dejar que descanse esta excesiva euforia y tomar una visión con los pies más sobre la Tierra. La Tierra puede ser mucho más especial, y la inteligencia mucho más rara de lo que pensamos previamente.
La posible existencia de inteligencia extraterrestre (ETI) siempre ha estimulado la imaginación del hombre. Los filósofos griegos especularon sobre ello. Giordano Bruno fue quemado en la hoguera en Roma en el año 1600, principalmente por proponer la posibilidad de que hubiese otros mundos habitados en el universo. Kant y Laplace también estaban convencidos de la multiplicidad de mundos similares al nuestro. A finales del siglo XIX Flammarion encantó a grandes multitudes con sus libros sobre la pluralidad de mundos habitables. Pero todas estas ideas eran principalmente consideraciones filosóficas o puras especulaciones. Fue sólo en la segunda mitad del siglo XX cuando la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI) comenzó a apuntalar su intento científico. Desde finales de los años 50 distinguidos científicos han dirigido la investigación, intentando recibir señales o mensajes inteligentes desde el espacio a través de radiotelescopios. Cientos de astrónomos aficionados, miembros de la SETI-League en docenas de países, están rastreando el cielo, intentando detectar una prueba de vida inteligente el algún punto de nuestra galaxia. Los pioneros de SETI, como Frank Drake y Carl Sagan, mantuvieron la postura de que la Vía Láctea rebosa con un gran número de civilizaciones avanzadas. Sin embargo, los muchos proyectos de búsqueda hasta la fecha no han tenido éxito, y esta atrevida predicción se mantiene aún sin verificar. La nueva comprensión científica sugiere que necesitamos una aproximación más cautelosa y una revisión de estas consideraciones demasiado optimistas.
El argumento estándar para la existencia de una multiplicidad de vida inteligente es similar a éste: Hay aproximadamente de 200 a 300 mil millones de estrellas en nuestra galaxia y probablemente cientos de millones, tal vez incluso miles de millones de planetas en nuestra galaxia. Muchos de estos planetas estarán probablemente situados en la llamada “zona habitable” en relación con su estrella, disfrutando de unas condiciones tan favorables como las de la Tierra para la evolución de la vida. Las leyes físicas, conocidas por nosotros, se aplican también para el cosmos, y las distantes formaciones estelares están compuestas de los mismos elementos que nuestro Sistema Solar. Por tanto, se supone, muchos deberían tener agua y una atmósfera estable, algo considerado como requisitos básicos para el desarrollo de la vida. Tales planetas deben haber experimentado procesos geológicos y biológicos similares a los de la Tierra, que llevaran al desarrollo de organismos vivos primitivos. Entonces, con el paso del tiempo, siguiendo un curso similar al de la Teoría de la Selección Natural de Darwin, éstos evolucionarían en formas más complejas, algunos de ellos desarrollando finalmente capacidades cognitivas y – como en nuestro caso – una inteligencia superior.
En otras palabras, se sostiene que nuestro Sistema Solar, la Tierra, y su evolución no son casos excepcionales, sino algo común en nuestra galaxia de la Vía Láctea. En consecuencia debe estar poblada por un gran número de civilizaciones extraterrestres, muchas de las cuales son más antiguas y avanzadas que la nuestra.
Teniendo en cuenta el colosal número de estrellas y planetas, parecen ser unas suposiciones justas y legítimas. Parece, efectivamente, improbable que la inteligencia hubiese evolucionado sólo en nuestro planeta. Si muchas de estas civilizaciones son científica y tecnológicamente superiores a nosotros, el contacto con ellas daría a la humanidad un gran impulso en muchas formas.
Estas visiones optimistas están principalmente basadas en la famosa fórmula de Drake N=RfpnefifjfeL. Tiene en cuenta la formación de estrellas en la galaxia, la fracción de estrellas con sistemas planetarios, el número de planetas ecológicamente adecuados para la vida, la fracción de estos planetas en los que evoluciona vida inteligente y aquellos que alcanzan una etapa comunicativa y la cantidad de tiempo de las civilizaciones técnicas. Sobre la base de esta fórmula se estima que hay probablemente un millón de civilizaciones avanzadas en la galaxia. La más cercana estaría a unos 200 o 300 años luz de la Tierra. El astrónomo alemán Sebastian von Hoerner estimó un número entre diez mil y diez millones de tales civilizaciones.
Pero debido a la gran cantidad de nuevos conocimientos y resultados en varios campos científicos, desde la paleontología a la geología pasando por la biología o la astronomía, creo que esta fórmula está incompleta y debe ser revisada. Las primeras estimaciones optimistas no se sostienen por más tiempo. Se requiere una visión más sobria y realista.
De ninguna forma estoy tratando de desacreditar a SETI, la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre es un esfuerzo científico. Pero me parece prudente desmitificar este interesante tema, y reformular sus afirmaciones a un nuevo nivel, libre de las románticas facilidades que la adornan.
Hace años, los admito sin tapujos, yo mismo acogí los alegatos de que la inteligencia es un fenómeno muy común en la galaxia. En libros, artículos y en programas de radio y televisión abogaba por la idea de que nuestro mundo, acosado por los problemas, podría aprender mucho de una civilización más avanzada que la nuestra. Pero, mientras tanto, empecé a convencerme de que una actitud más escéptica haría más justicia en realidad. Probablemente sólo hay un puñado de civilizaciones en la galaxia, si es que hay alguna. Las siguientes consideraciones apoyan esta valoración tan pesimista.
Antes de nada, desde el proyecto OZMA I en 1959 de Frank Drake, se han llevado a cabo un centenar de búsquedas radiomagnéticas y de otros tipos en los Estados Unidos y otros países, y se ha rastreado una parte considerable de nuestro cielo concienzuda y repetidamente, pero permaneció en un decepcionante silencio. En cuarenta y seis años no se recibió ni una sola señal o mensaje artificial de inteligencia del espacio exterior. Algunos especialistas intentar minimizar este resultado negativo, argumentando que sólo se ha cubierto hasta ahora una mínima parte del espectro, y que se requiere más tiempo y de un equipo más sofisticado para llegar a una conclusión definitiva. Los criterios económicos y tecnológicos pueden desbaratar la posibilidad de que las civilizaciones extraterrestres lancen señales al espacio a lo largo de grandes periodos de tiempo, sin saber dónde dirigen sus señales. O, puede que usen métodos de comunicación desconocidos por nosotros. Otra explicación es que las ETI avanzadas pueden no tener interés en contactar con otras inteligencias, especialmente aquellas menos desarrolladas. El argumento del experto en cohetes ruso Konstantin Tsiolkovski se cita a menudo: “La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia”.
Pero ninguno de estos argumentos, que intentan explicar por qué no hemos recibido una señal inteligente del espacio, es convincente. Cierto, futuros proyectos de investigación pueden hacer un negocio redondo y grabar la recepción de una señal de origen artificial verificado. Pero hasta ahora no hay pruebas de tal aparición, la posibilidad de lograr tal éxito debe considerarse como algo remoto. Si cien búsquedas fuesen infructuosas, sería justo deducir que la estimación de millones o muchos miles de ETI es una proposición insostenible. Mientras no se produzca un gran avance, la probabilidad del contacto con ETI es cercana a cero. El argumento de que las civilizaciones extraterrestres avanzadas pueden no estar interesadas en contactar con otras inteligencias es algo, como también demostraré, altamente implausible.
Segundo, como demuestran los resultados de las investigaciones, se deben tener en cuenta muchos más factores y condiciones que los considerados en la fórmula de Drake. El geólogo Peter D. Ward y el astrónomo Donald Brownlee presentan en su libro Rare Earth (Tierra Extraña) una serie de tales aspectos, que vuelven del revés las optimistas estimaciones de ETI.
De acuerdo con su razonamiento, la vieja suposición de que nuestro Sistema Solar y la Tierra son fenómenos bastante comunes en la galaxia necesita de una profunda revisión. Por el contrario, las nuevas pistas sugieren, que somos mucho más especiales de lo que pensamos. La evolución de las formas de vida y finalmente de vida inteligente en la Tierra se debió a un gran número de condiciones y desarrollos muy especiales, muchos de los cuales de naturaleza fortuita. Mencionaré sólo algunos que me parecen especialmente importantes: La edad, tamaño, y composición de nuestro Sol, la situación de la Tierra y el eje de inclinación hacia el Sol, la existencia de agua, una atmósfera rica en oxígeno y temperatura estable durante largos periodos de tiempo – factores considerados esenciales para la evolución de la vida – y el desarrollo de una química basada en el carbono. Además un interior activo y la existencia de placas tectónicas que forman las majestuosas cordilleras montañosas como los Alpes, el Himalaya y los Andes, creando distintas condiciones ecológicas, propicias para la proliferación de una gran variedad de especies. También la existencia de la Luna, Júpiter y Saturno (como escudos para el bombardeo de cometas y meteoritos durante las primeras etapas de la Tierra). También los repetidos cambios climáticos, largas eras glaciales, y especialmente las numerosas y bastante fortuitas catástrofes, que provocaron la extinción de muchas especies, como hace 65 millones de años, que llevó a la desaparición de los dinosaurios, pero abrió el camino para formas de vida más diversas y complejas.
Aunque las primeras formas de vida primitivas de la Tierra, las bacterias procariotas, evolucionaron rápidamente, sólo unos 500 millones de años tras el enfriamiento de la corteza terrestre y el final del denso bombardeo de meteoritos y cometas, fueron las únicas formas de vida durante los primeros dos mil millones de años de los cuatro mil seiscientos millones de la historia de la Tierra. Los mamíferos – incluyendo simios y hombres – evolucionaron mucho más tarde, sólo tras la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años. El primer ser humanoide, el Procónsul, surgió en el periodo del Mioceno, sólo hace unos 18 millones de años. El Australopithecus, nuestro antecesor, data sólo de hace 5 o 6 millones de años. En otras palabras, llevó casi 4 mil millones de años, o más del 96% de la edad de la Tierra, evolucionar la inteligencia – muchísimo tiempo, incluso para el reloj cósmico.
En este aspecto deberíamos apuntar la advertencia del distinguido biólogo Ernst Mayr, que subrayó la enorme complejidad del ADN y el ARN humano y sus funciones para la producción de proteínas, los ladrillos de la vida. Estimó que la probabilidad de que pudiese haberse dado un desarrollo biológico similar en alguna parte del universo era nula.
El resultado de estas consideraciones es el siguiente: Debido a las condiciones tan especiales de la geología, biología, y otras condiciones que propiciaron la evolución de la vida y la inteligencia en la Tierra, los desarrollos similares en nuestra galaxia son probablemente muy raros. Las primitivas formas de vida, concluyen Ward y Brownlee, pueden existir en planetas de otros sistemas estelares, pero la vida inteligente, como la nuestra, es probablemente muy rara, si es que existe.
La tercera es la llamada “Paradoja de Fermi”, otra poderosa razón que sugiere una evaluación escéptica de la multiplicidad de inteligencias en la galaxia. El físico italiano Enrico Fermi planteó la molesta cuestión, “Si hay allí fuera tantas ETI con un alto grado de desarrollo, como afirman los especialistas en SETI, ¿por qué no nos han contactado?” Ya expresé grandes dudas sobre algunas de las explicaciones dadas a esta paradoja. Aquí necesito centrarme en dos más. La primera se refiere a la supuesta falta de interés de los alienígenas avanzados en establecer contacto con otros seres inteligentes. Este argumento me parece especialmente poco fidedigno. Citaré un libro noruego, que explica por qué los vikingos llevaron a cabo peligrosos viajes a costas lejanas en botes precarios. “Una razón”, dice, “es la fama, otra la curiosidad, y la tercera, ¡el conseguirlo!” Si los vikingos, llevados por el deseo de descubrir lo desconocido, llegaron a América hace mil años con una primitiva tecnología, si nuestra joven civilización tecnológica y científica, busca vida primitiva en otros planetas y lunas del Sistema Solar, es increíble que las inteligencias desarrolladas extraterrestres superiores no se hayan visto espoleadas de la misma forma por estos intereses y anhelos. Uno de los rasgos fundamentales de inteligencia es la insaciable curiosidad intelectual y la necesidad de penetrar en lo desconocido. Las mayores civilizaciones, nuestros pares al respecto, deben estar imbuidos del mismo espíritu de osadía y escrutinio, debido a que si no lo tuviese, no podrían haber logrado sus estándares avanzados.
Un segundo argumento propuesto a menudo es que las distancias entre estrellas son demasiado grandes para el viaje interestelar. Pero esta explicación también se apoya sobre suelo poco firme. Incluso nuestra civilización tecnológica y científicamente adolescente está explorando el espacio y enviando sondas – las naves Voyager – que algún día alcanzarán otros sistemas estelares. Estamos aún lejos de conseguir velocidades cercanas a las de la luz, necesarias para el viaje interestelar. Pero algunos científicos predicen que en 200 o 300 años, tal vez incluso antes, seremos capaces de manejar velocidades bajas de “c”, y una vez que lo alcancemos nuestra civilización enviará expediciones exploratorias tripuladas a las estrellas más cercanas. Las naves automáticas no tripuladas pueden ser el intento inicial. Pero estoy convencido de que nada impedirá el deseo del hombre de ver otros mundos con sus propios ojos, tocar el suelo y realizar investigaciones que las sondas no tripuladas no serían capaces de hacer. Evidentemente, civilizaciones por delante de nosotros decenas de miles o millones de años habrán alcanzado velocidades cercanas a c, y serán capaces de explorar una parte considerable de la galaxia. Las civilizaciones ETI avanzadas se embarcarían en tales exploraciones no sólo por la curiosidad científica, sino por su propio interés, por ejemplo para expandirse y encontrar nuevos hábitats para su creciente población, o debido a la necesidad de abandonar su planeta debido a peligros que provengan de su estrella, y también porque con la ayuda de otras civilizaciones podrían enfrentar estos peligros que acechan en el universo, de forma más exitosa que ellos solos. La Paradoja de Fermi debería además ponernos en guardia, y fomentar un sano escepticismo. La carencia de interés en encontrarse con una civilización como la nuestra es la razón menos plausible de por qué no hemos tenido noticias de las ETI.
Un pequeño experimento mental ilustra este punto. Carl Sagan sostuvo una vez que alienígenas inteligentes visitarían la Tierra al menos una vez cada mil años. Pero tales visitas no han tenido lugar. Incluso extendiendo este periodo a un millón de años, no pinta mejor. Supongamos que una nave extraterrestre aterrizó en la Tierra en algún momento durante la época de los dinosaurios, que duró unos 140 millones de años. Es lógico suponer que los alienígenas habrían retornado a intervalos razonables para estudiar nuestro mundo y a estos fascinantes animales, pero también para encontrar si alguno de ellos había evolucionado la capacidad de razonar, matemáticas superiores, y construido una civilización. Habría razones para muchas conjeturas. De acuerdo con los paleontólogos, resalta Drake, el dinosaurio sauronithoides estaba dotado de tal potencial. Era un dinosaurio que recuerda a un pájaro por su tamaño y peso, que poseía una masa cerebral bastante por encima de la media, y, especula Drake, si hubiese sobrevivido otros diez o veinte millones de años, podría haber evolucionado en los primeros seres inteligentes de la Tierra. Pero esto no sucedió, debido a que los dinosaurios se extinguieron en una catástrofe cósmica. Cuando el Homo Australopithecus, más tarde el Homo Faber y Habilis,y finalmente el Homo Sapiens evolucionaron, ¿no deberían haber provocado un mayor interés por parte de los visitantes extraterrestres? Pero no se han registrado visitas. Sólo unos pocos informes mitológicos, indocumentados y altamente sospechosos de supuestas visitas alienígenas. Sería justo suponer, que si los alienígenas avanzados han visitado la Tierra durante los pasados 200 millones de años o, al menos, durante los pasados 16 millones de años, deberían haber dejado alguna marca perdurable, indestructible y reconocible, probablemente en la Luna. Pero nada de esto ha sido detectado. ¿La explicación más probable? ¡No tuvieron lugar tales visitas! No hay civilizaciones avanzadas extraterrestres en nuestras vecindades. Si existen, ya habrían contestado a nuestras señales de televisión – que alcanzan unos 60 años luz en el espacio – otra razón que invalida la afirmación de que nuestra galaxia está rebosante de inteligencia.
Otro argumento que apoya el punto de vista escéptico es el hecho de que ninguno de los planetas detectados alrededor de otras estrellas está cerca de tener unas condiciones aptas para crear y sostener la vida. Desde que el grupo suizo de Michel Mayor descubrió el primer planeta fuera de nuestro sistema solar alrededor de la estrella 51 Pegasi hace diez años, se han identificado otros 130 planetas en una distancia de 200 años luz. Los resultados de la investigación demuestran que la mayoría son de composición gaseosa, de muchas veces el tamaño de Júpiter, demasiado cerca de sus estrellas, muy calientes y con órbitas circulares extremadamente rápidas. Hasta ahora, ninguno presenta las condiciones favorables para el desarrollo incluso de las formas más primitivas de vida, por no hablar de especies más complejas. De nuevo podemos argumentar que sólo hemos investigado en una muy diminuta fracción de los planetas y que futuras investigaciones podrían dar un con un candidato adecuado. Esto podría ser, y ciertamente le daría la bienvenida. Pero hasta ahora las pruebas han fallado al alimentar estas optimistas expectativas. Las condiciones de nuestro universo no son tan favorables para la evolución de la vida como le gusta pensar a los optimistas.
Incluso si el agua o los fósiles de microorganismos se encontrasen bajo la superficie de Marte, la importancia de tales hallazgos para la teoría de la multiplicidad de mundos habitados sería insignificante. Algunos astrónomos piensan que Titán, la famosa luna de Saturno, puede tener un océano, posiblemente de metano. Pueden existir formas de vida primitiva en él, pero aún está por ver. Incluso si es así, el camino evolutivo de tales formas primitivas a vida compleja como los seres humanos – tal como hemos visto – es largo, tachonado con una única secuencia de casualidades y catástrofes.
No estoy afirmando que somos probablemente la única especie inteligente en nuestra galaxia. Tampoco sugiero que las actividades SETI sean una pérdida de tiempo y dinero. Aunque, hasta ahora, han fallado en conseguir alguna prueba de la existencia de ETI, enriquecen el conocimiento humano del cosmos de muchas formas. Ayudaron a desarrollar sofisticadas técnicas de búsqueda, y contribuyeron decisivamente a la percepción del destino cósmico de la humanidad. Carl Sagan y Frank Drake, los dos pioneros más distinguidos de SETI, hicieron un trabajo vanguardista. El que sus esfuerzos y los de otros expertos dedicados a SETI en nombre de esta gran causa estén teñidos con una pizca de expectativas demasiado optimistas es comprensible y profundamente humano.
Sin embargo, en el interés de la ciencia y el sensato escepticismo, creo que es hora de tomar en cuenta los nuevos hallazgos y pistas, para apaciguar la excesiva euforia de SETI y adoptar una postura más pragmática y cercana a la realidad, compatible con los hechos. Deberíamos admitir tranquilamente que las primeras estimaciones – que debe haber un millón, o cientos de miles, o incluso diez mil civilizaciones extraterrestres avanzadas en nuestra galaxia – no se sostiene por más tiempo. Podría no haber cien, ni tan siquiera diez de tales civilizaciones. Las estimaciones optimistas estaban cargadas de demasiadas valoraciones especulativas e imponderables. Lo que se requieres es contactar con una inteligencia extraterrestre, obteniendo una irrefutable y minuciosamente verificada prueba, ya sea a través de ondas electromagnéticas u ópticas o a través de contacto físico, que no somos la única especia inteligente en el cosmos. Tal vez una nave alienígena, atraída por nuestras señales, decidirá visitarnos algún día, tal y como supongo en mi novela Contact: Are We Ready For It? (Contacto: ¿Estamos preparados para él?) Sería el primero en reaccionar ante tal evento con gran alegría y satisfacción. El conocimiento de que no estamos solos en el vasto dominio del cosmos, y que será posible establecer un fructífero diálogo con otros, posiblemente más avanzado, seres inteligentes marcaría el evento más importante de la historia de la humanidad. Abriría la puerta a unas fantásticas perspectivas.
Pero, hasta ahora, las actividades SETI no justifican esta esperanza. Recomiendan una visión más realista y sobria. Teniendo en cuenta los resultados negativos de la búsqueda, la creación de las excesivas expectativas es sólo darle alas a los detractores – por ejemplo, miembros del Congreso que cuestionan el prestigio científico de SETI, imputando que se hace demasiadas ilusiones, y negándole apoyo financiero. Esta aproximación absolutamente negativa a SETI es ciertamente equivocada, dado que contrariamente a los engaños OVNI, SETI (como enfatizó recientemente en un número de esta revista el científico espacial de UCLA Mark Moldwin [2004]) está basado en premisas y consideraciones científicamente sólidas. Pero las exageradas estimaciones que yerran al conformar la realidad, tal y como se ven hoy, tienden a que el tiro salga por la culata y crear un sentimiento de decepción y un alejamiento de este fascinante esfuerzo científico. El sueño de la humanidad de encontrar hermanos en el espacio puede completarse. Si no es así, el hombre no debería lamentarse por su originalidad. Esta circunstancia debería aumentar nuestra gratitud por la existencia y el sentido de responsabilidad por ser su máxima expresión.
Referencias
1. Davies, Paul. 1992. The Mind of God. New York: Simon and Schuster.
2. Drake, Frank, and Dava Sobel. 1992. Is Anyone Out There? New York: Delacourt Press.
3. Moldwin, Mark. 2004.Why SETI is science and UFOlogy is not. Skeptical Inquirer 28(6).
4. Greene, Brian. 1999. The Elegant Universe. New York: W.W. Norton.
5. Sagan, Carl. 1973. Communication with Extraterrestrial Intelligence. Massachusetts: MIT Press.
6. Schenkel, Peter. 1999. Contact: Are We Ready For It? London: Minerva Press.
7. Ward, Peter D., and Donald Brownlee. 2000. Rare Earth. New York: Copernicus
Autor: Peter Schenkel
Fecha Original: mayo de 2006
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La luz “aburrida” de una estrella enana roja como Gliese 581 significa mejores posibilidades para la vida extraterrestre en sistemas planetarios, de acuerdo con el astrónomo de la Universidad de British Columbia, Jaymie Matthews.
Aproximadamente a 20,5 años luz de la Tierra, Gliese 581 apareció en todas las portadas en abril de 2007 cuando unos científicos europeos descubrieron un planeta, llamado Gliese 581c. Apodado “superTierra”, el planeta orbita a Gliese 581 y podría tener agua – y por tanto ser capaz de dar soporte a la vida.
“El sistema de Gliese 581 es el primero descubierto –más allá de nuestra propia Tierra – que podría ser un planeta con vida”, dijo Matthews.
Usando el telescopio espacial del tamaño de una maleta de la Agencia Espacial Canadiense, MOST (Microvariability and Oscillations of Stars – Microvariabilidad y Oscilaciones Estelares), Matthews puso a Gliese 581 en un seguimiento de seis semanas tras su descubrimiento en abril. Presentará sus hallazgos hoy en la reunión anual de la Sociedad Astronómica Canadiense en Kingston, Ontario.
Matthews y su equipo buscaron los ligeros descensos en la luz de la estrella cuando la órbita del planeta pasaba entre la estrella y la Tierra, dando como resultado un “mini-eclipse” cada 13 días. LA profundidad de los descensos ayudaría a los investigadores a determinar el tamaño del planeta Gliese 581c, mientras el comportamiento de la luz estelar en otros momentos ayudaría a los astrónomos a calibrar la idoneidad de Gliese 581 como “estrella hogar”, una estrella capaz de mantener vida en los planetas a su alrededor.
“Gliese 581 parece notablemente estable durante las seis semanas que la hemos monitorizado con MOST”, dijo Matthews. “El brillo de la estrella cambió sólo unas pocas décimas de porcentaje en ese tiempo. Este nivel de estabilidad significa que proporciona una fuente estable de luz – y por tanto calor – a la superficie del planeta Gliese 581c.
“El clima no debería ser una salvaje montaña rusa que haría difícil el afianzamiento de la vida”, dijo Matthews. “También sugiere que la estrella es bastante vieja, y fija en sus formas, y que los planetas alrededor de la misma tienen probablemente alrededor de varios miles de millones de años”.
A la vida en la Tierra le llevó aproximadamente 3,5 mil millones de años alcanzar el nivel de complejidad que llamamos humano, dijo Matthews. “Por tanto si Gliese 581 ha estado allí aproximadamente ese tiempo, es más esperanzador que ningún otro planeta para las posibilidades de vida compleja”.
Con misiones espaciales como MOST, la satélite francés COROT, que se unió a MOST en órbita a finales del pasado diciembre, y la misión estadounidense Kepler preparada para su lanzamiento en noviembre de 2008, Matthews predice que en los próximos meses y años aparecerán otros mundos “Terrestres”.
“Algunos de ellos tendrán órbitas que producirán alineamientos planetarios”, dijo Matthews. “No del tipo que pone nerviosa a la gente que lee horóscopos sino del tipo que excita a los astrónomos debido a que les permitirán comprobar sus modelos de mundos alienígenas – mundos que podrían ser hogares de nuestros vecinos en la ciudad galáctica, la Vía Láctea”.
MOST es una misión de la Agencia Espacial Canadiense, operada en conjunto por Dynacon Inc., El Instituto de Estudios Aeroespaciales de la Universidad de Toronto y la Universidad de British Columbia, con la ayuda de la Universidad de Viena. Para más información, visite www.astro.ubc.ca/MOST.
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Encontrado el primer planeta similar a la Tierra habitable fuera del Sistema Solar
Lo siguiente es buscar vida
Autor: Brian Lin
Fecha Original: 8 de junio de 2007
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Escrito por Kanijo en SETI
Durante mucho tiempo estuvo entre los círculos de SETI la suposición de que cuando nos llegase el contacto sería a través de la detección de una señal de radio inequívoca, una clara llamada desde las profundidades del espacio que sería alienígena sin ningún tipo de duda. Los científicos y entusiastas de SETI mantuvieron del mismo modo que una señal ET sería tanto simple como fácil de identificar como de naturaleza extraterrestre. Ahora nos damos cuenta de que podría no ser tan sencillo. Los ETs podrían estar intentando una comunicación a través de láser, u hologramas, o alguna otra forma que no podemos siquiera imaginar. Estamos buscando una aguja en un pajar mientras llevamos una venda en los ojos y guantes de boxeo.
Aunque el mejor escenario para nuestra primera señal sería un pitido similar al del Sputnik desde las profundidades del espacio, diciéndonos lo lejos que tenemos que sintonizar el dial de la radio galáctica para escuchar claramente los tonos de “Voces de la Vía Láctea”, es más probable que la transmisión contenga MUCHA información que será difícil de decodificar, especialmente si tal información no fue creada y transmitida con el propósito de hacer un contacto, pero se “filtró”. La Tierra filtra señales hacia el espacio todo el tiempo, y las ondas de radio se dispersan lejos de nosotros llevando no sólo programas de entretenimiento sino también programas documentales. Documentales sobre vida salvaje, características de historia natural, programas de jardinería, de cocina, eventos deportivos, todos ellos llevando una rica y precisa información para cualquier inteligencia ET que se tropiece con ella.
¿Podrían estar “filtrando” también las civilizaciones alienígenas? Si lo están, entonces deberíamos cruzar los dedos para que tengan los equivalentes a los especiales de “National Geographic” en rumbo hacia nosotros, empaquetados con información útil, en lugar de versiones de “Gran Hermano”. Qué desastre sería eso…
¿Pero qué pasa con los programas sobre arte? El arte contiene grandes cantidades de señales confusas y conflictivas. El arte es subjetivo y muy personal. Y aunque muchas formas de arte son autoexplicativas, realistas y fácilmente interpretables, el llamado arte moderno, con sus patrones geométricos, curvas caóticas, patrones aleatorios y espirales psicodélicas y ramas de colores necesita algo de explicación.
Las posibilidades de cruzarnos con un episodio ET de “Arte Hoy” son ridículamente bajas, pero no imposibles. Tal vez una civilización podría, tras pasar un milenio refinando sus ciencias, tener al arte en mayor estima, en tan alta estima que sientan el deseo de compartir sus logros artísticos con el resto de la Galaxia, (y mantenerlos con ellos durante el proceso también, por supuesto). Tal civilización podría distribuir los contenidos de sus galerías, dispersándolos entre las estrellas como confeti, distribuyéndolos en una forma de “shareware1 cósmico”…
Pero el arte de una civilización podría confundirse en otra como imágenes científicas, representaciones gráficas de conceptos científicos, o ilustraciones de algunos libros de texto de física avanzada, y viceversa. ¿Reconoceríamos – y/o apreciaríamos estéticamente – algunos ejemplo que nos llegasen, ya sea completos o parciales, del arte ET? Y esto funciona en ambos sentidos: ¿qué podría hacer una inteligencia ET con un trabajo de Picasso, cuando sólo unos pocos de los nuestros aquí en la Tierra tienen idea de lo que representan? ¿Y estamos realmente seguros de que los ETs interpretarán correctamente esos mapas de púlsares de los laterales de nuestras Voyagers y Pioneers, o simplemente pensarán: “Hmmm, interesante composición, pero demasiado abstracta para mí..”?
La naturaleza del arte ET estará dictada por su rango de sentidos, su entorno, su camino evolutivo, psicología y fisiología. Por supuesto, ellos podría crear composiciones que nos parezcan familiares y dárnoslas con impactantes paisajes y retratos de formas vivientes con las que comparten su rincón de la Galaxia, pero es más probable que el arte creado por los ETs sea tan distinto al nuestro que no lo reconoceríamos como arte. ¿Qué clase de arte podría producir un ET mecánico? ¿Disfrutarían de un diseño perfecto, verían la belleza en las formas puramente funcionales, desdeñarían las líneas suaves y delicadas, los colores suaves?
Tal vez algunos ETs sean tan avanzados que realicen arte a escala literalmente astronómica, manipulando objetos astronómicos o regiones completas del espacio…
Me parece que los ETs que estén siglos o milenios por delante de nosotros tendrían tanto poder y energía a su disposición que las líneas entre el arte y la ingeniería finalmente se difuminarían. Conforme sus artistas luchasen por producir trabajos más grandes y mejores, necesitarían lienzos cada vez más grandes para sus obras. Piensa en la evolución de nuestro propio arte. En un tiempo pintamos en los muros de las cuevas, entonces descubrimos los lienzos y como esculpir la piedra. Entonces pasamos a iluminar los laterales de los edificios con lásers y cavar caras en las laderas de las montañas. ¿Dónde lo haremos más tarde? ¿Esculturas láser en el cielo? ¿Esculturas en la órbita terrestre? ¿Imágenes proyectadas sobre la Luna?
Ahora métete tú mismo en el pellejo de un artista de dentro de mil, o diez mil años. ¿Qué lienzo sería lo bastante grande para tu ambición e imaginación…? ¿Qué tal hacer chocar asteroides o cometas en gigantes gaseosos para crear exóticos y maravillosos patrones en sus nubes, pero que lo disfruten millones de observadores de todo el Sistema Solar?
Tal vez los artistas alienígenas estén pintando con la misma luz de las estrellas. Mira las sobrecogedoras imágenes de las nebulosas planetarias tomadas por el Telescopio Espacial Hubble, con todo su multicolorido, sus estructuras en capas intrincadas, velos y cortinas de estrellas en llamas arremolinadas a su alrededor. La interferencia con las estrellas que acechan en el interior de tal nebulosa, podría hacerse vertiendo material sobre sus superficies, los artistas alienígenas serían capaces de cambiar la densidad y “rachas” de viento solar dándole forma, y manipular la forma de la nebulosa en patrones y formas de su elección. ¿Podrían las civilizaciones avanzadas ser capaces de crear esculturas de luz y gas a escala épica de esta forma?
Piensa en ello. ¿Cuántas veces has mirado una imagen del Hubble y has pensado “Eso es una obra de arte…”?
Tal vez estés en lo cierto.
1: Shareware es una modalidad de distribución del software en la cual el autor ofrece una funcionalidad reducida de su programa o bien una funcionalidad compelta durante un periodo de tiempo limitado para que el usuario pueda evaluar el producto antes de adquirirlo.Autor: Stuart Atkinson
Fecha Original: 31 de mayo de 2007
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